miércoles, 10 de julio de 2013

Calles



- Buenas tardes, señor vecino. Vengo para informarle que la empresa ya ha enviado los obreros y estamos listos para dar inicio a la construcción de calles asfaltadas.
- Ah, no estaba enterado de nada. Pase, por favor.
- Muchas gracias. Como le venía diciendo, la empresa ya ha dispuesto los recursos humanos para dar inicio al asfaltado de calles. Con ello se logrará aumentar el bienestar y la productividad de toda la región, al permitir un tránsito más cómodo y acorde a estos tiempos. No se puede permitir que la gente siga transitando por calles de tierra.
- Me parece muy bien.
- También vengo a informarle que usted deberá pagar por el uso de las nuevas calles asfaltadas.
- Sí, por supuesto, nunca se me ocurriría usar algo sin pagar por ello. Y dígame, ¿cómo van a implementar el sistema de cobranza? ¿Van a instalar puestos de peaje?
- Justamente de eso venía a hablarle. Es mediante una tarifa bimestral. A usted le llegará la factura a su casa directamente.
- Ah, es una cuota fija. Bien, veré si esas calles me son de utilidad y me suscribiré al servicio.
- No se preocupe, usted ya ha sido suscrito automáticamente.
- ¡Espere un momento! Yo no pedí suscribirme a nada, y no pienso pagar sin antes saber si las calles son verdaderamente buenas. Exijo que me den de baja hasta que pueda decidir si quiero el servicio o no.
- No se puede dar de baja.
- ¡Cómo que no puedo darme de baja! ¿Y si considero que no son de buena calidad, o no les hacen el mantenimiento necesario, o el recorrido que hacen no me lleva adonde yo quisiera?
- Si usted considera que las calles no son de la calidad necesaria, o que no lo llevan adonde usted quisiera, podrá presentar una queja pero no darse de baja.
- ¿Y si yo directamente no quisiera usar sus calles? ¿No tengo derecho a abstenerme?
- No se preocupe que le aseguro que sí usará nuestras calles. Tenemos planeado rodear la manzana donde usted vive con ellas. Así que cada vez que salga de su casa, ya las estará usando.
- ¿Y quién les dio permiso? ¿Y si yo quisiera que fuera otra empresa la que construya las calles alrededor de mi casa?
- Sea cual fuere la empresa que lo haga, igual usted deberá pagarnos la cuota a nosotros.
- ¡No pueden obligarme a hacerlo!
- Claro que podemos. Si usted no lo hace, contraerá una deuda con nosotros. Y cuando la misma sea muy alta, nos quedaremos con su casa.
- ¡No pienso entregarles mi casa!
- Si no lo hace voluntariamente, enviaremos guardias armados para que lo saquen de la misma. Y si se resiste, quizás lo encerremos en una celda.
- ¡Eso es extorsión! ¡Ustedes son unos mafiosos!
- Nada de eso. Ya hemos hablado con sus vecinos y la mayoría están de acuerdo conque procedamos de esta manera. Así que no se trata de un acto mafioso sino del deseo de la sociedad.
- Claro, usted lo dice como si la sociedad fuera la fuente suprema de razón y moral, ¿no? Pero bueno, es verdad que no puedo oponerme al deseo de la mayoría, al menos no viviendo en sociedad. Aunque siga considerando que es un acto mafioso, es una mafia demasiado grande como para que yo me oponga. Y dígame, ¿de cuánto será esta cuota?
- Es un porcentaje de sus ganancias. Un porcentaje pequeño, no se preocupe por eso.
- ¿Y qué sabe usted cuánto son mis ganancias?
- Usted nos lo informará. Además pondremos gente a vigilar cuánto gana usted, y si vemos que nos miente quizás enviemos a nuestros hombres armados nuevamente.
- ¿O sea que también estarán vigilando mi vida privada?
- Solamente para saber cuánto gana usted.
- Mire, quiero que quede en claro que si acepto todo esto no es en forma voluntaria sino porque usted no me deja opción. Dígame cuándo me estará llegando la primera factura.
- Aquí la tiene. La traje conmigo. La primera cuota vence este mes.
- Espere un momento. Recién acabamos de venir de afuera y no recuerdo haber visto ninguna calle construida ni gente trabajando en ello. ¿En qué concepto me trae entonces la primera cuota?
