lunes, 12 de octubre de 2015

Crítica literaria sobre Philip K. Dick , profeta de la Zen-cia Ficción por  Jorge "Pollito" Manco


Muchas personas, fans o no de la ciencia ficción, vieron El vengador del futuro, de Paul Verhoeven, con la actuación de Arnold Schwarzeneger, Informe minoritario de Steven Spielberg, con Brad Pitt, Next, con Nicolás Cage o Blade Runner de Ridely Scott, protagonizada por Harrison Ford. De seguro, una gran mayoría de ellas, ignora que sean adaptaciones de textos de Philip K. Dick y luego, de entre los que lo saben, sólo unos pocos profundizaron en su obra. Este es un fenómeno curioso. Tanto estas películas, como las quizás menos conocidas Una mirada a la oscuridad, Asesinos cibernéticos, y Departamento de ajuste entre otras, se basan en un autor casi desconocido por las grandes masas, paradójicamente generando productos masivos, así como en forma menos directa, los textos, vida e ideas del autor, fueron fuente de inspiración de Dark city, Waking Life, o Abre los ojos e incluso de un éxito de taquilla como Matrix. 
En cierto sentido, muchos textos de Dick, luego de limpiar más o menos sus barrocos elementos temático-argumentales, sus tintes metafísicos y también los psicóticos, sirven como plots sumamente originales y llenos de peripecias rápidas y continuas, como conviene al cine comercial de Ciencia ficción. La industria agrega efectos especiales, actores taquilleros, escenas de acción, finales felices y de esta manera, la obra literaria, sintetizada y de alguna manera, más tendiente a su universalización, cambia de lenguaje y se hace masiva.
Esto no es una guerra contra el cine, personalmente valoro positivamente la mayoría de estas películas y su calidad, depende en gran medida de cada una de las adaptaciones y también del discernimiento del espectador. Lo que es claro, es que en este proceso de vulgarización, hay que tener cuidado con la vulgaridad, intentando que no se desdibuje la fuente, porque a veces esto es complaciente con quien sea que le interese debilitar ciertos mensajes, hacerlos un comentario intelectualoide al pasar, un medio de mero entretenimiento, evasión, etc.


¿Esta toma de Blade Runner con casi 33 años de antigüedad les suena a algo?

