martes, 17 de septiembre de 2013

Samudio Van Korg Ramírez y la Doncella Bettina (una historia de amor, pasión y muerte al estilo del Romanticismo)

Samudio Van Korg Ramírez vivía de rentas y hace años, dedicaba su vida a un refinado arte de su creación, el cual, en los últimos días de existencia intentó reivindicar y volver una de las “bellas artes”, sin que las necias academias lo reconocieran como tal. Samudio, se dirigiera a dónde se dirigiera, asistiera dónde asistiera o incluso, caminando para hacer las compras (por ejemplo, al supermercado La Clave, cito en Propios y Pantaleón Arti-gas), acechaba a toda mujer con ropa llamativa y fuera de lo común. Luego de esto, aplicando unas refinadísimas técnicas de seducción y conquista, aprendidas en el Sur de la India y en libros acerca de Atila el Huno, lograba obtener una noche de sexo casual con la mujer en cuestión, no revelándole nunca su verdadera identidad y utilizando nombres y profesiones falsas como “Edmundo Rivero, productor musical”, “Sancho Bermúdez, alcanzador oficial de pelotitas del Carrasco Lawn Tennis”, “Segismundo Schubert Gutiérrez, recolector de mariposas para la National Geographic”, “Mario Clever Galeanetti, escritor y artista plástico”; etc; Personalidades, las cuales adecuaba al tipo sociológico de la fémina a la que abordaba, con arreglo a fines de poder impresionarla, seducirla y acostarse con ella. Antes que nada, debemos aclarar (para que no se malinterprete la noble vocación de nuestro querido personaje), que el fin último de su accionar, no era el de acostarse con muchas mujeres, como lo haría cualquier vulgar hombre mediocre, para el cual el sexo es una de las metas más ansiadas en la vida y las mujeres y las relaciones sexuales, una especie de consumismo vacío y alienante que mueve casi todas sus acciones y al que se prestan fuera de todo cuestionamiento ético, como si se tratara de comprar celulares o hacer plata, sin saber incluso por qué y sólo por seguir lo inculcado por el medio (digamos, la mayoría de la gente). Samudio Van Korg Ramírez, utilizaba las noches de placer desenfrenado que podía concretar con bellas (y bien vestidas) mujeres, para luego de extenuarlas con unas refinadísimas técnicas de sexo tántrico aprendidas en el Sur de la India y en la revista “Cosmopolitan”, robarles la ropa y escaparse sin ser nunca más visto, por medio de unas refinadísimas técnicas aprendidas en el sur de la India y en el penal de Libertad (oxímoron). También vale aclarar, que la mayoría de las veces, esa misma ropa se la regalaba a su mujer para engrosar el cada vez más ecléctico, llamativo y refinadísimo ropero, cuando no se quedaba con algunas prendas para sí mismo, como por ejemplo un gorro con cara de perrito o unos porta ligas rosados y otras prendas de lencería, que usaba debajo de los pantalones, en la más secreta intimidad. Y finalmente, para aquellos lectores que opongan a nuestra cierta y bien intencionada historia un cuestionamiento moral del tipo: “sin ver la responsabilidad ética que significa escribir historias que puedan influenciar negativamente (sobre todo a las mentes más jóvenes) mostrando sin censurar éticamente cosas como el robo y la promiscuidad, publicaron esta aberrante narración de Samudio Van Korg Ramírez, destruyendo así los positivos cambios de idiosincracia logrados por Tinelli, todas las campañas derechohumanistoides del Estado robadas a la pedorrez demócrata yanki y el Plan Ceibal, tras largos años de ininterrumpido y esforzado trabajo”; también tenemos unas palabras que decirles a nuestro favor. Si bien desde tiempos inmemoriales -y sobre todo desde el advenimiento de la moral judeo-cristiana como dominante-, la mentira y el engaño han sido condenados, dando piedra libre a que cualquier estrategia encasillable en estos “males” como la actividad secreta de Samudio Van Korg Ramírez sea mal vista, es también cierto que desde varias filosofías, campos epistémicos e incluso lingüísticos, la