sábado, 3 de noviembre de 2012

Ceci n'est pas un article de la science-fiction




Este artículo no quiere repetir las diatribas en contra de la percepción deforme de los hechos artísticos en el público uruguayo en general, ya que esto mismo ya lo hicimos en el artículo sobre Gojira. Lamentablemente, no sé si por mi perspectiva inmadura, negativa y obsesivamente crítica (lo cual está mal, ya que estamos en una época de cambios y progreso y hay que mirar todo de forma cool y progresista), no puedo abarcar mi objeto de estudio sin remitirme necesariamente al marco socio-cultural en que estoy inserto y eso me hace ver con mucho odio y frustración que por lo menos no hayan ganado los Ingleses en 1806, para que hoy pudiéramos robarle su excelente cultura a Irlandeses, Escoceses y Galeses y decir que es nuestra. Este artículo vinculado con la Ciencia Ficción no se va a referir a la producción de literatura, cine o lo que sea vinculado a dicha corriente en nuestro país, como tampoco a analizar el fenómeno en general o en un caso particular, ni tampoco a lanzar el revolucionario manifiesto de la Ciencia ficción uruguaya con algún aditamento ideológico de tipo político, como C.F. con gauchos o ambientada en un rancho marginal, para decir que estamos haciendo algo de afuera pero nuestro, copiado pero original y servil al poder pero con esa pseudo-rebeldía pedorra que nos caracteriza. El artículo, más bien se centrará en las reflexiones que me produjera una escena que vi (o quizás viví, nunca lo sabrán) y que plasmo a continuación. El joven docente de Literatura (joven porque no es un viejo de mierda chupabolas del sistema, ya que de hecho tiene 9 años de experiencia), que hasta se atreve a vestirse como se le antoja, tener pelo largo y barba (ya estando recibido) y decirle a los alumnos que también le parece un desastre que en un liceo público los obliguen a usar uniforme, se encuentra leyendo. La directora del establecimiento se acerca al joven docente, esperando ver algo como Mario Benedetti, estos novelones realistas nuevos con bobadas “tolerantes” sobre mujeres, indios y gueys o un clásico del estilo de Shakespeare o Cervantes. La directora se encuentra con que el joven lee “La balada de Beta 2” de Samuel R. Delany, encima en una edición que tiene un dibujo muy bien logrado ¡con una calavera con cabellera y ropa, que sostiene una pistola de rayos, con una actitud lacónica y soñadora, con el fondo de un sol naciente! ¡Fantasía! ¡Imaginación! ¡Fuera de una óptica infantil! ¡Y con un esqueleto! ¡Qué locura satánica! La directora, entre la risa, el asombro y la desaprobación (sobre todo esto último) pero con una despectiva sonrisa de superioridad en la careta, pregunta al joven docente qué lee, a lo cual el joven explica sin muchas ganas y viendo la actitud de la otra, que es una novela corta de ciencia ficción, aclarando que el género le gusta mucho (la C.F. es de hecho una corriente pero incluso los docentes son tan imbéciles que como todos los críticos le llaman género, ellos también aunque esté mal y si el joven le decía corriente a la directora no iba a entender de qué le hablaba e iba a pensar algo vinculado a enchufes). Riéndose (quién sabe de qué) la directora, que como el joven profesor es docente de literatura, le dice: - ¡Aaaaaaaaay! A mí la verdad que si me hablás de un Ray Bradubury... ¡Me saco el sombrero! Pero la Ciencia Ficción en sí no me parece... (sonido entre risa y atragantamiento con semen del inspector) Yo la verdad que no leo nada de Ciencia Ficción. ¡No! No le encuentro valor alguno. Y se retira sin que el docente le conteste nada más que un seco “bueno”, ya que para qué se iba a molestar en intentar dialogar con una persona así. Sin embargo el joven reflexiona e incluso confirma ciertas reflexiones que rondan en su cabeza hace tiempo: 1) Como con las vanguardias y sobre todo “Los futuristas y surrealistas (los de verdad, no Dalí ni Lorca)”, los docentes de muchas asignaturas se llenan la boca hablando de la C. F. e incluso abriendo juicios de valor condenatorios, cuando simultáneamente pueden (muchos deberían) llegar a reconocer que no conocen aquello de lo que están hablando y apenas lo han leído. 