- Ya le dije, estamos listos para iniciar la construcción, pero aún necesitamos el dinero para los materiales y para pagar los sueldos de la gente.
- ¿Usted me está diciendo que yo debo pagarles una cuota vitalicia por un servicio del cual ustedes tienen un monopolio, aunque no lo quiera usar, y que usarán la fuerza para obligarme a pagarlo, y encima que debo pagar por adelantado el dinero para que ustedes puedan iniciar su pseudonegocio conmigo? ¡Así cualquiera hace negocios! Usted no me está brindando ningún servicio. Solamente está esperando quitarme mi propio dinero para luego lucrar con él.
- Pero piense en todo el beneficio que las calles le traerán. Aumentarán su riqueza y la de toda la región. Si nosotros no organizáramos todo esto, usted nunca tendría las calles y se perdería de todos los beneficios que ellas le generarán.
- Si es tan beneficioso como usted dice, ¿por qué no me dejan elegirlo voluntariamente en vez de imponérmelo por la fuerza?
- Porque usted evidentemente no sabe qué es lo mejor. Confíe en nosotros, es por su propio bien.
- ¿Y por qué cree usted que yo no estoy calificado para saber cuál es mi propio bien pero que ustedes sí?
- No se preocupe que un comité de expertos en el tema son los que han decidido sobre esto. El comité sabe qué es lo mejor para todos.
- ¿Y quién certifica que ese comité sea tan bueno como usted dice?
- Han sido elegidos por votación de la mayoría de sus vecinos.
- ¿Entonces mis vecinos están indirectamente decidiendo qué es lo mejor para mí?
- Más bien están decidiendo qué es lo mejor para la sociedad, y como usted es parte de la sociedad, es por lo tanto lo mejor para usted también.
- ¿Y si mis vecinos decidieran que lo mejor para la sociedad es asesinarme, eso sería lo mejor para mí también?
- A veces uno debe sacrificarse por el bien de todos.
- Claro, usted lo dice cómodamente porque no es usted la víctima del sacrificio sino quien lucra con ello.
- Yo no lucro con ello.
- ¿No cobra acaso un sueldo por hacer este trabajo?
- Sí, así es.
- ¿Y ese sueldo no sale del dinero que usted me está cobrando con esta factura?
- Sí.
- ¿Entonces cómo me dice que no está lucrando?
- De algo debo vivir.
- ¡Eso no es excusa para la extorsión!
- Mire, si no le gusta puede irse a vivir a otro lado.
- ¿Y abandonar mi casa?
- De todas formas nos quedaremos con su casa si no nos paga. Así que si está disconforme puede dar su casa por perdida directamente.
- ¡Ustedes son una banda de ladrones, mafiosos y esclavistas!
- Usted no tiene autoridad moral para acusar a nadie de ladrón, ya que ha demostrado ser un codicioso que espera aprovecharse de los beneficios de las nuevas calles que estamos construyendo sin pagar por ello.
- ¿Ah, ahora resulta que el codicioso soy yo por no querer pagar por algo que no pedí? ¿Y qué hay de ustedes, que cobran sus salarios del dinero que me piensan quitar por la fuerza? Imagino que ese comité también cobrará de mi dinero, ¿no es así?
- Si, y de hecho cobran un salario bastante alto. Pero nadie aquí es codicioso. Nadie hace esto por la ganancia sino para poder vivir y por el bien de la sociedad.
- ¿Acaba de decir que el comité cobra un salario bastante alto, pero que no lo hacen por la ganancia?
- Claro que no. Ellos no tienen intereses egoístas. Ellos hacen todo esto por el bien de la sociedad. Por eso es justo que cobren unos sueldos altos. Además, al cobrar estos sueldos se evita que puedan tener intereses de lucro.
- Todo esto que me está diciendo no tiene el más mínimo sentido. ¡Es algo inaudito! ¡No es posible algo así dentro de un Estado de derecho!
- No, usted no entiende. Yo vengo de parte del Estado.
- ¡Pero hombre, lo hubiera dicho desde un principio! Tome, aquí está mi dinero.
- Muchas gracias.
- No, gracias a usted.

Gabriel A. Tarsetti

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