condena maniquea de la mentira también ha sido cuestionada e incluso, se ha reivindicado dicha práctica milenaria y connatural a la especie humana. Sin irnos demasiado lejos de los hechos a referir, sólo rescatamos de dichos planteos algunos puntos. Por ejemplo, si bien -como decíamos- desde un punto de vista de la moral dominante, la mentira es un mal o incluso un “pecado”, debemos deconstruir el concepto de mentira y ver que desde un punto de vista metaético, la mentira no es más que un acto verbal y que sólo una de las posibles formas de abordarlo es el de equipararlo con el supuesto concepto de “verdad” fuera del hablante y que no es nada más y nada menos, que una verdad también incontrastable, un constructo idiomático más y que ni siquiera existe para quien es engañado, ya que éste al creer la mentira, la cree como verdad y por tanto sería falso, decir que la verdad es única e indiscutible. Cabe aclarar que el concepto mayoritario de lo que es la “verdad” y que es la vara con que se mide y condena la mentira fuera de su esencia de acto de habla y en contraste con el antes mencionado concepto de “verdad”, es la más de las veces, también un acuerdo social (diría Nietzsche “la verdad es una mentira aceptada socialmente”), más si consideramos que todo acto de habla y las categorías de pensamiento humano que derivan de éstos, son nada más que metáforas que no designan la cosa en sí más que por desplazamientos semánticos. De esta manera antes de condenar la mentira, así deconstruída, debemos preguntarnos ¿mentira para quién? Muchas veces la mentira es una profunda convicción del mismo hablante, que va transformando su pensamiento a la vez que transforma o adapta el referente del que habla en sus propios pensamientos, como forma de aprehensión epistémica y también como forma de autonarración vital. Otras veces, el hablante acude a la mentira sabiendo que hay un “doblez” en cuanto a su propia percepción del referente pero con una intención pragmática (¿Quién no dijo ignorar la hora a un pastero en la calle para no sacar el puto celular?) Y en este caso, corresponde al propio pragmatismo establecer los límites de no violación de las “verdades del mundo físico”(que el hablante no se mienta a sí mismo sobre la verdad de volar desde un décimo piso) y ahora sí, a la ética y a la moral, analizar si los resultados pragmáticos de la “mentira” pueden llegar a ser nocivos para segundos o terceros, lo cual tampoco implica que tenga en sí una capacidad de censura o punitiva. Y finalmente ¿qué podrían decir nuestros detractores acerca de los abundantes ejercicios socialmente aceptados de mentira a la que se le da credibilidad momentánea o incluso prolongada, como por ejemplo, las ficciones artísticas, la publicidad o el discurso político? Ahora ¿podemos condenar a Samudio Van Korg Ramírez solamente por mentir, seducir, engañar, mantener relaciones sexuales interesadas y robar a bellas y bien vestidas mujeres, aparte de serle infiel a su mujer? El lector imaginará que nuestra narración versará acerca de distintas peripecias relacionadas con el diario accionar de Samudio Van Korg Ramírez, una secuencia de micronarraciones encadenadas o no causalmente, llenas de erotismo, picardía, procacidad sexual y este tipo de condimentos. Pero no. Resulta que Samudio Van Korg Ramírez, llevaba años -como dijimos-, practicando esta noble y no reconocida bella arte, cuando caminando por Ocho de Octubre y Santa Lucía, sintió clavada en él la insistente mirada de una chica. No demasiado atento a lograr una nueva conquista que le facilitara prendas de vestir, ya que parcialmente en su accionar aplicaba refinadísimas técnicas de no accionar y desprendimiento aprendidas del Budismo Zen y en el Sur de Boulevard y Colorado, observó a una mujer de unos 28 años, aunque bastante arruinada, con cara de psicótica, histérica, mediocre y frustrada pero que de seguro le echaría la culpa de todos sus males a la sociedad, la maldad