jueves, 27 de diciembre de 2012

Audriana Záñez
Una vez me quemé con aceite caliente pero muy caliente y me quemé mucho pero muchísimo. El sartén no se dio vuelta pero la enrome empanada que pretendía sacar de dentro de él se cayó como una bomba de entre los tenedores con que la aprisionaba y su volumen desplazó de golpe casi todo el aceite para afuera. Mi fortuna, es de todas formas irreprochable: tuve los reflejos, la velocidad o la suerte suficiente como para saltar para atrás y que el vómito de aceite hirviendo me llegara al brazo muñeca para arriba y no a la cara. Y vaya si esto último marcó una importantísima diferencia. La quemadura hubiera tenido severísimas consecuencias si no hubiera recordado de golpe un curso de primeros auxilios que había hecho hace años y que nunca recordaba para nada. Metí el jarro lo más rápido que pude en una jarra de agua, helada hasta que se me enfrío lo suficiente para que ya no ardiera y después de robar abundante áloe en una iglesia de cerca de mi casa (en el curso habían hablado de cremas asequibles en Farmacias y al lado de la iglesia había una pero yo no tenía plata), me embadurné el brazo en su savia, la cual mi piel devoraba como un borracho el vino. A la tardecita, la quemadura no me picaba, ni me ardía, ni se había infectado. Eso sí, me había salido una ampolla que no quiero describir de manera figurada. Para que se tenga una idea objetiva, sólo diré que era casi esférica y que lo hubiera sido si en mi brazo, por debajo del nivel de la piel hubiera tenido unos cuantos centímetros cóncavos. Tenía un diámetro de unos cuatro centímetros y unos tres de altura , o sea de hinchada con respecto a mi muñeca. Era grandotota. Mi ampolla y yo nos llevábamos muy bien. Pasé mucho tiempo mirándola, apreciando sus cambios de tamaño, los brillos y la traslucidez que tomaba con la incidencia de la luz, apreciando su suavidad y textura, pasándole el dedo, acariciándome la cara con ella o lamiéndola; mientras atravesaba uno de los períodos más complicados de mi vida. En su senectud, mientras apreciaba los cambios en aspectos ya mencionados como su textura, etc., acostumbraba moverla rítmicamente y como la piel estaba ya floja y el líquido se amontonaba colgando abajo, yo embromaba diciendo que tenía tres huevos. Finalmente, la vi llorar líquido por mi brazo para abajo, del cual tomé unas gotas y luego dejándome una cascarita que se caía de a poco, dejando ver pedazos de piel nueva (me comí unos pedacitos de esa cascarita y la recomiendo es saladita y crocante). Antes de hablar de Audriana Zañez, voy a decir unas palabras más sobre mi ampolla y yo, relativas a las reacciones de la gente ante la misma (la ampolla, no Audriana). En las primeras ocasiones de mostrar mi ampolla al mundo, las caras y las reacciones fóbicas de los demás me molestaban bastante. En la calle, en los negocios, en el trabajo y sobre todo en el ómnibus parecía tener una especie de estigma del demonio, ante el cual ponían un pavor que indignaba y daba ganas de preguntarle si es que nunca habían tenido una ampolla o razonado que como las hay chiquitas también las hay enormes, aunque es evidente que pensaban que debería ser un cáncer, lepra o sida. A su vez (y esto me molestaba más) junto con el desagrado que mostraban por haberlos expuesto a tal macabro espectáculo o peligro mortal, no podían dejar de mirar la ampolla con un morbo parecido al de los que miraban a los fenómenos en los circos del cine expresionista. Pasado un tiempo, mi enojo fue desplazado por una extraña necesidad de disfrutar y aprovechar la situación. Valiéndome de la estupidez de la gente, ponía la ampolla bien expuesta cuando me sentaba en asientos dobles del ómnibus y lograba así viajar sólo, incluso en ómnibus repletos y en viajes largos, mientras guachitas de doce años y viejas se quedaban paradas adelante del asiento mirándome fijamente el brazo pero agarrándose del fierro bien estiradas como para que la ampolla no las rozara. También logré pasar antes en la cola del supermercado, cuando al verme sumarme a la fila, la gente se acordaba toda de golpe que se había olvidado de algo. En un momento pensé en pegarle un rectángulo de cartón alrededor de la ampolla y pintarlo como si fuera una tele, para que se sintieran todos más a gusto con el marco adecuado al tipo de espectáculos que les gustaba consumir pero el desquicie en mi no fue el suficiente en ese momento. Si mi ampolla había generado tanto en los demás, no imagino lo que ella podría haber suscitado ante los ojos crueles de la gente, ni cuanto o qué habrá sufrido en su vida. Cuando encontré a Audriana (que en ese momento no se llamaba así), estaba volviendo a “Las cuevas” y mi vida había cambiado mucho con respecto a una o dos semanas antes, cuando aún tenía la ampolla. Como le puede pasar a cualquier uruguayo y sobre todo a aquellos que no se bajan los pantalones ante la espiral ascendente de la esclavitud a la economía de consumo y “bienestar” social (aunque también le puede pasar a los que sí se los bajan), me había convertido en un indigente. Fue en ese entonces que nos conocimos pero antes que nada, debo explicar quién era ella, aunque de esto me enteré después de conocerla. Nació con 27 años en Febrero del año 1968. Desde su nacimiento fue un ser bastante peculiar. Por ejemplo, su sexo era tan difícil de determinar como el de un gatito bebé, por lo cual las parteras, médicos, padres, madres, tutores, etc. estuvieron pasándose el neonato unas buenas horas, discutiendo y estando seguros sólo por un rato de si el bebé era nena o varón; para luego mirarlo bien de vuelta y concluir que estaban equivocados una y otra vez, como si a propósito la criaturita cambiase de sexo para embromarlos. A tal punto llegó la indecisión del bebé por presentar genitales externos de uno u otro género que todo el hospital estaba en la sala de parto, debatiendo e incluso corriendo apuestas acerca de si tenía un clítoris superdesarrollado o un pene atrofiado, hasta que el nosocomio entró en caos y tuvieron que parar las elucubraciones para atender recién operados que corrían por el pasillo buscando morfina, embarazadas que habían parido solas y muertos sentados en la sala de espera. Dada la indecisión de los adultos, decidieron ponerle Gabriel, cosa que si era varón tuviera nombre de varón y si era nena se lo escribían Gabrielle y se lo pronunciaban igual, para no desacostumbrarla y que no respondiera como cuando a los perros les cambian de “Manchita” a “Auringonvalo”. Este cuidado por parte de sus progenitores de poco sirvió, ya que como sabemos, al cumplir la mayoría de edad, nuestro personaje cambió su nombre al de Audriana, que quedaba muy bien con su aspecto de mujer con bigotes prolijamente afeitados todos los días. En el registro civil, la tarea fue más penosa, ya que el estado se negaba a poner casilleros que escaparan a las dicotomías maniqueas y en ningún formulario había un cuadradito que dijese “Hermafrodita”, “Androgino” o “Indefinido”, aunque de seguro ahí también se les armaría porque no sabían cual de esos tres era Gabriel(le), que aún no era Audriana. Si bien podría contar un montón de peculiaridades en la vida de este ser (considerando que no las sé todas, si no serían muchísimas más), debo aclarar que sólo me concentraré en la dimensión de su existencia que más me llamó la atención cuando recién la conocí y que sólo comprendí mucho después, no sólo porque me contara o explicara, si no por una cantidad de percepciones irracionales y no trasmisibles que ustedes de seguro nunca podrán lograr de mí, ni del contacto con Audriana como el que yo tuve, dado que ya no está entre nosotros. Es extraño de explicar pero en sus palabras, más o menos lo que le pasaba que al tener una formación anormal en el lóbulo temporal no percibía el paso del tiempo, ni tenía demasiado desarrollada la capacidad intelectiva para poder asumir la demarcación arbitraria del tiempo por parte del ser humano (era común que de joven dijera que llegaba en quince minutos y llegara en quince días), por lo cual en su interior había algo que luego los especialistas (véase Bascher, 2012, pag. 52 y ss.) convinieron en llamar “Edad sistémica interna”, que la mantuvo en los veintisiete años desde su nacimiento hasta muchos años después. Luego de que Audriana ya no estuviera entre nosotros, hablé con Cantos, quien había tenido acceso a las poquísimas publicaciones sobre el tema y algunos estudios sobre Audriana que en su momento fueron de reducidísima circulación y luego fueron destruidos. Cantos me dijo que Meyer, citando a Kakalios aseguraba que parte de la temporalidad en el ser humano devenían de la percepción interna de esta especie acerca del paso del tiempo en forma consciente o inconsciente, ya que carecemos de la temporalidad no lineal o “descontrolada” de los animales y más aún de la nula noción del tiempo de vegetales y minerales. Cuando Gabriel(le) vivía en sus veintisiete años permanentes (nunca se llegó a e explicar el por qué de esto), al parecer tenía una vaga conciencia de tener esa edad, que no coincidía con su edad cronológica y una sicología acorde a la misma pero no obstante por más que pasaran los años nunca pareció a aparentar más de los quince años que físicamente adquirió a los dos meses de nacer. No sufría desgaste físico, mental ni ninguno de los asociados al crecimiento en el ser humano. Cuando hablábamos sobre lo que Meyer decía que decía Kakalios, yo le dije a Cantos que más que una falta de conciencia o capacidad de comprensión del tiempo humano, que trascurre linealmente “hacia adelante” y como tendiendo a un “progreso” o “fin”, la diferencia en Audriana radicaba en que algo cerebral, físicamente la hacía inmune a dicha temporalidad y de ahí radicaba su conciencia de un tiempo distinto y negador del nuestro; ya que muchas personas en coma o con deficits de coeficiente intelectual no comprenden o perciben el mismo y sin embargo envejecen, al menos físicamente, como cualquiera. Cantos me dijo que hablaría de eso con Pérez y luego de un tiempo me dijo que Pérez había leído una teoría similar en Jameson (1999 pag. 329 y ss.), la cual luego de conseguir muy dificultosamente una fotocopia del libro consulté y vi que no sólo coincidía con la mía, si no que incluso lo fundamentaba con citas de Bascher, que increíblemente afirmaba que Cantos le había dicho anteriormente a Meyer y Engelman algo que sólo yo sabía, a saber, la creencia de Audriana de que parte de su inmunidad al tiempo devenía de las épocas en que siendo Gabriel(le) componía temas en guitarra que en vez de tender a desarrollarse en el tiempo tendiendo a un final y bla, bla, eran más bien como una especie de cosa circular y que no puedo explicar con palabras. Como yo le había dicho a Pérez una vez, Jameson decía que Bascher decía que Cantos le había dicho a Meyer y Engelman que esa forma de componer música, justamente devenía de su formación anómala (yo diría diferente) del lóbulo temporal y no lo contrario, o sea, que su peculiaridad en cuanto al paso del tiempo deviniera de que ella compusiera ese tipo de música o que no tuviera conciencia de nuestra delimitación del tiempo. En todo caso lo importante es que cuando conocí a Audriana (que aún era