Dick, nacido en el 28, comenzó su producción literaria de Ciencia ficción en los cincuenta, momento en que el subgénero, salvo pocos autores, se había convertido en la aplicación hasta el cansancio de una serie de clichés que hasta hoy son los que perviven en el imaginario colectivo de las masas, con el agregado de que en Estados Unidos, donde vivió nuestro autor, sus colegas se empecinaron en bombardear al mundo con miles de novelas de bajo costo y alta distribución, en que los robots y extraterrestres enemigos eran en el fondo no más que comunistas y la especulación de adelantos científicos no pasaba de proyectar en el futuro, tecnología que hoy nos resulta ridícula y anacrónica, apenas rozando su incidencia en el ser humano, más que nada siendo formas de asegurar una cierta fe positivista en el triunfo de un camino impuesto a todo el planeta. El mismo autor, no creía demasiado en la caracterización de la Ciencia ficción, como historias acerca del futuro o de ciertos avances tecnológicos. Para él, acercándose al carácter cuestionador de dogmas que tuvo en su inicio la ciencia y también la filosofía, la Ciencia ficción es: “…una forma artística rebelde y necesita escritores y lectores con actitudes erróneas, actitudes de ¿por qué? ¿Cómo? ¿Quién lo dice? …esto se sublima en temas …en mi literatura, tales como ¿Es real el universo?”
En dicha coyuntura, Dick es un suceso único. Presentar profundamente al autor, que más allá de su núcleo de seguidores no es aún tan conocido o valorado en el medio, sería muy largo, no intentarlo en lo posible, volvería estas palabras un lenguaje de iniciados. Sobre su biografía, en relación a su obra se podría escribir y se están escribiendo muchísimos volúmenes y no es para menos, ya que el autor parecía uno de sus mismos personajes: sumamente pobre y poco reconocido toda su vida, casado y divorciado cinco veces, obsesionado con la muerte de su hermana gemela poco después de nacer, con tendencias paranóicas, esquizoides y psicóticas, que lo llevaron a un intento de suicidio, adicto por más de diez años a las anfetaminas, experimentador del LSD, amigo de los jóvenes hippies, contraculturales, drogadictos y traficantes de Berkeley, perseguido por el F.B.I. y aparentemente contactado por la U.R.S.S. profundamente interesado por el cristianismo primitivo y la el gnosticismo, pero también por el pensamiento pre socrático, el hinduismo, la psicología Jungiana las ciencias de vanguardia de su época y mucho más. Para colmo, tuvo una experiencia mística bastante llamativa en el 74, que lo marcó hasta su muerte en el 82. Ya está.
De su obra en general, digamos que Dick desarrolla en menos de treinta años, cerca de 120 cuentos y cuarenta y cinco novelas donde –en su gran mayoría- realmente se crean universos, no siempre en el futuro, que a veces funcionan como dimensiones paralelas u ucronías, donde estados totalitarios y sistemas distópicos gozan del poder y alejan a la gente de la verdad, utilizando pseudorealidades impuestas y artilugios propios de la creatividad de la ciencia ficción, que con el paso del tiempo, siguen funcionando, ya que en el fondo, encarnan incluso simbólica o alegóricamente ideas a veces platónicas. En estos universos, los personajes sufren siempre las fuerzas entrópicas que resquebrajan lo concebido por realidad y en forma muy similar, cuando no directamente por medio de ascensos místicos, que ya no tienen imágenes medievales, si no tecnológicas, psicodélicas o espaciales, descubren que la realidad es una impostura, perciben otra u otras realidades que permanentemente son resquebrajadas y vuelven a ser cuestionadas, no habiendo una que permanezca definitivamente. En los desenlaces, nos queda como certeza sólo el tener que cuestionar la esencia de todo, de desconfiar del lenguaje, del poder, de las percepciones, de nuestros más preciados pensamientos y sistemas de ideas, de limpiar todo en busca de, en palabras del autor: “… el ser humano auténtico quien más importa, el organismo viable y elástico que puede rebotar, absorber y hacer frente a lo nuevo”, la búsqueda incesante de esa realidad que el autor definió como: “…aquello que no se esfuma cuando dejas de creer en ello”. 