de las personas que no cuadraban en sus exigencias psicóticas, las serruchadas de piso de las personas que eran más vivas que ella en criticar y armar chusmeríos con todo el mundo, el capitalismo al que detestaba pero alimentaba consumiendo cigarrillos, Coca-cola y una larga lista de productos de origen multinacional y no demasiado artesanales, la derecha y el machismo de los amores de su vida, que cambiaban cada semana luego de que se enamoraba de ellos por mensaje de texto y facebook y después de cogérsela como una puta borracha fumaporro y merquera en los bailes de fin de semana, dejaban de contestarle cuando les hacía una escena de telenovela o se indignaba porque la trataban de cualquiera, invitándola a formar un trío con el “Manguera” Ferrerira. Tenía una hermosa cara algo angulosa (por no decir cuadrada), con un atractivo color de piel pucho escupido adentro de un vaso, un pelo grasiento y chuzo sumamente estirado para que no se le notaran los genes africanos en su ondulación, una ropa de mierda comprada en una expo de Dieciocho de Julio para que pareciera que estaba divina, tan apretada que dejaba notar a ojos vista sus rollos sumamente atractivos para el ideal de mujer con sobrepeso del Renacimiento y un pin en la mochila que decía “Comisión Pro Derechos Humanos”. También en su cara de general desquiciamiento, se notaba un 25 por ciento de deterioro generado por la lucha ética y moral consigo misma cada tarde, al empezar a joder a sus compañeros de oficina pública -que sí trabajaban- con horas de quejas del tipo “¡Ay tengo, hambre quiero comer bizcochos pero estoy gorda! ¡No voy a comer bizcochos, mirá la panza que tengo, tengo que salir a caminarr... ¡Ay! ¡Pero decime algo! ¿y si me como uno o dos no más?” que luego amenizaba, yendo a comprarse y comiéndose como un kilo de bizcochos, luego de lo cual comenzaba el cuestionamiento filosófico que sigue: “¡Ay, mirá como me quedó la panza! ¡Estoy re gorda! ¡Ahora me siento culpable! ¡Ah! ¡Estúpido! ¡Te estoy hablando! ¡Decime algo! ¿No ves que estoy mal? ¡Consolame! ¡Los hombres son todos iguales! ¡No les importa nada!” Lo cual no le dejaba tiempo para hacer su trabajo (lo poco que hacía lo hacía mal y lo tenían que arreglar los demás, mientras ella los puteaba, porque ella no había hecho nada mal y no tenía por qué arreglar nada), el cual (como dijimos (unos sintagmas antes)) tenían que hacer los demás, mientras ella les exigía atención a sus charlas filosóficas y requerimientos de consuelo ante la tragedia de su vida amorosa y bizcochal. Aparte de esto, para más información, se llamaba Bettina, aunque no podemos dar su apellido, porque no la conocemos ni trabajamos con ella. Samudio Van Korg Ramírez, iba a desviar su mirada de la de la hermosa mujer y seguir caminando sin más, cuando de pronto, se encontró con una cascada voz histérica que le decía: “¡Vos sos igual que todos los hombres, miran a las mujeres sólo como si fueran un cacho de carne! ¡Qué! ¿Cómo no soy rubia de ojos celestes y flaca y alta ni me mirás, claro! ¡Ja! Total, ni que fueran Miss Universo esas que mirás vos, de seguro te debe gustar la jovencita rubiecita esa, que es una putita y una tarada... ¡Claro, porque con que estén buenas ya está! ¡Después se tiene que fumar a cualquier histérica...” Nuestro querido Don Juan posmoderno, iba a intentar replicarle a la Señorita Bettina que no la conocía y por lo tanto, no era del todo habitual ni deseable siquiera que lo abordase de esa manera para tener una conversación y menos aún, cuando esa conversación era básicamente un reproche, censura o algo así, además de que no sabía a qué rubiecita putita se refería y de que cómo él manejase sus gustos en cuanto a mujeres era un asunto completamente privado, en el que ella no tenía por qué inmiscuirse. Pero no pudo. Sus palabras eran ahogadas por torturantes chillidos de la joven, mientras toda la gente se paraba a mirar a Samudio, como si fuera un golpeador o algo