Gebriel(le)) tenía 27 años hace 38 y físicamente parecía de no más de quince. De todas formas, hablaré de esto más adelante, ya que quiero explicar mi posición sobre lo que finalmente ocurrió con Audriana, aunque luego de su desaparición ya nadie pareció ocuparse o interesarse por el tema. Si bien Lockhart tanto en su libro como en su programa de televisión, se encargó de asentar en el imaginario colectivo, una historia absurda y romanticona de una especie de Audriana como un travesti alienígena que un día se quedó esperando un artículo en la caja de un supermercado embrujado, ya que nunca se había percatado de que para comprar algo debía dar dinero a cambio y que en esa espera comenzó a tomar conciencia de la temporalidad y por tanto murió voluntariamente, desilusionado/a de la forma de vida humana; los hechos fueron muy distintos. Poco tiempo después de conocer a Gabriel(le), me contó que había conocido o se había enamorado de un hombre. No puedo afirmar si este hecho y los que vienen a continuación tienen una relación causal o sólo fueron hechos cercanos o yuxtapuestos temporalmente pero lo cierto es que la próxima vez que vi a Gabriel(le), su indefinición se había cambiado por una marcada femineidad, aunque eso si, ella era una mujer extraña de apariencia pero ahora ante cualquier control médico se podía constatar que tenía todos los órganos propios de una mujer sin que sobrase o faltase ninguno, más allá de que sus hormonas no eran exactamente las que se encontraban en el cuerpo de los demás seres humanos de ningún sexo. Su mentalidad en muchos aspectos retornó a la de una chica de quince años (aunque muy inteligente y madura) y luego de tres años, cuando uno ya veía una chica de dieciocho, decidió desobedecer a sus padres y pedir un cambio de nombre ante el estado para rebautizarse Audriana. El crecimiento de Audriana se comenzó a notar como nunca antes y si bien para alguien de 42 años no estaba mal aparentar 18 o 19, aunque siempre seguí considerándola una persona sumamente inteligente y elevada por sobre la mediocridad común, comenzó a a tener algunas actitudes entre divertidamente desquiciadas y superficiales que algunos identificaron con manipulación mental y otros con brujería y yo no sabría decir con qué, aunque poco importaba ya entender del todo a un ser que se había transformado en otro y aparentaba casi treinta años menos de los que tenía. Por ejemplo, cuando sus glúteos empezaron a caerse, era común que cuando Audriana estaba interesada en que alguien que la estaba mirando de atrás viera la elogiada colita que tenía a sus 15/27, agarrara dos pedazos de papel que siempre llevaba consigo, recortados más o menos con el tamaño de su cola actual y los mostrara, para cuando la persona los miraba, superponerlos hasta lograr el tamaño adecuado, haciendo que al volver a mirarle el trasero, la persona viera el tamaño logrado por el papel y no el que había visto anteriormente (lo presencié personalmente y también lo cita Ikuri, 2008). Lo cierto es que más o menos por esta época, Audriana comenzó una relación con un hombre, aunque nunca me confesara quién era este hombre o si la relación era real, virtual o imaginaria. Poco a poco, ligado a estos últimos cambios en su ser, Audriana decidió emanciparse de sus padres octogenarios y comenzó a procurarse un trabajo. Esos fueron días duros para mi amiga. Recuerdo largas conversaciones algo doloridas en que ella sola, de a poco o con mi ayuda se empezó a dar cuenta de cosas que nunca había tenido en cuenta o siquiera pensado o imaginado. Al prinicpio, yo empecé a pensar e una brutal falta de sentido común o un retraso mental pero escuchándola bien, comprendía que muchas veces el problema es que yo (y todos los demás) tomábamos por dados a causa de la costumbre, cosas sumamente absurdas e irracionales. Creo que la decadencia de Audriana, tuvo algo que ver con el trabajo. Aunque lo entendía sumamente absurdo, no le quedó otro remedio que someterse a que su tiempo, el tiempo en el que se desarrollaba su vida fuera invertido más de lo que ella podía soportar en hacer lo que otros le exigían que hiciera a cambio de una paga que no le devolvía el tiempo, que ahora estaba entendiendo que se le iba, sin alcanzarle ni siquiera para reponer energías antes de volver a trabajar. Creo que por esa época intenté explicarle que todo eso la humanidad lo sabía y lo sufría desde hace años y no sé si fui yo que le presté “El capital”. Sólo me acuerdo de la cara de Audriana, tirando el libro para cualquier lado y diciéndome algo como “No entiendo porque si todo el mundo lo lee tanto las cosas siguen siendo igual que antes pero a lo zorro”, haciéndome sentir como un imbécil. Audriana, poco a poco empezó a vivir como todos. Aprendió a apurarse para llegar a la hora que el reloj debía marcar para tomar el ómnibus, a darse cuenta de que no le quedaba tiempo para todo lo que hacía antes de que su tiempo fuera de aquellos para los que trabajaba. Comenzó a engordar y perder su belleza aceleradísimamente. Aunque hasta el último día yo la consideré una persona sumamente inteligente e interesante, su siquis también empezó a ajarse lentamente, como su humor y su personalidad. La última vez que estuve en su casa, en su tiempo de licencia laboral la encontré abúlica, tirada en la cama, con la apariencia de una mujer de sesenta años o más y la cabeza apoyada e un Dvd de Stephen Hawkings, otro de la película “El extraño caso de Benjamin Button” y una edición nuevita de “El retrato de Dorian Gray”. Un montón de macetitas, vasos y floreros con plantas y algunas bolsas de tierra ocupaban una gran parte del cuarto. No sé si estaba desvariando, aunque me lo pareció en un primer momento. Me hablaba algo de unas investigaciones que estaba haciendo intuitivamente y que eran su última alternativa o salida, no recuerdo bien que palabra utilizó. Me decía que si se alimentaba de vegetales en estado puro, no hacía nada más que yacer en el agua hasta generar sustitutos orgánicos de raíces y luego se metía en tierra, procurando que le llegara agua y sol por un buen tiempo, probablemente se convirtiera en una planta; proceso al que no se sometería antes de olvidarse del todo del asunto del tiempo, para no contaminar biológicamente por dicha estructura mental la nueva forma de vida en la que se convertiría. Ese día, sin que yo le diera demasiada trascendencia, Audriana se despidió de mi “por las dudas”. Un buen tiempo después, la familia de Audriana (que no sabía de mi existencia), de alguna manera se enteró de mi y me contactó. Me explicaron que “Audriana ya no estaba más entre nosotros” pero en ningún momento hablaban de que hubiese muerto e incluso me preguntaban si sabía a dónde se podía haber ido. Como empecé a entender que el “no estar más entre nosotros” capaz que no era el eufemismo que esperaba pregunté que mierda le había pasado y me explicaron, no de muy buena gana, que había desaparecido sin dejar rastro y que las únicas pistas que encontraron fue ron un montón de plantas sumamanete extrañas, procedentes sobre todo de África (y algunas desconocidas), tierra con procesos químicos rarísimos y agua por toda la casa. Sin nunca declararlo del todo, creo que los padres me dejaron entrever que no les sorprendía para nada que Audriana se hubiera transformado en una planta y me dijeron con algo como una enorme paz que si bien las plantas estaban en alguna oficina de investigación estatal, ellos se habían quedado con algunas macetas y brotes sacando raíces en vasos de plástico y hasta me regalaron unas semillas que sacaron de una enorme flor que ningún perito supo decir qué era con certeza. Ahora que saben quién es o era Audriana, vuelvo al día en que la conocí. “Las cuevas” era un lugar donde unos pocos pordioseros nos refugiábamos del calor o de las excesivas lluvias y eran en realidad, los huecos entre la estructura caída de un puente sobre un arroyo seco, pasando un baldío de espinas y pasto alto como una persona a un costado de la ruta nueva. No sabría decir por qué, pero todos los que íbamos ahí, éramos por así decirlo, pichis con alguna profesión o estudio y no me sorprendió ver algo como una silueta de alguien dibujando adentro de una cueva, lo cual no es común ver en los pichis de otros lugares. Obviamente luego de enteré de que ella no era una pichicoma, si no que había ido ahí simplemente a dibujar. Sin embargo, reitero, no me sorprendió ver esa figura dibujando, muy borrosa. No me sorprendió cuando al acercarme vi una figura flaquísima con una cara que no se sabía si era de un varón afeminado o de una nena, un pecho de hombre delgado y una delgadísima joven de la cintura hacia abajo. No me sorprendió nada de eso, ya que en ese momento estaba casi tan ciego como ahora pero a diferencia del hoy, no tenía lentes y podía ver cualquier cosa. Me sorprendió justamente, que no la vi con los ojos, si no con el olfato. No sé cómo explicarlo pero la percibí, la conocí con la nariz y no con los ojos. En ese momento mi olfato se agrandó, se volvió un sentido tan o más potente que el de la vista y el oído juntos, saliendo de su más o menos relegada posición y me pareció que podía conocer los detalles más ínfimos del ser de Audriana (perdón de Gabriel(le)) por los olores. Sentí algo como mil aromas mezclados al mismo tiempo pero si quisiera hacer una especie de descripción simbolista, una truchada al estilo de las “Correspondencias” de Baudelaire o del capítulo 8 del mismo Dorian Gray, me quedaría corto, de la misma forma que si describiera los perfumes por características o similitudes con otros conocidos por mí o por los demás seres humanos. Así que esta parte de la narración que podía se genial, sólo va a ser una explicación desabrida de que no podrán saber lo que percibí a menos que la huelan a ella o sólo accederán a algo más o menos parecido si huelen esta flor rara que nació de las semillas que me dieron sus padres y que tengo acá al lado mío en mi nueva casa. Y esto último me hace pensar que no es nada raro que se haya convertido en plantas. El día que la conocí, pensé que si yo había vivido lo que viví con la ampolla, que viviría ella con ese perfume de su propio cuerpo (todavía no sabía todo lo demás) pero pronto supe que sólo yo lo sentía. Ese día, como hasta hoy, pasó por primera vez lo que pasa sólo con recordarla, mi ampolla crece de vuelta por una instante en que la recuerdo, un instante que dentro de mi, dura hasta años si me lo permito pero que el reloj marca como uno o dos segundos siempre y que era lo que me pasaba también, cada vez que la veía, unas pocas veces en que nos cruzamos unos segundos del reloj, aunque para nosotros hayamos estado conversando días, semanas o años.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Pacientes lectores y lectoras del humilde fanzine conocido popularmente como Cosas Raras: Quiero comunicar públicamente mi frustración infinita, ya que nuestra máquina infernal conocida por algunos como "impresora" decidió que era bueno morir agonizantemente y hasta nuevo aviso no podremos tener más ejemplares del número 1 ni poder concretar el número 2. 
Para que puedan soportar la tortuosa vida sin leernos, les dejo algunos adelantos de Cosas Raras 2. Nos vemos pronto.

