domingo, 16 de septiembre de 2012

Juanin



-¡Qué hacés chupaverga de mierda! -díjole Pascualito al cruzarse con su querido amigo Eusebio Sepúlveda- ¡Espero que andes como el culo, culoroto que te cogen todos los negros del cante, juntás toda la leche de negro en el orto y después la largás para afuera, la ponés en un vaso y la tomás como si fuese chocolatada! ¿Por qué no te vas a suicidar un ratito y cuando volvés no me chupás bien la pija sin forro, así te contagio ladillas inmunológicas y tenés que terminar pidiendo plata en la puerta del local de la Teletón del Prado para poder hacerte un cambio de sexo y así ir a changar a Bulevar y que alguien te levante? Pero ni así... tenés que pagar para que alguien te coja mugriento de mierda. Andá a comprarte una vida con tu hermana el chango, de esas de dos por diez en la feria.
-Y vos sorete recalcitrante que el Goyo Álvarez te despreciaba ¿estás entrenando para la Olimpiada de pajas o es que sos tan retardado puto y deforme porque tu madre te quiso abortar de ocho meses haciéndose dar por un elefante africano y te quedó la leche podrida en el cerebro? ¿Te regalaron huevo de pascuas este año? Mirá que si no yo acá tengo dos y si me chupás la pija te los meto hasta la garganta, cosa que te ahogues y ahí te cojo después de muerto, te corto en tiritas y me hago una cortina de flecos para el almacén donde vendo la merca que tu madre trajo al país adentro de la concha y encima le sobraba espacio, chupaverga de mierda. ¡Andá a hacerte dar por Sánchez Padilla para que te regale un pegotín de “Yo soy uno de los ocho” y te lo ponés en el orto para no andar chorreando más leche por la calle y por la barra brava de la Amsterdam donde hacés el chango! Le ganás a Tusam en una competencia de tragasables... -contestóle su amigo.
El vecindario entero y entre ellos el pequeño Juanín el adolescente atribulado contemplaban la bella escena de amistad, que sin embargo se vio interrumpida, cuando pasó por en frente a los amigos María Virtudes Cilantro, la chica a la cual Eusebio pretendía. Ante las miradas cómplices de su amigo y de todos los vecinos, Eusebio se dirigió hacia la chica y metiéndole una mano para adentro de la vagina, díjole:
-¡Cómo te queda esa calza pedazo de una puta de mierda! ¡Estás regalada como perejil de feria! ¡Se te ve hasta el útero y te puedo leer los labios y encima es blanca... Me dan unas ganas de cogerte por el culo hasta sacarte mierda con la cual hacer brownies para todos los pendejos desnutridos del barrio y dejarte tirada boca arriba en una volketa que no puedo más chupaverga de mierda! ¡Vení para casa que te doy un kilo de plasticina y cagás a todos los personajes de selkirk y después te meto un brazo en el culo y hacemos el show de Chirolita y Chasman!
Halagada pero deseando hacerse la difícil para prolongar el cortejo, la chica contestó:
-¡Dale! ¿A ver? Mirá que te aguanto a vos y a todos tus amigos si querés... Pero ¿Estás seguro que la tenés grande? Por qué con las tetas que tengo si me la metés para hacerte una rusa y se te pierde te la corto y me la guardo para metérsela en el culo a tu hermana cuando me la tortilleo. Mirá que yo no soy como tu novia: a mi me la metés hasta la garganta y me meas adentro así me hago gárgaras para la tos o fuiste...
El barrio entero se enorgullecía de que la niña que habían visto crecer hubiera aprendido tan bien las normas de virtud y dignidad difundidas a la sociedad gracias a Tinelli, la cumbia villera y los filósofos existencialistas y esperaban ansiosos ver el final de tan tierno idilio; más Juanín el adolescente atribulado, harto de fingir dejó la pipa de pasta base sin fumar en el cordón de la esquina y se dirigió a su casa. Abrió la puerta y encontró a sus padres mirando la nueva tele de citoplasma mientras su hermana a escasos metros se hacía dar por un chorro del barrio y tratando de llamar la atención de sus progenitores les dijo:
-¡Mamá! ¡Papá! ¡Los quiero! Me siento feliz de que me comprendan, aunque sé que a veces me rezongan y debería cuestionarme sabiamente -aunque ustedes no lo hagan y predicando con el ejemplo- si no seré yo realmente quien me equivoco y no sea que ustedes no me comprendan o me repriman. He pensado muchas veces que quizás bajo la excusa de que me dan todo, no saben que hicieron mal para que yo sea así y de que ya no saben que hacer conmigo, en realidad encubren la responsabilidad de vosotros mismos y de la sociedad entera de que todo esté programado para que cuando somos jóvenes se vean como errores de adolescente aquello para lo que ustedes mismos nos educan, incluso aquello que ustedes predican con el ejemplo y que es completamente contrario a lo que dicen frente a nosotros... Pero no quiero irme en vanas palabras y me gustaría que supiesen que estoy completamente dispuesto a que nos sentemos a dialogar en un ambiente de tranquilidad, sinceridad y comprensión para solucionar este problema todos juntos y quiero que sepan que los respeto y los aprecio, comprendiendo las limitaciones de tener una educación distinta a la mía y también los prejuicios propios derivados de ésta, de sus edades y su clase social. Quiero, decía, dialogar esperando que ustedes hagan lo mismo conmigo, sin necias posturas para intentar tener razón basándose en prejuicios derivados del etarismo y de la posición de poder jerárquico que nuestra sociedad predica que los padres deben tener con respecto a sus hijos, aunque no cumplan con muchas de las obligaciones que deberían y ésta sólo emerja arbitraria y violentamente cuando deben reprimirnos por los efectos de vuestra falta de solvencia como progenitores...