así. Bettina, comenzó a recriminarle si no la iba a consolar porque el fin de semana había perdido su cuadro y a decirle que tenía que ir con ella al bar a ver el partido de no sé qué y que el sábado tocaba Buitres ¡Sos un mal amigo! ¡Nunca me podés acompañar a ningún lado! ¡Nunca tenés tiempo para mí! ¿No se puede quedar sola tu mujer para que tengas una insustancial charla en un bar conmigo, cuando estás cansado de trabajar, tenés que ir a atender tu vida (vos sí tenés) y ni si quiera te dejo hablar o escucho lo que me decís? ¡Está buenísimo Buitres, lo que pasa es que vos siempre querés hacer lo contrario a la sociedad pero ya es una estupidez que escuches esa música sólo para hacerte el raro! ¡Y un asadito de vez en cuando te comerás, porque no podés vivir sin comer carne! ¡Qué! ¿No vas a comer fiambre? ¡Si el fiambre no es carne! ¿Qué? ¿Y pescado tampoco comés? ¡Haceme el favor! ¿Cómo va a ser carne? ¡Si los pescados no tienen sistema nervioso! ¡aparte no votar es como votar a los colorados o a los Blancos porque el Frente habrá hecho pila de cosas mal pero de última es lo mejor que hay!¡Ay! No sabés lo que me pasó! El fin de semana me enganché a un pibe ahí en el baile y se me rompió el preservativo! ¡TARADOOO! ¡Pero mirá si voy médico y me dice que tengo Sida! ¿Por qué? La pastilla la tomé cinco días después ¡Ay! ¡No! ¡No ves! ¡Sos un sorete! ¿Cómo me vas a decir eso? ¡Yo cómo iba a saber que tenía que tomarla en seguida! ¿Y que tiene que ver que se llame del día después? ¿Qué? ¿Tengo que saber todo? ¡Pero consolame, no me digas que utilice la razón y me haga un control de V.I.H! ¡Mirá si voy al médico y me dice que tengo Sida! ¿y si me hago un test tirando una moneda funcionará? Necesito saber si tengo Sida, no quiero ir al médico, decime a otro lado que pueda ir. ¿Pero por qué te vas a ir? ¡Recién son las 3 a.m! Y bueno, mañana llegás tarde o pedís el día...¡¡¡¡¡Sos un idiota!!!!!! ¡¡¡AAAAAAAAAAAAhhhxhhhhhhhhhhhhhhhhhHHJJjjjjJKKlrsg!!! Samudio Van Korg Ramírez, al ver que unos policías se paraban frente a él y comenzaban a mirarlo dijo algo como “¡Vamos a tomar unas a un bar y comemos unas pizzas, mientras miramos el partido!” y siendo perseguido por la joven y exuberante Betina, que ahora le decía “Ay yo te adoro sos mi mejor compañero ¡Haceme el aguante hasta las tres de la mañana, que no joda tu mujer tu casa y tu vida, así me hacés el aguante hasta la hora del baile, no seas sorete!” y cosas así; entróla a una pizzería en la esquina de dieciocho de Julio y Gregorio Sanabria. La joven, que luego de unos minutos de haberle dicho que el pescado no tenía sistema nervioso, le explicaba que ella no entendía la gente que comía carne, que sufría viendo animales abandonados y quería ir a ayudar a un refugio (al que él también tendría que ir), mientras pedía una pizza con jamón, estuvo muy ocupada sobre todo después de la decimoquinta cerveza, contándole estupideces garrafales, como para escuchar que veintidós veces, a la pregunta acerca de quién era y qué hacía, Samudio Van Korg Ramírez le contestaba : Soy Samudio Van Korg Ramírez, estoy casado, vivo de rentas y practico una bella arte de mi creación (aún no reconocida como tal por la academia), que consiste en seducir bellas y bien vestidas mujeres, acostarme con ellas y robarles la ropa y aparte de que soy un amoral que no te sirve para nada como persona, no me interesás en nada, ni eróticamente , ni como amiga, ni en nada. Te deprecio, no esperes nada de mí y dejame ir, perdés tu tiempo.” Esto provocó, que antes de irse de la mejor cita que tuvo en su vida, Bettina (que ya estaba pensando en contarles a sus compañeros de oficina que había conocido un flaco que re encaraba y que esta vez iba en serio y se habían quedado los dos re copados), le pidiera su número de teléfono y lo agendara como Silomón Tolomeo. Vale aclarar, que Samudio Van Korg Ramírez intentó no darle el número y también mentírselo pero no pudo hacerlo, porque Bettina