La mejor editora del universo: Werdy























jueves, 15 de noviembre de 2012

comics de mierda en la flia!!!! 17 y 18 de noviembre

Bueno, resulta que el comics de mierda de setiembre de este año, lo vamos a terminar presentando ahora porque no tuvimos tiempo de imprimirlo, lo cual es muy bueno: cuanto más como la mierda mejor. Este numero cinco, edición especial por nuestro añito de vida (todavía nos cagamos en los pañales) tiene las acostumbradas pelotudeces de las historietas cuando se quieren hacer las pro: tapa a colores, más páginas y la misma mierda de contenidos con otro envase (por lo menos nosotros somos sinceros y lo decimos). Su presentación será en la Flia (feria del libro independiente y analfabeto), el próximo fin de semana (avisamos con pila de tiempo eh?). En el affiche están los datos de cómo dónde cuándo ir y que llevar como vestimenta formal.
Aparte de C.D.M, el trapo o caballete de piñazo e frente capaz que aparece con unas cosas raras, algunos libros de cuentos y mutaciones que hemos publicado hace unos meses con nula propaganda y obviamente; por suerte también podrán ver otras cosas buenas de la F.L.I.A. si van (no tan buenas como C.D.M. y piñazo e frente en general) Para muestra les dejamos fragmentos de sorete de C.D.M 5:
Humor Pelotudo páginas y páginas de pelotudeces de la mano de mi, Piero y el Seba.
De regreso, Nosferatu Pirógena historia gótico cyber punk con manteca, surgida de las fuliginosas mentes de mi y el presenta
El único y más hermoso El Capitán sorete (también conocido como Pablo Gómez), nos manda desde Barcelona un rejunte de sus dos Fanzines homónimos y una historia inédita "El hombre bueno y el perro abandonado" ¡para cagarse de risa!
Publicidad que incorporamos para bancar la revista
El gabinete higiénico del Dr. Jan Svankmajer (Vol. 5) No diremos nada, el misterio es esencial (de vainilla)
secomoelpato.org Lucas se va a la mierda con este comic de la concha de la lora NO SE PIERDAN LA FLIA Y CDM 5 O LO LAMENTARÁN