Como docente no me gusta imponerle mi pensamiento a nadie y está más que claro, que ciertas corrientes de la crítica ya hace años, nos permiten proyectar cualquier cosa sobre los textos y convertir a Harry Potter en una metáfora de la crisis adolescente o ensalzar el valor contracultural de Corin Tellado. Sin embargo, para que nos hagamos una idea cabal de lo que puede ser Philip K. Dick, se me ocurrió llamarlo profeta, ya que como veremos, sus elucubraciones ficcionales, se asemejan muchísimo al mundo actual en forma cada vez más creciente, lo que lo hizo en cierta medida uno de los precursores de la corriente cyber punk. Pero no creo que sea cualquier tipo de profeta o un profeta a secas, si no que su obra, me recuerda al zen, que no le gustaba demasiado, al cual el mismo Dick satirizó en su cuento “Cadbury, el castor que fracasó”. Mal que le pese, su personaje alter ego de la novela Valis dice: “…quizá no comprenda lo fundamental. Tenemos aquí entre manos una paradoja zen. Lo que no tiene sentido es lo que más lo tiene. Estoy cometiendo un pecado de la mayor magnitud; incurro en la lógica bivalente aristotélica: «Una cosa es A o no-A». (El principio del tercero excluido.) Todo el mundo sabe que la lógica bivalente aristotélica ha ido a parar a la mierda.”; y cuando dice esto, describe perfectamente el esquema de sus obras y un poco la situación del lector, al que a veces no le alcanzan sus categorías de pensamiento para desentrañarlas. Obras, que a la manera de los koanes del budismo zen, plantean una paradoja en que el velo de aquello creído por realidad se quiebra y nos encontramos por medio de cuestionamientos muy complicados y a la vez sutiles, ante un abanico de posibles realidades explicativas, sin poder decidirnos por ninguna; o como aparentemente dijo el mismo Buda, miramos la montaña para darnos cuenta de que no es para nada una montaña y cuando volvemos a ver lo que no es montaña, vemos una montaña nueva.
Tomo como ejemplo su novela “Los tres estigmas de Palmer Eldritch” de 1965, nuestro planeta se hizo casi inhabitable por el calentamiento global, exceptuando la Antártida, por lo que la omnipotente O.N.U., coloniza todo el sistema solar y obliga a los ciudadanos a emigrar a estas colonias, sobre todo al árido Marte, donde la vida no ofrece el más mínimo interés o aliciente. Es por esto, que la O.N.U. por medio de la empresa equipos P.P., distribuye la droga, el Can-di, única motivación para vivir entre los colonos, por supuesto, de manera ilegal, curiosamente, sólo asumiendo la distribución legal de los sets de muñecas Perky Patt junto a su novio Walt y un sinfín de accesorios, que justamente, sirven a los consumidores de Can-Di para trasportarse al mundo idílico y cincuentero de estos personajes, como si fuese un mundo real. Las empresas que gobiernan casi a la par de la O.N.U., como en “Ubik” y otros textos del autor, cuentan con mutantes precognitores, para asegurar los resultados de sus emprendimientos y el triunfo ante la competencia, instaurando un retorcido sistema de espionaje y contraespionaje o directamente una guerra de tipo comercial. Y si bien, existen mutantes que lo son desde su nacimiento, existe la posibilidad de someterse a tratamientos de evolución, que en esta sociedad sirven como un símbolo de estatus y prestigio, aunque puedan fallar y culminar en el efecto totalmente contrario, una involución hacia un idiotismo casi animal e incluso, aunque quienes la reciben, cobren un aspecto grotesco, que los hace ser llamados “cabeza de melón”.
En este contexto, Leo Bulero, dueño de P.P., que se está sometiendo a un tratamiento de evolución, despide a su jefe de precognitores Barney Mayerson, además de que este es forzado a emigrar a Marte. Mayerson, tiene serios problemas con su ex-esposa y también problemas de trabajo -entre otros-, con Roni Fugate, una nueva precognitora y amante, que siempre tiene desavenencias con sus visiones del futuro. Mientras, reaparece la misteriosa figura de Palmer Edlritch, que volviendo de Próxima Centauri, luego de diez años de viaje, es protegido por la O.N.U., copando el mercado con una droga legal (o sea, legalizada por la O.N.U.), el Chew-Zi, promocionada bajo el lema “Dios promete la vida eterna. Nosotros la proporcionamos.” Este personaje, además presenta tres extraños estigmas. Un brazo robótico, dientes de acero y anteojos Jensen por ojos. Los consumidores de esta nueva droga, experimentan algo muy similar a los mundos trascedentes de muchas religiones, un mundo eterno y sin límites, sumamente elástico y variable. Pero notan en muy breve tiempo que el Chew-Zi es mucho más potente y casi imposible de abandonar y que Eldritch es quien controla las “realidades” a las que se trasladan los consumidores. Y también, que Eldritch los contamina o toma parte de ellos, haciendo que estos tengan sus mismos estigmas: un brazo robótico, dientes de acero y ojos que son lentes metálicos con ranuras. Una precognición, compartida por Mayerson y por Roni Fugate, plantea que Bulero matará a Eldritch. Bulero, cree confirmar que asesinará a su competidor, durante un viaje forzado de Chew-Zi, en que incluso viaja al futuro y ve que esto sucedió. Mientras, Mayerson, intentando por medio del Chew-Zi, viajar a una realidad en que aún esté con su ex-esposa, cambia de cuerpos con Eldritch, estrategia que a este último le sirve para librarse de que Bulero lo mate y en cambio mate a Mayerson, quien queda atrapado en su cuerpo . Sin embargo, Mayerson vuelve de la alucinación un momento antes de ser asesinado y se encuentra con que esto no ha ocurrido y que es nuevamente él mismo. Los personajes siguen pensando que en el futuro, Bulero matará a Eldritch, como única esperanza, aunque no se sabe cómo ocurrirá esto, ya que el mismo Bulero presenta los “estigmas” de Eldritch, está contaminado, es un poco el mismo Edlritch y a su vez, pese a o por los efectos de la terapia evolutiva, presenta un razonamiento muy precario. Y así, más o menos termina la novela.