comenzó a armar un kilombo monstruoso por el hecho en el medio del bar y también lo llamó en el acto, para ver si le daba minutos gratis. Samudio Van Korg Ramírez, huyó como una exhalación a su domicilio, donde por primera vez encontró a su mujer esperándolo al borde del llanto sentada en la cama y comiendo helado: - Llegaste temprano... -dijo su mujer con un tono que no se sabía si era pregunta afirmación o eufemismo de “¿Por qué llegaste temprano?” -Sí. -contestó Samudio Van Korg Ramírez, ya que no le pareció adecuado contestarle 1) “No” 2) “No, lo que pasa es que estaba en la otra franja horaria y pensé que ya eran las diez de la mañana” 3) “¿Qué te parece?” 4) “¿No me digas, en serio? 5) “Lo esencial es invisible a los ojos” o 6) Cuando estudiamos las dinámicas caóticas encontramos que existe una gran dependencia de las condiciones iniciales. Más aún, una característica de las órbitas caóticas vecinas es que su separación está dada en promedio por una función exponencial (no necesariamente una función exponencial exacta). Es por esto que en la práctica se hace imposible predecir el comportamiento futuro de una solución caótica. Esto se encuentra en contraste con el comportamiento de una órbita cercana a un punto fijo o a una solución periódica. Su mujer (cuyo nombre era Debora Meltrozo), estalló en una crisis de nervios, llanto y anonadamiento ante tan lógica respuesta y comenzó a reprocharle: - ¡Llegás temprano de tu trabajo, casi seis horas antes y sin traerme ropa, de otra mujer, pelos y perfume de tus compañeras de trabajo y no entrás discretamente y sin hacer ruido! ¡No tenés pelos en la ropa! ¡Yo sabía! ¡Me estás engañando con una pelada! Por eso... ¡Por eso siempre decís no hay dos sin tres! Yo sabía: siempre te revisaba tu celular y nunca encontraba nada raro, eso demuestra que te comunicás telepáticamente con tu amante... ¡¡¡¡¡¡¡Me estás engañando!!!!!!! Etc., etc., etc. Samudio Van Korg Ramírez, que se empezaba a sentir un personaje de “Pará bola”, intentó mentirle pero lamentablemente sólo le salía cuando sí la engañaba. Al mismo tiempo, en su celular empezó a sonar insistentemente una llamada de la doncella Bettina. Dada la presión y los gritos de su mujer hubo de atender el llamado de la doncella con el altavoz puesto, donde la joven lloraba y le reprochaba que no la había llamado en toda la hora y que ella estaba sola en la casa y él en vez de decirle para ir con ella, había preferido irse a bailar con sus amigos y le decía todo esto con llantitos entrecortados y luego gritos de asesina en serie, repitiendo cada dos segundos el nombre “Silomón Tolomeo”. Nuestro héroe (al cual a partir de ahora llamaremos S.V.K.R, para abreviar tan largo nombre), con mucha paciencia le explicó a la hermosa Bettina que era imposible que él le propusiera acompañarla a su casa, ya que ella nunca le había informado que estuviera sola en la misma y que además, de haberlo hecho, él le hubiera dicho que no, ya que estaba casado, no le interesaba para nada y además se llamaba S.V.K.R. (o sea, Samudio Van Korg Ramírez). La joven y hermosa doncella Bettina (o sea, la J.H.D.B), no podía afrontar tanto dolor y desengaño, tanta traición y mentira de parte de un hombre que la había amado tan tiernamente y le había sembrado tantas esperanzas y secreción de flujo. Entre llantos lastimosos e histéricos (sobre todo histéricos), le reprochó las ilusiones que le había generado no diciéndole nunca que estaba casado, haciéndole tener esperanzas invitándola al bar y conversando con ella de temas profundos e interesantes y haberle dicho que se llamaba Benito Camela. S.V.K.R., decidió entonces contarle a su mujer toda la verdad, tanto de su bella arte, como del encuentro con la doncella Bettina, que consistió en el único día de su vida de casados en que no la había engañado, ante lo cual, su mujer, comenzó a llorar y a pedirle por favor que ya no le mintiera, mientras llamaba a su madre para irse a pasar unos