lunes, 5 de noviembre de 2012

El atake del RE

El ataque del Re Fermín Guillermezky Della Giovanpaola no introducía su miembro viríl en un receptáculo anatómico llamado comunmente “vagina” o en otras cavidades anatómicas útiles al fin del placer sexual, conocidas generalmente como “ano”, “boca” “cerebelo”, “cavidades cóncavas o inconexas”, “agujero para meter las pilas de una muñeca barbie de tu prima que se dejó olvidada en la piscina”, o nombres así, pasibles de estar involucradas en relaciones tanto hetero como homo sexuales. No. No lo hacía como desde hace 50 años y eso que tendría veintidós o veintitrés. Esto generábale una malsana ansiedad por no ver satisfechos sus deseos instintivos más básicos, aparte del de supervivencia animal y consumo de celulares animal. En otras palabras, necesitaba mucho coger. Para acceder a tan soñada instancia ideó un plan (con dulce de leche), sumamente complicado como encontrar una abeja africana en un sobre de tiempost, además de inconcebiblemente sofisticado y sutilmente invencible. Un año estuvo el perseverante maestro de la estrategia, yendo a clases de guitarra en el instituto Walter Chango y cuando al fin había aprendido el acorde de Re (D en cifrado americano), tomó su guitarra, el afinador “Creep” adquirido en el local “Do Re Mi” de dieciocho de Julio casi Eduardo Acevedo y puso sus dedos en posición de Re, al tiempo que empezaba a tocar dicho acorde, por un período de tiempo que pocas personas creerían creíble en una situación en que hubieran sabido cuan largo sería el período de tiempo durante el que tocaría en el momento en que este comenzara a tocar y no al final de dicho período de tiempo, instancia que en este caso no era tal, si no todo lo contrario. Días estuvo su familia escuchando con agrado como su hijo (para la madre y el padre), hermano (para la hermana) y tipo que a veces le daba comida y sacaba a cagar (para el perro), con una ejemplar fuerza de voluntad como aprendida en el libro “Trabajo”, practicaba y practicaba sus lecciones de guitarra arpegiando, tocando en bals, rasgueando desesperadamente a distintas velocidades y con mayor o menor swing el reiterativamente reverberante re sin restringirse en su reincidencia. Mas en un momento, el agrado se tornó fastidio, cuando durante quince días sin parar el joven Fermín Guillermezky Della Giovanpaola tocó Re, sin parar para comer, dormir, ir al baño o bañarse y sin nunca considerar si quiera el aumento de un semitono hasta llegar a un Re sostenido y menos aún tocar un Mi. A punto de perder la cordura y quedar flagos, expulsaron cruelmente a su hijo de su casa y le hicieron una denuncia pidiendo a la policía una orden judicial para que Fermín Guillermezky Della Giovanpaola no pudiese acercarse a menos de doscientos metros de cualquiera de ellos o conectar su guitarra electroacústica a un parlante con la potencia necesaria para que les llegara el sonido a sus torturados oídos. Si bien la justicia falló a a favor de los Gonzáles (que era la familia de Fermín Guillermezky Della Giovanpaola), estos exigieron que se le pusiera una tobillera con chip GPS para que la policía pudiera estar siempre informada de la ubicación geográfica del individuo y así evitarse la molestia de trabajar en hacer patrullas o cosas así, aunque de seguro tampoco le darían bola al sistema GPS por chatear por celular con chongas de esas que anda con milicos para sacarle retención judicial y fue entonces, que Fermín presentó una demanda por daños y perjuicios al estigmatizarlo con tal tobillera (sin nunca dejar de tocar Re) y fue a los tribunales que fallaron a su favor , con tal de sacarlo de la sala y no escuchar más el monótono y reiterativo Re recio cual retama. Con el dinero que Fermín Guillermezky Della Giovanpaola recibió al ganar la demanda pudo gratamente vivir de Rentas sin preocuparse por su manutención económica ni trabajar ni ninguna de esas cosas a las que los hombres maduros se deben dejar someter sabiamente para bien de si mismos y de la comunidad; y dedicarse a tocar el Re. Poco a poco, el intolerante fenómeno de saturación y denuncia que Fermín sufriera con su familia se fue extendiendo a lo largo, ancho alto y otras dimensiones de la sociedad toda, siendo expulsado luego de haber quedado fuera de su familia, de su barrio, luego de su ciudad, su departamento y su país y ganando sin falta todas las contrademandas que hacía hacia los grupos sociales que lo discriminaban. A esta altura, de forma directamente proporcional a su persecución discriminativa por grupos y comunidades enteras, su fama mediática crecía y crecía, llegando incluso a llegar a generar no sólo simpatía entre grupos melómanos, si no incluso a inspirar un nuevo estilo musical (el Reísmo), que si bien intentó emularlo, nunca tuvo la habilidad técnica necesaria para tocar un acorde tan complicado por tanto tiempo. Las disqueras famosas a nivel internacional buscaron que Él les permitiera grabarles su primer disco pero un artista tan genuino, genial, under, reticente y retardado como Fermín no tranzó con éstas, ni con Santaolalla ni con las “independientes”, aumentando aún su fama y convirtiéndose en el paradigma de artista fiel a sí mismo, al declarar que no grabaría para nadie que le sugiriera que comercializara un poco su música poniéndole algún Fa o un La menor que queda bárbaro al lado del Re y sugiriéndole cambiar su estética a algo más Juan Carlos Jobim. A esta altura, Fermín Guillermezky Della Giovanpaola ya tenía el dinero y la fama suficiente como para tener unas cuanta supermodelos y chongas por el estilo deseosas de que se las embutiera y dejarse de joder, sobre todo después de ganar en los Records Guiness de la cerveza por ser el ente en toda la galaxia que más tiempo ininterrumpidamente había tocado el Re. Pero Fermín Guillermezky Della Giovanpaola tenía un plan mucho más ambicioso y no era de aquellos que se conforman con quedarse a la mitad del camino. Cuando ya las mismas Naciones Unidas tenían miedo de seguir discriminando a Fermín Guillermezky Della Giovanpaola y quedar fundidos luego de prender una contrademanda del mismo, hubo de agregarse un nuevo Derecho Humano en la declaración el cual rezaba : “Todo Fermín Guillermezky Della Giovanpaola tiene derecho a tocar ininterrumpidamente el Re sin que nadie si quiera ose intimidarlo, interrumpirlo o recriminarle si quiera con el pensamiento.”, gracias a lo cual Fermín Guillermezky Della Giovanpaola tuvo la ciudadanía universal, derechos nobiliarios y casi la total impunidad de hacer lo que quisiera en todos los países del mundo conocido. No obstante, las actividades de nuestro ídolo se remitían a ir de un lado al otro tocando el Re sin parar ni si quiera cuando defecaba o se hacia la paja con los pies en vez de las manos. En cualquier parte del globo la gente vivía atemorizada e irritable, sin saber si de pronto Fermín Guillermezky Della Giovanpaola no se aparecería de atrás del parrillero y se sentaría para siempre en la azotea de la familia a tocar el RE sin dejarles concentrarse en la conversación o el partido y en ningún parlamento los responsables encargados de gobernarnos a partir del contrato social que nadie sabe cuándo firmó con quién, podían terminar de discutir sobre las medidas para evitar la guerra civil; porque sabían que en algún momento de la discusión un representante sería corrido por un mástil de guitarra electroacústica semi folk y el micrófono sería violado por horas y horas por una lluvia de Re como un castigo bíblico. Cuando el mundo entero, tenso, conflictuado y sin los nervios necesarios para poder solventar la más mínima necesidad de subsistencia ya se hallaba ante el borde de una Tercera Guerra Mundial, todas las naciones del mundo se juntaron para decidir como acabar con Fermín Guillermezky Della Giovanpaola y saber que nación era la culpable de su actual estado de implícito dominio mundial. Fue entonces que Fermín Guillermezky Della Giovanpaola comenzó a aparecer desde el estrado de cada uno de los representantes por turno, haciéndoles creer a los demás que cada nación en la que el guitarrista monocorde aparecía era la culpable y complotadora en el dominio mundial de Fermín Guillermezky Della Giovanpaola; el cual luego lo entregaría la nación en cuestión. Habiendo desatado así la Tercera Guerra Mundial (y sin dejar de tocar el Re), Fermín Guillermezky Della Giovanpaola -que no tuvo que enrolarse en el ejército gracias a un nuevo Derecho Humano para sí mismo (que logró tocando el Re en la cabecera de la cama del presidente de Francia por tres días seguidos)-, se refugió en un búnker y esperó a salir recién, cuando del holocausto al que desde siglos ha la humanidad se encaminaba inevitablemente, sólo quedasen como sobrevivientes una sensual y hermosa enfermera digna de la película fetiche más kitsch de la historia, el último soldado agonizante y él mismo, el guitarrista monocorde. La enfermera, comprendiendo que de ella dependía repoblar la nueva humanidad en la tierra y viendo que sólo le quedaba la opción de reproducirse con el soldado agonizante o con Fermín Guillermezky Della Giovanpaola, diciendo apresuradamente “Si tenemos algo capaz que se puede arruinar nuestra amistad y yo la verdad que no te quiero perder como amigo”, comenzó a intentar una delicadísima técnica de reanimación al soldado agonizante, que requería la más completa calma y concentración. Y entonces saboreando ya su victoria, Fermín Guillermezky Della Giovanpaola comenzó a tocar el Re con toda su alma, un Re rotundo, incansable, el Re más realmente reíco de la historia reconocida. Tanto Re, destrozó de los nervios a la sensual enfermera, que desesperadamente intentaba revivir al soldado y no tener que coger con Fermín Guillermezky Della Giovanpaola, hasta que confundida, en vez de hacerle respiración boca a boca al joven miliciano, le amputó el miembro viril con un estetoscopio haciéndolo morir de una hemorragia y también de asfixia al introducirle por error su propio intestino grueso en las venas en vez del cateter del suero. Fermín Guillermezky Della Giovanpaola, triunfal y sin dejar de tocar el Re, comenzó a bajarse los pantalones utilizando los dientes, mientras la joven enfermera gritaba cosas como “¿Qué pretende de mí señor?”, “No puedo estoy menstruando y vamos a manchar las sábanas” y “Perdoname mi amor tengo un dolor de cabeza terrible”, frases que de nada le sirvieron cuando Dios, con su voz de trueno dictaminó desde los altos cielos: “¡Creced y multiplicaos, necesito porno en vivo y ya no hay más foros de sex-cam!” Y nuestro común antepasado Fermín Guillermezky Della Giovanpaola, repobló la tierra con la sensual enfermera, logrando además su principal objetivo de ponerla como un conejo, una y una y una y otra vez, una vez tras otra, sin ya nuca dejar de tocar Re; ahora ya por costumbre. 