La quinta vez que Juanín repitió este correcto discurso (sin intentar levantar la voz sobre el volumen de la tele para hacerse oír), su padre le dijo: “¡Recién llegué de trabajar y ya estás jodiendo guacho de mierda! ¡Dejame mirar la tele! ¡No tengo derecho de disfrutar de las cosas que compro con mi plata!” pero esto fue porque no había escuchado bien a Juanín y no se había percatado de lo que este decía. La vigesimosexta vez que Juanín repitió el discurso, sus padres si lo escucharon porque justo estaban cambiando de canal y enfurecidos, contestaron en forma congrua con el atrevido planteo de su vástago:
-¡Querido hijo! ¡Haznos el favor de no insistir en las ideas anteriormente planteadas ya que nos estás respetando y esto nos hará estar tranquilos y en armonía como familia!
Juanín, replicó:
-Pero... Padres, les pido por favor me escuchen, si no es demasiado pedirles...
-¡Dejate de hablarnos bien o nos vas a hacer poner tranquilos!
-Pero... Sólo os pido que considereréis la posibilidad...
-¡Juanín! ¿Dónde aprendiste a hablar con esa cortesía? ¿Acaso alguna vez nosotros te respetamos? Sí seguís así nos vas a hacer tener una reacción coherente y razonable... ¡mirá que nos estamos tranquilizando! ¡No nos hagas hablarte con tranquilidad y buenos modos!
Pero Juanín no pudo reprimir sus impulsos y continuó hablándoles bien, por más que intentara putearlos todos. Por lo cual, sus padres que eran más sabios que él, decidieron tomarse las cosas con ira y estupidez y no seguir hablándole bien y sentenciaron:
-¡Chupapija de mierda! ¡ojalá te hubiéramos abortado por el culo! ¡La chupaverga de tu madre me dijo que de última servías pa cobrar la asignación cuando tenía la plata para pagarle a Doña Pocha y que te deshiciera con agujas de coser hijo de puta! Te vamos a meter del forro de la pija en un taller de expresiones plásticas si seguís hablándonos bien y respetándonos! ¡No nos hagas hablarte bien!
Pero Juanín siguió sin poder evitarlo y con lágrimas en los ojos les dijo que los quería y respetaba. Esto fue la gota que derramó el vaso (en realidad lo que se derrama es el líquido que contiene el vaso, lo que puede en todo caso tirar el vaso es la gravedad y no una gota que rebase su capacidad contenedora de líquido) y hasta su hermana, sin terminar de dejar eyacularse en la cara intervino en la reyerta, siendo secundada por su amante de turno.
-¡Basta! ¡Estoy en calma! ¡Estás todo el tiempo siendo cortés y haciendo las cosas bien y papá y mamá no hacen nada! ¡Yo te voy a tratar bien!
Juanín, que no había visto a su hermana en todo el día le dijo:
-Hola ¿Como andás?
El ocasional amante de su hermana que no lo toleró intervino diciendo calmadamente:
-¡No puedo concebirlo! ¡Es demasiado respeto! Te ve que estás con tu macho y adelante de tus padres te dice “hola” en vez de “Andá a la concha de tu madre”. ¡Este postpúber no está drogado, no anduvo fumando pasta base! ¿No se dan cuenta?
-¡Esto ya me tiene calmado y razonable! -argumentó su padre, mientras su madre afirmaba con la cabeza- ¡Tu hermana nunca nos hizo esto! Le va mal en el liceo, nos roba plata para drogarse y ya se hizo cinco abortos! No vamos a sacrificarla para que vos estés sib fumar pasta base y haciendo cosas productivas por tu vida todo el día.¡Vamos ya a internar a Juanín en un manicomio!
Y así fue que Juanín pasó encerrado varios años disfrutando de tranquilidad, paseos al aire libre, apreciación de obras de arte, compañerismo y charlas filosóficas con un montón de personas razonables como él, hasta que un grupo de especialistas estatales dictaminaron que ya había perdido muchos años de su vida; los suficientes como para no poder reinsertarse dignamente en la sociedad que lo había excluido o si quiera realizarse como persona y lo dejaron salir; cuando la única alternativa que le quedaba, era apenas sobrevivir en la miseria material y espiritual, trabajando de supranumerario en una multinacional, como todos los demás.
Juanín, feliz, al ver como le agradeció a sus padres, vecinos, compañeros y allegados diciéndoles:
-¡¡¡¡LA CONCHA NEGRA DE SU MADRE MANGA DE HIJOS DE UN VAGÓN DE PUTAS!!!

Jorge "Pollito" Manco y Piero Di Lorenzi

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