días en su casa. Sería ocioso narrar los pormenores de esa noche para S.V.K.R. (Samudio Van Korg Ramírez) pero como el lector imaginará, los resultados previsibles corroboraron la probabilidad estadística de un 99,9 por ciento de que: 1) su mujer (D.M.) lo abandonó luego de un largo y tortuoso divorcio, con todo tipo de idas y venidas, reproches, histerias, intervención de familiares y amigos con los que defenestro a su ex marido (S.V.K.R, o sea Samudio Van Korg Ramírez), aparte de que embargó la mitad de sus bienes y se hizo pasar una pensión, no sólo por ella si no por los hijos imaginarios que habían proyectado tener en el futuro hasta que estos tuviesen dieciocho años de imaginados. 2) La doncella Betttina (D.B.) no cesó de acosarlo por celular, redes sociales, pesquisas policiales y persecuciones callejeras, hasta que S.V.K.R. (Samudio Van Korg Ramírez), acudió a una cita en un bar que está re bueno y pasan el partido en terrible plasma ,porque las mujeres también miramos futbol, claro, si fuera un hombre irías conmigo, donde luego de continuar por horas y horas una absurda discusión en la que S.V.K.R. (Samudio Van Korg Ramírez) intentó razonar infructuosamente, fue perdonado por la D.B. (doncella Bettina), cuando esta lo llamó llorando y diciéndole que lo amaba y había estado muy mal, cinco minutos después de irse del bar donde discutieran, instándolo a ir inmediatamente a otro bar a reconciliarse. Nuestro personaje (o sea, N. P. (también conocido como S.V.K.R. (Samudio Van Korg Ramírez))), mientras duraba este “período de cambios y crisis pero que luego nos llevan a ver una vida nueva y comprender nuestras nuevas posibilidades como seres humanos en armonía con el cosmos” (también conocido como “p.c.c.p.l..ll.v.v.n.c.n.n.p.c.s.h.a.c.”), llegó a un récord de abstinencia de dos semanas sin practicar su bella arte no reconocida por la academia, ya que cada vez que estaba a punto de seducir, acostarse y robarle la ropa a una bella y bien vestida mujer, para luego robarle la ropa (S.A.R.B.B.V.M.P.L.R.R), recibía una llamada de su ex-mujer (o sea su E.M, también conocida como D.M. (o sea, Debora Meltrozo)), los abogados (L.A., o sea, Los Angeles) o de su amada doncella Bettina (A.D.B). Mientras corría por las calles de Montevideo, San José y Empalme Olmos, intentaba atisbar alguna pendeja estúpida y putona del Centro de Diseño Industrial (C.D.I.) con ropa cara y sin cerebro (o sea, una P.E.P.C.D.I.(C.D.I.)R.C.S.C) o una profesora de Literatura aburguesada que se hacía la liberal y era una fakin macaquita del sistema, que se creía cool por presentar un Flash y analizar temas de cumbia y villera y se reía todo el tiempo de nada, denotando que estaba tapada de antidepresivos, también conocida como profesora de Literatura medio joven común y corriente (digamos en otras palabras, o en este caso en una sola y extensísima sigla, una P.L.A.H.L.F.M.S.C.C.P.F.A.T.C.V.R.T.T.N.D.E.T.A.T.C.C.P.L.M.J.C.C.), con las manos temblando por el mono (M.), los testículos hinchados por la acumulación de semen (T.H.A.S.) y la psiquis destruída por la tensión y la no concreción del robo consuetudinario (P.D.T.N.C.R.C.), intentaba esconderse en la U.T.E. (Usinas Teológicas del Estado) la O.S.E (Osos Sedentarios del Estado), ANTEL (Administración Nacional de Tujos Encargados del Latrocinio), FUCKVAM (Frígidas Uríes Caliginosas Kármicamente Veneradas Ante Meridiam) y CODICEN (Compañía De Otarios Dicharacheros Imbuídos de Constante Estado Nemofilíco), sin nunca conseguir lograr su tan ansiada S.A.R.B.B.V.M.P.L.R.R. ni evitar los llamados, quejas, reproches, citas y demás ni de su E.M (D.M), L.A. ni de su A.D.B. Finalmente, según el parte policial (P.P. (José)), N.P. (S.V.K.R.), que había accedido a alquilar un apartamento para vivir con su A.D.B, a pesar de que él no vivía allí y de que no paraba de explicarle que no la amaba, no era su pareja, ni quería casarse con ella, aparte de que no se llamaba Armando Fasos (A.F.), tuvo que acudir al mismo por una nueva presión de la misma de juntarse a tomar unas y conversar sobre su relación. Una vez en él, S.V.K.R. (N.P.), intentó explicarle nuevamente la realidad objetiva de su no relación a su A.D.B. pero esta, diciéndole que ella también ardía de deseos `por él y que quería que fuera el padre de sus hijos, comenzó prácticamente a violarlo, instancia tan asquerosa que ni a este humilde y osado narrador nos da para contarlo (y mire que hemos escrito asquerosidades de cualquier tipo (A.C.T) antes, eh). Samudio Van Korg Ramírez (N.P.), que ya estaba tolerando lo intolerable en las últimas semanas de su vida y que aparte, estaba con los terribles efectos de no consumir droga (en este caso, S.A.R.B.B.V.M.P.L.R.R.), no pudo sin embargo afrontar algo tan terrible como tener que acostarse con su A.D.B (A.A.D.B.). Escapándose de la joven, que estaba toda bañada por algún líquido viscoso desconocido, pensó en proponerle ir a comprar un kilo de bizcochos y ponerles preservativos antes de que se los comiera, para que así se le enredaran en el intestino y muriera pero le pareció que necesitaba un método de defensa más rápido. Bajo tanta presión, se le ocurrió que también podría matarla a pijazos, sólo por un segundo, ya que luego se dio cuenta que justamente estaba intentando evitar tener que penetrarla. Finalmente, no vio otra alternativa y procedió a suicidarla en un clásico caso de violencia doméstica, aunque después no se mató él como se acostumbra. La prensa dio a conocer los testimonios de varias personas en contra de N.P., oriental, divorciado de 39 años (O.D.39.A.), entre ellos, el de dos amigos gueys de la fallecida D.B (F.D.B.), Elber Gamasca y Rosamel Fierro Delgado, que adujeron que S.V.K.R era un intolerante, porque no toleraba lo intolerable y le decía mariquitas a los San Antonios en vez de coccinélidos. También atestiguaron Jesica Gazo y Elba Gallo, las cuales fueron víctimas de que el reo no se las levantara y cogiera en un baile, luego de haberlas sometido a acoso sexual laboral (en dónde el acusado no trabajaba), diciéndoles “Hola. ¿Cómo están?”, mientras hacía gestos de respiración con las narinas, se acercaba innecesariamente para darles la mano y luego les hizo comentarios sexuales como “¡Qué calor!¿Eh?” y finalmente, les mandaba mensajes de contenido sexual, habiéndoles enviado varios mails que decían por ejemplo “¿Ya está pronto mi trámite?”, en clara alusión a tener relaciones sexuales. La Doctora de la Policlínica de Sauce, también explicó que el mismo día que le dijo que no necesitaba un pase al psiquiatra, había advertídole a la F.D.B. que N.P. (S.V.K.R.) era violento, alcohólico y drogadicto, además de que la gente que estaba maquinando todo el tiempo (mientras decía esto, hacía extraños gestos con las manos y hacía un ruidito similar a “chic, chic, chic”), molestaba a la gente y que ella había tenido una paciente que al final el marido la mató y se suicidó de tanto que lo molestaba. Aunque S.V.K.R (N.P.), argumentó legítima defensa (no se le concedió por no haber proporcionalidad entre las armas, ya que al ser atacado con una vagina, a lo sumo se podría haber defendido con otra vagina, ya que un pene, por ej., era un objeto ya más punzante), finalmente, la jueza de cuatrigésimo octavo turno vespertino, Blanca Mercapide, sentenció a S.V.K.R. a cadena perpetua de por vida, evitando así que lo lincharan al quedar en Libertad, por lo cual lo mandó a Santiago Vázquez. Durante su presidio, N.P. compartió su celda con Tomas Orines Della Fuente, Tomas Aboreala y Venite Arqueando y Caminame En Puntitas De Pie Por Todo El Tronco Della Pija, en quien encontró tres fervorosos compañeros en su lucha por volver una bella arte el S.A.R.B.B.V.M.P.L.R.R., arte que al fin la academia reconoció como tal después de que le dieron premios al mejor guionista de cómics a Santullo y el Grammy al Cuarteto De Nos. Y la justicia reinó en La Tierra (L.J.R.L.T.)