 Jorge "Pollito" Manco y Piero Di Dorenzi

sábado, 3 de noviembre de 2012

Ceci n'est pas un article de la science-fiction




Este artículo no quiere repetir las diatribas en contra de la percepción deforme de los hechos artísticos en el público uruguayo en general, ya que esto mismo ya lo hicimos en el artículo sobre Gojira. Lamentablemente, no sé si por mi perspectiva inmadura, negativa y obsesivamente crítica (lo cual está mal, ya que estamos en una época de cambios y progreso y hay que mirar todo de forma cool y progresista), no puedo abarcar mi objeto de estudio sin remitirme necesariamente al marco socio-cultural en que estoy inserto y eso me hace ver con mucho odio y frustración que por lo menos no hayan ganado los Ingleses en 1806, para que hoy pudiéramos robarle su excelente cultura a Irlandeses, Escoceses y Galeses y decir que es nuestra. Este artículo vinculado con la Ciencia Ficción no se va a referir a la producción de literatura, cine o lo que sea vinculado a dicha corriente en nuestro país, como tampoco a analizar el fenómeno en general o en un caso particular, ni tampoco a lanzar el revolucionario manifiesto de la Ciencia ficción uruguaya con algún aditamento ideológico de tipo político, como C.F. con gauchos o ambientada en un rancho marginal, para decir que estamos haciendo algo de afuera pero nuestro, copiado pero original y servil al poder pero con esa pseudo-rebeldía pedorra que nos caracteriza. El artículo, más bien se centrará en las reflexiones que me produjera una escena que vi (o quizás viví, nunca lo sabrán) y que plasmo a continuación. El joven docente de Literatura (joven porque no es un viejo de mierda chupabolas del sistema, ya que de hecho tiene 9 años de experiencia), que hasta se atreve a vestirse como se le antoja, tener pelo largo y barba (ya estando recibido) y decirle a los alumnos que también le parece un desastre que en un liceo público los obliguen a usar uniforme, se encuentra leyendo. La directora del establecimiento se acerca al joven docente, esperando ver algo como Mario Benedetti, estos novelones realistas nuevos con bobadas “tolerantes” sobre mujeres, indios y gueys o un clásico del estilo de Shakespeare o Cervantes. La directora se encuentra con que el joven lee “La balada de Beta 2” de Samuel R. Delany, encima en una edición que tiene un dibujo muy bien logrado ¡con una calavera con cabellera y ropa, que sostiene una pistola de rayos, con una actitud lacónica y soñadora, con el fondo de un sol naciente! ¡Fantasía! ¡Imaginación! ¡Fuera de una óptica infantil! ¡Y con un esqueleto! ¡Qué locura satánica! La directora, entre la risa, el asombro y la desaprobación (sobre todo esto último) pero con una despectiva sonrisa de superioridad en la careta, pregunta al joven docente qué lee, a lo cual el joven explica sin muchas ganas y viendo la actitud de la otra, que es una novela corta de ciencia ficción, aclarando que el género le gusta mucho (la C.F. es de hecho una corriente pero incluso los docentes son tan imbéciles que como todos los críticos le llaman género, ellos también aunque esté mal y si el joven le decía corriente a la directora no iba a entender de qué le hablaba e iba a pensar algo vinculado a enchufes). Riéndose (quién sabe de qué) la directora, que como el joven profesor es docente de literatura, le dice: - ¡Aaaaaaaaay! A mí la verdad que si me hablás de un Ray Bradubury... ¡Me saco el sombrero! Pero la Ciencia Ficción en sí no me parece... (sonido entre risa y atragantamiento con semen del inspector) Yo la verdad que no leo nada de Ciencia Ficción. ¡No! No le encuentro valor alguno. Y se retira sin que el docente le conteste nada más que un seco “bueno”, ya que para qué se iba a molestar en intentar dialogar con una persona así. Sin embargo el joven reflexiona e incluso confirma ciertas reflexiones que rondan en su cabeza hace tiempo: 1) Como con las vanguardias y sobre todo “Los futuristas y surrealistas (los de verdad, no Dalí ni Lorca)”, los docentes de muchas asignaturas se llenan la boca hablando de la C. F. e incluso abriendo juicios de valor condenatorios, cuando simultáneamente pueden (muchos deberían) llegar a reconocer que no conocen aquello de lo que están hablando y apenas lo han leído. 2) Como ocurre con Dalí y Lorca al hablar de las vanguardias, la gente cree que conoce C.F. por haber leído al viejo pedorro de Ray Bradbury, que debería haber muerto ya en los sesenta cuando se volvió Corin Tellado con un robot y un platillo volador o dicho más catedráticamente, es tan representativo de la C.F. Como Mark Twain de la novela pornográfica Bielorusa del siglo XVII. Incluso quienes conocen un poquito más no llegan a saber ni quién corno es Spinrad o Vonnegut, Mc Kee Charnas y de seguro capaz que ni sacan a Matheson (y no estoy hablando de autores menores o poco conocidos) y si más o menos manejan a Aldiss, Asimov o Dick es sólo a partir de los films jolibudenses que se ruedan sobre sus textos. Y ni les hables de sub-corrientes dentro de la C.F. Como el Cyber punk (menos del Steam Punk) porque con mucha suerte conocen y sólo de nombre a Gibson y en cine deben pensar que el mayor exponente es “Robocop” de Verhoeven, sin soñar que la mayoría ni deben conocer que exista algo como cómic o animé (le deben llamar “dibujitos chinos” a cosas como Pokemon y Naruto) y menos cómic o animé Cyber o Steam Punk. 3) De lo anterior se desprende que el horizonte de expectativas del promedio del uruguayo e incluso del profesor de literatura uruguayo, ante una obra de Ciencia Ficción es encontrarse con una berretada pulp de esas que pasan en la tele, llena de tiros de rayos láser, argumentos rayanos a la estupidez, refrites de historias medievales y románticas, maniqueísmo... digamos, con algo del estilo de Ben 10. 5) Vinculado con el ítem anterior y siguiendo la cadena lógica, la gente se puede tomar la libertad poética de decir -por ejemplo- que a) Mario Levrero fue el creador de la Ciencia Ficción uruguaya (no porque hiciera mierda pulp, si no porque al no ser realismo y necesitar encasillarlo les salta por ahí, sin más) o b) que la película Eraserhead de David Lynch es una práctica de C.F. Surrealista en un decorado futurista y a veces hasta Cyber Punk. (en serio, hasta lo llegué a ver escrito) Y también c) a repetir la manga de huevadas del manual para mediocres sobre C.F. que escribiera Álvaro Miranda, en el cual afirma que en la Biblia los carros de fuego son elementos de C.F. (no es un pensamiento original de él, lo copió) y de seguro también la metáfora “En tanto que de rosa y azucena / se muestra la color en vuestra frente”, ya que remite a la eugenesia para convertir seres humanos en humano-vegetales simbióticos. 7) Que en el Uruguay, la poco transitada corriente sea sobre todo reconocida por el público por el deprimiente corto (que en realidad es un videoclip de Snake) “Ataque de pánico”, vacuedad cagada de efectos especiales que catapultó a sus creadores de la O.R.T a Hollywood. O con suerte a las discusiones entre Sanchiz (con el que comparto varios puntos) y Bayeto, cuando mucho a los cuentos de realismo mágico bolchevicoso con elementos de C.F. Bradbureanos de los integrantes de la desaparecida revista “Smog”. 10) Eso lleva a que el público general desconozca casi del todo un inimaginable mundo en el que las temáticas, procedimientos literarios y sobre todo la reflexión y proyección sobre temas, no sólo científicos, si no sociológicos, filosóficos, antropológicos y un larguísimo etcétera, se presenta con una variedad, vigor y originalidad cada vez mayor e incluso probablemente con más fuerza que en cualquier otra vertiente de la Literatura contemporánea. Lo cual por ende lleva a que 11) La mayor parte de la población uruguaya desconozca uno de los ejercicios de especulación y epistemología más ricos de la creación humana hasta la fecha y de seguro (aunque no niego que existan otras formas de llegar a las mismas conclusiones), como seres humanos siguen siendo unos cavernícolas que no pueden proyectar su pensamiento más allá de lo meramente factible y “pensable” por los ideologemas dentro de los que están insertos, generalmente, formas de embrutecimiento impuestas por el sistema para controlarlos y hacerlos bestias que producen y consumen sin poder cambiar nada en sí mismos ni afuera. De manera tal que los tipos son tan borregos, que como con muchos elementos que podrían apoyar la emancipación individual y colectiva, terminan creeyendo que la C.F. son los Power Rangers o una futilidad así, ignorando que desde los adelantos tecnológicos pensados antes de su existencia real por Verne, pasando el Gran hermano y el estado tecnológico totalitario disfrazado de socialismo de Orwell, hasta el concepto de Internet que Gibson vislumbrara (entre otras cosas) en Neuromante, el mundo está lleno de fenómenos prefigurados y sumamente reflexionados por la C.F. No obstante, para esa misma gente, quedan sin ser algo más que una imposición vertical o un hecho social inevitable, mientras obviamente, una pequeña minoría los utiliza de forma nociva para los demás y beneficiosa para si mismos, sin que nadie pueda evitarlo. Bueno, al final el artículo sí terminó rozando una cantidad de puntos que yo dije que no iba a tocar, cuando arranqué diciendo que no quería putear de vuelta mi querida sociedad. Pero que el marco del objeto de estudio... pará. ¿Cuál era el objeto de estudio? Bueno, no sé. Me parece que me fui un poco para cualquier lado.

Jorge "Pollito" Manco.