Dejando de lado muchos elementos de la trama, que aún depurada es retorcidísma, esta novela nos muestra constantes de la narrativa dickiana: un futuro mundo paranoide y pesimista, tanto con respecto al propio ser humano, como al capitalismo, las organizaciones sociales autopromocionadas como benéficas, la propaganda y las apocalípticas consecuencias ecológicas del progreso. Vemos su crítica a la complacencia y el consumismo, tanto en estos futuros Barbie y Ken que encarnan los prototipos de la vida deseada por una humanidad despojada hasta de un planeta adecuado. Amén, de que ante cambios tan asombrosos como esta evolución del ser humano de poder ampliar la conciencia incluso hasta el conocimiento del futuro, la reacción general es banal y mercantilista. También vemos, que aún interesado en las implicaciones epistemológicas de la cultura psicodélica de los Estados Unidos de su época, Dick no alienta la alienación de los drogadictos, ni menos aún, el matiz ya no de adictos, si no de “adeptos” de los consumidores de Chew-zi, una droga con perturbadoras referencias a la religión, suministrada por Eldritch, quienes los propios portagonistas y el lector, pueden preguntarse varias veces si es un Dios benéfico o un dios inferior, como el demiurgo del gnosticismo que Dick tenía tan presente. El Can-Di, tan parecido a los mundos que los medios de comunicación aún nos imponen, tiene la capacidad de generar un retorno mediocremente idílico, a algo así como “el paraíso”, que en este caso, no es más que un estándar de vida frívolo en el planeta originario que los seres humanos han perdido o dejado perder, constituyendo una realidad falsa a la que sus consumidores se entregan a conciencia y cuyos efectos, eliminan las principales coordenadas de la realidad a la que escapan, situación, tiempo y espacio, generando una realidad que hoy diríamos “virtual”, perceptivamente convincente. El Chew-Zi, luego, proyecta a sus consumidores, a lo que el antropólogo Terence McKenna, en un artículo sobre Dick de 1991, relaciona con ciertas experiencias con alucinógenos que provienen del más antiguo chamanismo, en que el infinito regresa en una forma de sí mismo de una manera fractal, el megamacrocosmos se entiende como un sistema de resonancias y niveles en espejo sin fin, el tiempo como no lineal y donde el mismo yo se desdibuja, viendo que su realidad objetiva no es tal y que a su vez, los universos subjetivos pasan a ser interpersonales. Dicho de otra manera, hay un quiebre de todas las categorías ontológicas de lo que se considera real y a su vez que esto genera terror, al reabsorberse esa información antes vedada, se siente un éxtasis, que muchas religiones nombran de distintas formas. Esta experiencia, que no se puede casi expresar con el lenguaje, se representa en palabras del propio McKenna, como algo “…completamente ajeno y extraterrestre” y cada uno le dará la forma que pueda o le convenga. Esto, es quizás lo que nos genera lo inasible del personaje de Eldritch, quien incluso tiene estigmas como Jesús pero bastante intraquilizandores, a la par que desafía a Dios en su campaña publicitaria, ese Edlritch, acerca del que la mayoría de los personajes dudan si entender como un mesías, el propio dios, un dios inferior, quizás satán, (etimológicamente el enemigo) o una entidad extraterrestre que suplanta al Eldritch real para invadir nuestra galaxia. Así mismo, hasta el final de la novela, nada nos queda claro acerca de las precogniciones, que al parecer funcionaban tan bien, cuando sólo eran una mezquina herramienta del comercio. Las predicciones de Fugate que tanto chocan con las de Mayerson, coinciden en mostrarnos como el mesías opuesto a Eldritch a un Bulero poco creíble y nunca vemos la concreción de ese acto predicho. Lo que parece ser un hecho, desde varias percepciones nunca ocurre o no sabemos bien si es retardado por el control de la realidad de Eldritch. Podemos plantearnos si es que el futuro es uno y se puede conocer, si hay un destino o un libre albedrío, sospechar si tal como existen tantas dimensiones de la realidad, pueden existir también presentes, futuros y pasados alternativos, a los que los sujetos son sustraídos, colocados y recolocados por Eldritch, manejando de esta manera los acontecimientos. Podemos, en suma, acceder a eso propio de lo fantástico, más allá de definiciones constrictivas: la de ver las fisuras, los términos excluidos en nuestra concepción de la realidad y por medio de la ficción, mutar nuestro concepto de ciencia, etimológicamente conocimiento.