2) Como ocurre con Dalí y Lorca al hablar de las vanguardias, la gente cree que conoce C.F. por haber leído al viejo pedorro de Ray Bradbury, que debería haber muerto ya en los sesenta cuando se volvió Corin Tellado con un robot y un platillo volador o dicho más catedráticamente, es tan representativo de la C.F. Como Mark Twain de la novela pornográfica Bielorusa del siglo XVII. Incluso quienes conocen un poquito más no llegan a saber ni quién corno es Spinrad o Vonnegut, Mc Kee Charnas y de seguro capaz que ni sacan a Matheson (y no estoy hablando de autores menores o poco conocidos) y si más o menos manejan a Aldiss, Asimov o Dick es sólo a partir de los films jolibudenses que se ruedan sobre sus textos. Y ni les hables de sub-corrientes dentro de la C.F. Como el Cyber punk (menos del Steam Punk) porque con mucha suerte conocen y sólo de nombre a Gibson y en cine deben pensar que el mayor exponente es “Robocop” de Verhoeven, sin soñar que la mayoría ni deben conocer que exista algo como cómic o animé (le deben llamar “dibujitos chinos” a cosas como Pokemon y Naruto) y menos cómic o animé Cyber o Steam Punk. 3) De lo anterior se desprende que el horizonte de expectativas del promedio del uruguayo e incluso del profesor de literatura uruguayo, ante una obra de Ciencia Ficción es encontrarse con una berretada pulp de esas que pasan en la tele, llena de tiros de rayos láser, argumentos rayanos a la estupidez, refrites de historias medievales y románticas, maniqueísmo... digamos, con algo del estilo de Ben 10. 5) Vinculado con el ítem anterior y siguiendo la cadena lógica, la gente se puede tomar la libertad poética de decir -por ejemplo- que a) Mario Levrero fue el creador de la Ciencia Ficción uruguaya (no porque hiciera mierda pulp, si no porque al no ser realismo y necesitar encasillarlo les salta por ahí, sin más) o b) que la película Eraserhead de David Lynch es una práctica de C.F. Surrealista en un decorado futurista y a veces hasta Cyber Punk. (en serio, hasta lo llegué a ver escrito) Y también c) a repetir la manga de huevadas del manual para mediocres sobre C.F. que escribiera Álvaro Miranda, en el cual afirma que en la Biblia los carros de fuego son elementos de C.F. (no es un pensamiento original de él, lo copió) y de seguro también la metáfora “En tanto que de rosa y azucena / se muestra la color en vuestra frente”, ya que remite a la eugenesia para convertir seres humanos en humano-vegetales simbióticos. 7) Que en el Uruguay, la poco transitada corriente sea sobre todo reconocida por el público por el deprimiente corto (que en realidad es un videoclip de Snake) “Ataque de pánico”, vacuedad cagada de efectos especiales que catapultó a sus creadores de la O.R.T a Hollywood. O con suerte a las discusiones entre Sanchiz (con el que comparto varios puntos) y Bayeto, cuando mucho a los cuentos de realismo mágico bolchevicoso con elementos de C.F. Bradbureanos de los integrantes de la desaparecida revista “Smog”. 10) Eso lleva a que el público general desconozca casi del todo un inimaginable mundo en el que las temáticas, procedimientos literarios y sobre todo la reflexión y proyección sobre temas, no sólo científicos, si no sociológicos, filosóficos, antropológicos y un larguísimo etcétera, se presenta con una variedad, vigor y originalidad cada vez mayor e incluso probablemente con más fuerza que en cualquier otra vertiente de la Literatura contemporánea. Lo cual por ende lleva a que 11) La mayor parte de la población uruguaya desconozca uno de los ejercicios de especulación y epistemología más ricos de la creación humana hasta la fecha y de seguro (aunque no niego que existan otras formas de llegar a las mismas conclusiones), como seres humanos siguen siendo unos cavernícolas que no pueden proyectar su pensamiento más allá de lo meramente factible y “pensable” por los ideologemas dentro de los que están insertos, generalmente, formas de embrutecimiento impuestas por el sistema para controlarlos y hacerlos bestias que producen y consumen sin poder cambiar nada en sí mismos ni afuera. De manera tal que los tipos son tan borregos, que como con muchos elementos que podrían apoyar la emancipación individual y colectiva, terminan creeyendo que la C.F. son los Power Rangers o una futilidad así, ignorando que desde los adelantos tecnológicos pensados antes de su existencia real por Verne, pasando el Gran hermano y el estado tecnológico totalitario disfrazado de socialismo de Orwell, hasta el concepto de Internet que Gibson vislumbrara (entre otras cosas) en Neuromante, el mundo está lleno de fenómenos prefigurados y sumamente reflexionados por la C.F. No obstante, para esa misma gente, quedan sin ser algo más que una imposición vertical o un hecho social inevitable, mientras obviamente, una pequeña minoría los utiliza de forma nociva para los demás y beneficiosa para si mismos, sin que nadie pueda evitarlo. Bueno, al final el artículo sí terminó rozando una cantidad de puntos que yo dije que no iba a tocar, cuando arranqué diciendo que no quería putear de vuelta mi querida sociedad. Pero que el marco del objeto de estudio... pará. ¿Cuál era el objeto de estudio? Bueno, no sé. Me parece que me fui un poco para cualquier lado.

Jorge "Pollito" Manco.

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