Godzilla vs Gojira



Godzilla y el imaginario colectivo post-dictadura Quien haya transcurrido parte de su infancia en las bellísimas épocas de la recién renacida democracia, recordará los espantosos dibujitos (exceptuando casi en forma única a Los ositos Gummies) que debíamos ver. Sobre todo aquellos que pasaban, no recuerdo si en el 87 u 88, cuando la “sequía” (o alguna excusa así) hacía que los canales pudieran empezar a trasmitir recién como a las 17 o 18 y teníamos que conformarnos con el espantoso programa de “Horacio y Gabriela”. Después de condicionar de esa manera nuestras percepciones artísticas, no era raro que hasta nos divirtiéramos con una animación que debería tener 5 acetatos por minuto, de la cual el canal estatal repitió los mismos 4 capítulos más o menos por diez años y cuyo personaje era Godzilla.
Como en otros aspectos de la realidad mundial, el Uruguayo promedio quedó entonces manipulado y condicionado ideológicamente para creer que Godzilla era una especie de pichicho faldero de la tripulación del Calyco (nunca quedó muy claro a qué se dedicaba la variopinta flota del mismo, ni de dónde sacaban los fondos para su extensa y poco motivada travesía), en desabridos capítulos que repetían más o menos el siguiente esquema: 1) El ejemplar capitán Majors y su tripulación a la moda de los setenta arribaban a lugares recónditos y de seguro comunistas. 2) Un agente perturbador del orden y la paz mundial que actancialmente funcionaba como oponente, surgía por diversos e indistintos motivos: contaminación, manipulación genética, invasión extraterrestre, surgimiento de seres de otras edades geológicas por la apertura de una placa tectónica causada por un terremoto, error al cultivar soja transgénica, pudrición de garrrapiñada abandonada cerca de un volcán, etc. 3) Después de que la Dra. Queen (¿qué hacía entre tantos machos en altamar tan tranquila?) daba una explicación pseudocientífica de lo ocurrido y que los otros personajes hacían estupideces intrasecendentes, cuando las papas quemaban y pudiendo haberlo hecho antes, el Capitanzucho apretaba un Walkie Talkie que tenía por ahí en la bragueta y Godzilla, que se ve que no tenía nada que hacer, aparecía de abajo del agua sea donde sea que estuvieran, funcionando actancialmente como ayudante (de los giles del Calyco, que a su vez funcionaban de ayudantes de la humanidad toda, salvándola de los peligros antes nombrados, como del el Sida y el Cólera, la enfermedad de las manos sucias). 4) Luego surgía una secuencia del siguiente tipo que ocupaba unos treinta minutos de los veinte de cada capítulo: el Capitán Majors enunciaba (dirigiéndose a la Dra. Queers: “Doctora Queen, dígale a Bruce que le diga a Pete, que le diga a Godzuki (dinosaurito que era a godzilla lo que Paturucito a Paturuzú), que le diga a Godzilla que traiga un Tang de naranja”. Luego veíamos a la Dra. Queen que se dirigía a Bruce de la siguiente manera: “Bruce, dile a Pete, que le diga a Godzuki que le diga a Godzilla que traiga un tang de naranja” y así, la orden se iba extendiendo en forma jerárquica como conviene a todo trámite burocrático serio. 5) Finalmente, Godzilla, del que nunca supimos el origen, motivación vital u otras credenciales importantes, vencía al oponente gracias a indicaciones de la tripulación tan importantes como la arriba citada (era un idiota que sólo servía por los músculos y los rayos láser de los ojos) y se restablecía el equilibrio inicial. 6) Como final extendido, alguien en el Calyco hacía un comentario más murguero que los de “Horacio y Gabriela” acerca de algo de lo ocurrido en el capítulo, como para demostrar cómo habían vencido el peligro y que superados estaban y se quedaban unos 85 minutos riéndose con poca convincencia, mientras la cámara se iba alejando en una escena panorámica memorable.
Esto, a nivel sociológico y semiótico (¿que se pensaban? ¿que no iba a ser otro nabo de los que analizan “semióticamente” algún fenómeno masivo para decir que también es arte y no sé qué como para jerarquizarlo y hacerse el intelectual cool?), nos lleva a comprender por qué el Uruguay cambio el vector ideológico de la tripulación del Calyco pero sigue confiando creyendo y pidiendo por el esquema actancial de “Godzilla” y también, por qué en el imaginario popular, el vilipendiado reptil (o algo así) sigue siendo una combinación de este patovica zapallo de la animación o el cameronesco de la película yankee de los noventa, así como creen que esa mierda llena de metaanfetaminas del “Avatar” es ácido lisérgico, ignorando clásicos como la “bicicleta” y “los simpsons”, verdaderas generadores de apertura de conciencia, imaginación y buena cabeza.
Godzilla era originalmente un “Bicicleta” y no un “Avatar” El primer film sobre Godzilla del año 1958, hecho en Japón, que es el que le da la vida al vilipendiado ícono cultural, no es ninguna chotada, aunque como película tampoco es candidateable al Oscar (por suerte, si no sería una porquería mainstream). Japón recién salía de la guerra y de la bomba atómica ¿vio? Godzilla, aparentemente era malo pero no. Comienza con una preposteración en que David Martin, periodista yankee, cuenta que no entiende como los sobrevivientes pudieron zafar del monstruo, pero sin nombrarlo, lo cual descontextualizado podría ser perfectamente tomado como una alusión a los sobrevivientes de las bombas nucleares. Godzilla, de hecho, surge por la presencia de estroncio 9 en la antes inviolada naturaleza marítima de Japón. Semióticamente (jajaj), godzilla y los avatatres (jajajaj) que provoca, sean quizás un simbolismo de violación a a la naturaleza que hace surgir fuerzas “vengativas” (concepto humano mal aplicado a la naturaleza) o destructoras de ella misma. Recuerden la sarta de ficciones paranóicas que desató por ej. el viaje a la luna, como advertencia acerca del pasaje de rosca del humano al invadir ciertas leyes de la naturaleza y más que nada, al obtener ciertos conocimientos vedados de la misma, como el viaje por el espacio o la energía atómica). En este bellísimo film, del cual no contaré todo el argumento, también podemos ver, como pese al derrotero que sabemos que Japón comenzaba a transitar, los creadores sentían una gran desilusión del uso de la tecnología, el racionalismo y el aparato burgués capitalista de gobierno (ellos se lo fumaron en todas sus formas imperialismo dictatorial, democracia y hasta como colonia) para llevar al hombre al “Terror” del que habla Theodor Adorno (me hago el crack citando gente que capaz que el lector no conoce y no explico lo que dicen ni quien son, jajajajajaj). Hay, a su vez, una revaloración de conocimiento “primitivo”, cuando los nativos de isla de Odo (que no tienen nada que ver con la guerra, la radioactividad ni nada pero son los que se morfan todo), se pasan diciendo que “Gojira”, que es como se llama realmente nuestro amiguito, es un monstruo de su mitología que sale a pararle el carro a los humanos cuando se suben al Pony y le joden su hábitat y finalmente tienen razón. No obstante, la idea y la forma de vida dependiente del “progreso” ya está instalada y el hombre lucha contra sus propias consecuencias negativas (Gojira), primero por medio del bombardeo, luego, viendo que esto no funca, acuden a la bombas de oxígeno de Gansu (uno que boya ahí en la película haciéndose el Mesías), pero éste debe sacrificarse hundiéndose en las profundidades junto con sus bombitas brasileras , muriendo junto a Gojira; lo cual muestra que los ponjas no son boludos: el retorno a la naturaleza no existe, y si bien el sacrificio por el restablecimiento del equilibrio es una cristiandad bárbara y el cristo de Gansu no redimió un pomo a Japón ni a la humanidad, tampoco fueron como unos (lease el sustantivo que designe a cualquier nacionalidad de la tierra, incluyendo a los japoneses) a destruir como si fuera malo lo que ellos mismos crearon, si no que se hicieron cargo. Y sí. Qué iban a hacer.
Luego de esta película (que es donde Gojira debería haber muerto para quedar bien parado, aunque me encanta la bizarrez clase B de los otros films japoneses, que son como treinta y lo peor es que los vi todos), el personaje y la historia medio que se desvirtúan un poco. Si uno los mira con un ojo sólo y sin ver el primero. Los japoneses, que de a poco se convierten en la Cameronesca-avataresca sociedad que generó y a poyo con prostituta complacencia la modita occidental de los cosplayers que de cien 80 son Naruto y 20 Lolitas que después se van a bailar electrónica pseudo-gótica a las “Bewares” porque no levantan en W ni en los bailes de cumbia y juran que son trisexuales, seguro pasados de merca o de avatar, generaron una serie de películas acerca de las que no me voy a extender mucho, ya que en interné pueden encontrar un extenso artículo que no sé quién hizo pero que está por todos lados, en que se molestan en pelotudeces tan grandes y poco sustanciales como explicar que el chillido de Godzilla lo hacían con una puerta medio oxidada. A modo de ejemplo considérese: 1) “Gojira Vs. King Kong” 2) “La invasión de los Astro-monstruos” 3) “El hijo de Godzilla” 4) “Godzilla Vs. Mecagodzilla” (I, II y III) 5) “Godzilla 2000”, etc. todas ellas con distintos grados de efectos especiales desde los terribles (a mi me gustan más) a lo bastante hollywoodense, con una época retro en que teniendo recursos para hacerle buenos efecto le hacen unos efectos deprimentes, justamente porque son a drede. En dichas películas vemos a Godzilla generalmente como un monstruo que se la da con otros monstruos, pasando sin mucho fundamento de bueno a malo y dos por tres a patovica de los seres humanos voluntaria o involuntariamente.