No estoy ni rozando las miles de interpretaciones posibles de una novela no muy larga, que pueden ir desde lo socio-político hasta lo religioso, pasando por la filosofía más abstracta. Eso sí, queda dicho que para quienes adentren en el mundo de Dick e incorporen profundamente su lectura, queda un interesante desafío por delante. En otro nivel de lectura, se puede también disfrutar de obras atrapantes, originales y que invitan a participar al lector activamente en su comprensión y siempre admiten re-lecturas que aportan novedades.
Vuelvo entonces a Dick como un profeta zen. Sus obras, como koanes, cuestionan mucho la solidez del mundo, la naturaleza del tiempo lineal y más que nada lo que pensamos como realidad y nos obligan a una atención especial y liberadora, a una “mente búdica”. De tenerla, podremos ver y cuestionar, creo que toda la historia de la humanidad pero por sobre todo, nuestro presente, que leído de manera lineal es el futuro de Dick, así como seguramente muchas cosas en los tiempos venideros, ya que si estamos atentos, las oscuras distopías del autor no nos son tan ajenas.
Para ser breve, cuento que los fenómenos cibernéticos actuales, que no estoy condenando más que en su aspecto de realidades impuestas, apócrifas y alienantes, fueron bastante bien imaginados por Dick, antes aún que se escribiera el Neuromante de Gibson. Lo mismo pasa con la hipervigilancia y la total perdida de la vida privada, que tanto particulares como oficinas estatales tienen tendidas sobre todo nosotros, incluso con nuestra anuencia, en pos de la comunicación, el entretenimiento o la seguridad. De la misma forma, las atravesadas realidades paralelas, las paradojas perceptivas, las dimensiones alternativas y el tiempo no lineal que a muchos entrevera y molesta tanto como si fuese la creación de un chiflado, son en el campo de la neurociencia y sobre todo de la física cuántica, hechos comprobados algunos y casi comprobados otros, basta con leer algo del popular Stephen Hawkin o mejor aún del físico especializado en teoría de cuerdas Michio Kaku. En “Sueñan los androides con ovejas eléctricas”, Dick planteó la existencia de robots tan parecidos al ser humano que no se los podía distinguir del mismo, más que con un test que comprobaba si el testado era capaz o no de empatía y esto complicaba muchísimo el discernimiento. No quiero hablar en forma general de la poca moda de la que goza la empatía, esta característica esencial, distintiva y constitutiva del ser humano para no ser injusto o soberbio pero sí voy a decir que se puede acceder fácilmente en varios medios a videos, por ejemplo los del especialista en robótica David Hanson, donde veremos androides tan realistas que dan miedo y que encima ya tienen una cierta capacidad de conversación cognitiva autónoma, que incluso a veces toma por caminos bastante escabrosos y philipdickianos. Irónicamente, uno de ellos es un androide del mismo Philip K. Dick, que para que este pobre autor sufra más desde ultratumba, presentaron en la premiere del film “Una mirada a la oscuridad”, sobre su novela homónima.


Si Dick, más allá de sus presuntos o reales problemas psiquiátricos y su consumo de droga fue realmente un iluminado o un real profeta, cada uno lo puede llegar a discernir accediendo a los textos de lo que Pablo Cappana llama su “Época mesiánica”, por ejemplo, la ya mencionada novela Valis y en su “Exégesis” u otros textos no literarios, como cartas, ensayos o entrevistas relacionados a su experiencia mística, llamada por él “suceso 03 02 74”.
Cierto cine, que no es necesariamente malo, al igual que cierta literatura, puede ser una herramienta para imponer una forma de percibir la realidad, por eso quería hablarles de Dick como un escritor original y un profeta zen, amén de que sea el inspirador de ciertas películas.

Jorge Pollito Manco

P.D: no quiero que me rompan los huevos con el copyright, así que si no lo hicieron consíganse el cómic "la experiencia religiosa de philip k. dick" por robert crumb

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