Los que queremos a Godzilla Luego de discurrir con una amenidad tan cool e intelectual sobre la percepción mayoritaria sobre Godzilla en el Uruguay, sobre sus encumbrados orígenes y su posterior decadencia, diremos (escribiremos) unas palabras más sobre la herencia cultural del dinosaurio mutado.
Como pueden ver si observan cualquier casa de bizarreces del palo, Godzilla es ya un ícono cultural de esos que no se sabe ni de dónde salen originalmente como Jack (de The nigth before christmas) o Hello Kitty. Podemos encontrar desde muñecos hasta tazas de Godzilla, pasando por remeras pins y de seguro artículos eróticos, aunque por suerte todavía no los he visto, aunque sí me tocó ver la casa de lencería al por mayor Godzilla, cita en el barrio de los judíos, con una muy bien impresa gigantografía en que el monstruo compartía el espacio gráfico con unoas chongas siliconeadas en tangas.
Gracias a Tenno, el personaje no es sólo el motivo de un montón de artículos comerciales, si no que variados artistas lo han tomado como inspiración o referencia. Por ejemplo, Tim Burton, que es fanático de lo más viejo de sus films lo hace a aparecer en su primer película (“La gran aventura de Pee Wee”) y obviamente toma algo del primer film en su recurrente temática acerca del monstruo y la alteridad. Ray Bradbury (el Vargas Llosa de la Ciencia ficción que luego se convirtió en su Paulo Cohelo), dijo por ahí que se inspiró en Godzilla para su cuento y su film “La sirena de la niebla”. Una sarta interminable de productos audiovisuales ponjas y luego occidentales se basan en peleas entre monstruos o robots o ambos de tamaño descomunal, desde Mazinger a los Power Rangers, pasando por Evangelion y también por el capítulo de 31 minutos en que los japoneses compran el canal y Calcetín con rombos man se debe hacer gigante para pelear con un monstruo que destruye Tokio varias veces por semana.
La música también a visto a Godzilla dentro de ella, por ejemplo en la banda, justamente denominada “Gojira”, como en la muy inteligente letra de Sepultura “Biotech is Godzilla”, que dice más o menos así: “Cumbre de Río en el 92/ vagabundos secuestrados/ a escondidas/ teníamos formas de salvar el mundo/ pero otros tenían otros planes secretos./ Biotecnología/ ¿Qué decís? / Despojando el Amazonas/ de las células de la misma vida/ en la fiebre del oro de l nuevo Gene-sis/ los nativos no tendrán nada/ Biotecnología es Godzilla/ Mutaciones cocinadas en laboratorios/ dinero-experimetos locos/ nueva comida + medicina/ nuevos gérmenes + accidentes!/ como Cubatao/ la ciudad más contaminada del mundo/el aire derrite tu cara/ niños deformes todo alrededor/ La biotecnología/ en si no es tan mala/ como todas las tecnologías/ está en malas manos/ a las corporaciones degolladoras/ no les importa/ cuando montones de gente muere/ de qué están hechas/ biotecnología/ ¿Es Sida?/ ¡Parenlo!” Lo cual demuestra que más o menos captaron la idea del Godzilla original.a nivel personal mis reflexiones acerca de Godzilla me llevaron a discutir con gente que aprecio mucho, que por más que me digan que soy un cuadrado y que tiene excelentes controles de calidad, si intentan poner un reactor nuclear en Uruguay como mínimo me tengan que meter en cana antes de que efectivamente lo hagan.



Jorge "Pollito" Manco.

lunes, 22 de octubre de 2012

Nos Hacemos la del Mono

Comic escrito por Jorge Manco mientras paró en un café cerca de la selva tropical y dibujado por Sebastián Martínez con el pie izquierdo.
Habrá mucho más Mono Espacial...




viernes, 19 de octubre de 2012

Entretiempo

-No, no se pueden quedar solos, son unos niños y acá la que mando soy yo. -dijo la madre de Santiago agregando luego de una pausa sabia- Les puede pasar cualquier cosa a dos niños solos. Santiago que no podía hacer nada ante el empeño avasallante de su madre, intentó razonar con ella pero tuvo que manotear como pudo el libro que estaba leyendo, mientras ésta lo levantaba de una mano. Su amiga Micaela, que se quedaba casi todas las tardes con él porque la madre no se sabía ni dónde estaba, sin opción, también recogió el cuaderno y los lápices donde estaba dibujando animales en bandas de rock. El libro de Santiago se cayó pero su madre no paraba de arrastrarlo hasta la puerta. Éste se plantó e hizo fuerza hasta que su madre miró y entendió que le decía algo de un libro. Con la bronca de demorarse, la madre levantó el libro de golpe quejándose de no sé qué. -¡Dejate de leer estas pavadas que te llenan la cabeza! -dijo la madre de Santiago al leer un título de algo de hadas y pensando que debería ser otro regalo de la tía -su hermana- que se empecinaba en volverlo puto. Tiró el libro y siguió arrastrando a su hijo y ya cerca de la puerta de salida manoteó de un estante un libro de Ruperto el sapo y se lo metió en la cara al niño. Mientras entraba al auto y pensaba meter sólo a Santiago vio a Micaela atrás de él, mirando en silencio y si bien no quería hacerse cargo de la mocosa, pensó en que por lo menos capaz que Santiago no se volvía puto y le dijo que subiera también. En menos de diez minutos había llegado a la casa de Carla y Andrés, habiendo incluso parado en una estación a comprar un whisky y unos chocolates de Ben 10 para que los niños no molestaran. Lo comentó con algo de “las mujeres podemos manejar y cuidar los hijos al mismo tiempo” y se armó toda una discusión a los gritos y carcajadas entre los adultos amigos de los padres pero Micaela no se dio cuenta porque estaba todavía tratando de tragar el chocolate pastoso y denso y Santiago mirando la figurita que no entendía mucho de qué venía. Notaron, sí, que había un montón de niños como ellos corriendo por la casa y otros molestando a sus padres con gritos de mayor o menor potencia que los de sus progenitores, entre ellos Lautaro y Jazmín, los hijos de Carla y Andrés, que eran índigos y por eso se rebelaban teniendo pataletas, golpeando la mesa y a las personas que tenían cerca siempre que no querían algo, como decía con orgullo su madre. -¡Hay que dejarlos acá viendo el partido! -gritó Raúl- así aprenden desde chiquitos -y agarró a Raulcito y lo reboleó por el aire gritando: “¡¡Vamo la celeste no más!!” mientras el niño balbuceaba “¡A ceeste má!” y los adultos empezaban a preguntarle a los niños si eran de Peñarol o Nacional. Pero Carla y otros más termianrond ecidiendo por mayoría que los niños se quedaban en un cuarto contiguo que era el cuarto de juegos de Lautaro y Jazmín, donde los dejaban “con todo, tienen la tele para ver el partido, Playstation y yo les llevé una mesita con comida y refrescos” dijo Carla “Así que se quedan ahí portándose bien y le hacen caso a todo lo que les diga Jazmín que es la más grande. Cualquier cosa estamos acá al lado y nos avisan.” Los niños gritaban y la televisión gigante y cegadora estaba a todo volumen, lo que no evitaba que los gritos desquiciados de los adultos se colaran hasta el rincón donde se sentaron Santiago y Micaela que no simpatizaban nada con esos niños desesperantes que ya conocían la mayoría de visitas a casas de los amigos de los padres de Santiago, aunque nunca los habían visto a todos juntos. En la tele ya se veía unos tipos chiquitititos como muñecos que pateaban un punto blanco y un griterío como de película de guerra atrás. Alrededor del televisor la mayoría de los niños saltaban gritaban o imitaban a los muñequitos de la tele pateando osos de peluche y eventualmente otros niños que contestaban a las patadas y piñazos gritando consignas y poderes de Ben 10 en simultáneo. Sólo los más grandes parecían prestar una atención bastante forzada y a ratos al partido, hasta el momento en que Jazmín dcitaminó: ¡De este lado se quedan los que ven el partido y de este los que juegan al play! No obstante los que querían jugar al play tenían que hacer fila porque sólo había dos controles y uno era para Jazmín que era la dueña del play. Santiago y Micaela prefirieron bloquearse hasta visualmente y con los ojos bien clavados en el libro y los dibujos estuvieron un buen rato, sólo interrumpidos por algún pelotazo o peluchazo que les caía encima de golpe o algún grito o frase incoherente que algún niño les decía antes de volver a salir corriendo sin que entendieran nada. El primer tiempo terminó. Un grupo de niños que estaba “mirando” el partido abrió la puerta, entendiendo que ahora sí podían ir a decirle cosas a sus padres pero no fue así. Santiago vio muy de reojo que los adultos estaban en esas clásicas actitudes de no querer que molesten sus conversaciones, aunque en realidad más que una conversación sólo se escuchaban malas palabras y cosas feas de los argentinos. Los hombres estaban casi todos gritando y su padre, que ni lo saludó al verlo entrar estaba más borracho que cuando habían llegado. Carla entró apurada con una mesa llena de papitas, coca cola y una cantidad de golosinas más y cerró la puerta diciéndole a Jazmín “No sean antisociales con sus amiguitos. Quédense acá, esta es la fiesta de los chicos, si pasa algo nos llaman.” Después de devorar en dos minutos la comida, los niños dispersos de alrededor de la tele por el medio tiempo, repararon en Santiago y Micaela lejos de todos, en un rincón casi oculto y dibujando y leyendo. -¿Qué están haciendo? -dijo Jazmín. -Leyendo y dibujando -dijo Santiago sin más explicaciones, ya que le parecía que era bastante claro que leían y dibujaban. Micaela, aprovechando la oportunidad, le mostró con alegría su dibujo de una fiesta de globos y conejos. Jazmín lo miró con una especie sonrisa burlona y dijo: -No hay conejos verdes, ni rojos, ni azules. Y el pasto no es rojo. -Es imaginación -dijo Micaela. -Aquella es la zona para mirar el partido y esa la de jugar al play -dijo Jazmín sin nada de simpatía- no hay zona de dibujar ni de leer. Ni Santiago ni Micaela contestaron nada y volvieron a sus actividades. Micaela le mostró a Santiago el dibujo y Santiago se rió mucho de las caras locas de los conejos. Sólo cuando Jazmín gritando les dijo que tenían que ir a mirar la tele o jugar al play contestaron que no querían. Jazmín miró hacia la puerta pero en seguida se dio cuenta de otra cosa y se dirigió hacia los demás niños diciendo algo de antisociales. Santiago y Micaela habían ahora integrado sus actividades y pintaban juntos los dibujos del Sapo Ruperto que no era un libro de pintar pero quedaba mejor así. De golpe, sintieron algo como “¡Poded fuego pantalozo activado!” y otros gritos por el estilo y algún antisocial más, mientras que alguien le pegaba una piña en la cabeza a Santiago y un montón de chiquilines se le tiraban arriba, unos con unos palos tirando por todos lados el libro las hojas y las crayolas y lápices y otros agarrando los dibujos de Micaela y rompiéndolos, mientras los tiraban por el aire y victoreaban. Santiago se levantó como un resorte y trató de hablar con el niño que tenía adelante pero el niño se le tiró encima y le gritó Uruguay les va a romper el orto, mientras Micaela, que se enojaba muy fácil reventaba a palos a un chiquito que había podido agarrar mientras le rompía el dibujo de la fiesta de globos y conejos y lloraba al mismo tiempo. Cuando Jazmín dio la voz de que había que agarrarlos y atarlos con no se qué no fue muy difícil que lograran ya que eran como veinte contra dos. En un tira y afloje de patadas y piñazos de uno y otro bando, Santiago y Micaela fueron arrastrados hasta un aro de Básquetbol altísimo con un largo palo como soporte. Los empujaron contra el palo y Jazmín y Lautaro ordenando a los demás lograron al fin atarlos con unas cuerdas de saltar tan apretadas y mal usadas que a Micaela le sacaron la piel de las muñecas y la hicieron sangrar. Santiago tenía una cuerda puesta arriba de la nuez de Adán y tan apretada que sentía que no estaba pudiendo respirar. Quería decirlo pero no podía hablar y se daba cuenta que los demás eran tan tarados que no se iban a dar cuenta. Jazmín pidió silencio y empezó con algo como: -Estos traidores serán juzgados por... Pero Santiago necesitaba respirar y aunque estaba ahogado se dio cuenta de que realmente eran tarados y que el aro al no estar clavado ni nada se podía mover haciendo fuerza con el cuerpo. Tironeando desesperadamente con la ayuda de Micaela trató de correr a la puerta mientras veía como Lautaro empezaba a sacar unos dardos de los que tenían punta y no ventosa pero se tropezó con unos niños que vivnieron a a tajarlo y pegarle y se cayó con todo el aro de básquetbol arriba del LCD 40 pulgadas y lo tiró y el tele siseo y el ruido atronador dejó de sonar. Como si el silencio tuviera que ser cubierto siempre, la puerta se abrió de golpe y el ruido ensordecedor de la tele de los grandes llegó junto con una caterva de padres. Los niños estaban todos duros como estatua y algunos empezaron a llorar, atrapados entre el tablero de basquet, la tele y el piso. -¡Lautaro y Micaela rompieron la tele! -gritó Jazmín, corriendo hacia su madre. El alboroto no terminaba más, mientras el padre de Santiago, torpe con olor a vino y furioso los desataba a él y a Micaela. Los otros niños corrían hacia sus padres mostrándole como Santiago y la novia les habían pegado. Ni bien Santiago se pudo incorporar, vio a su madre furiosa también zarandeándolo con violencia y haciéndolo levantar. Tenía la camisa desprendida, estaba roja y cerca de las tetas se le veía una crucecita con un tipo clavado sin chistar, la cual Santiago se quedó mirando. -¡Nunca más hacemos reuniones con ellos en casa! -gritaba como poseída Carla por allá atrás. -¡Sos un castigo para mí1 ¡Sos un castigo! ¿Qué tengo que hacer con vos Santiago! -gritó la madre- ¡No te juntás nunca más con esta sucia, que se haga cargo la madre! -agregó zarandeando a Micaela y viendo luego un pedazo del libro del Sapo Ruperto- ¡Y este libro no era para pintar! El resto del rezongo antes de la penitencia que se venía fue sumamente rabioso por el apuro del padre, manejando borracho y a toda velocidad por llegar a su casa antes de que terminara el entretiempo. -¡Y encima este pendejo ni siquiera es mía pedazo de una hija de puta, mirá que te di la plata para abortarlo! –gritaba una y otra vez.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Vacas



Juanin



-¡Qué hacés chupaverga de mierda! -díjole Pascualito al cruzarse con su querido amigo Eusebio Sepúlveda- ¡Espero que andes como el culo, culoroto que te cogen todos los negros del cante, juntás toda la leche de negro en el orto y después la largás para afuera, la ponés en un vaso y la tomás como si fuese chocolatada! ¿Por qué no te vas a suicidar un ratito y cuando volvés no me chupás bien la pija sin forro, así te contagio ladillas inmunológicas y tenés que terminar pidiendo plata en la puerta del local de la Teletón del Prado para poder hacerte un cambio de sexo y así ir a changar a Bulevar y que alguien te levante? Pero ni así... tenés que pagar para que alguien te coja mugriento de mierda. Andá a comprarte una vida con tu hermana el chango, de esas de dos por diez en la feria.
-Y vos sorete recalcitrante que el Goyo Álvarez te despreciaba ¿estás entrenando para la Olimpiada de pajas o es que sos tan retardado puto y deforme porque tu madre te quiso abortar de ocho meses haciéndose dar por un elefante africano y te quedó la leche podrida en el cerebro? ¿Te regalaron huevo de pascuas este año? Mirá que si no yo acá tengo dos y si me chupás la pija te los meto hasta la garganta, cosa que te ahogues y ahí te cojo después de muerto, te corto en tiritas y me hago una cortina de flecos para el almacén donde vendo la merca que tu madre trajo al país adentro de la concha y encima le sobraba espacio, chupaverga de mierda. ¡Andá a hacerte dar por Sánchez Padilla para que te regale un pegotín de “Yo soy uno de los ocho” y te lo ponés en el orto para no andar chorreando más leche por la calle y por la barra brava de la Amsterdam donde hacés el chango! Le ganás a Tusam en una competencia de tragasables... -contestóle su amigo.
El vecindario entero y entre ellos el pequeño Juanín el adolescente atribulado contemplaban la bella escena de amistad, que sin embargo se vio interrumpida, cuando pasó por en frente a los amigos María Virtudes Cilantro, la chica a la cual Eusebio pretendía. Ante las miradas cómplices de su amigo y de todos los vecinos, Eusebio se dirigió hacia la chica y metiéndole una mano para adentro de la vagina, díjole:
-¡Cómo te queda esa calza pedazo de una puta de mierda! ¡Estás regalada como perejil de feria! ¡Se te ve hasta el útero y te puedo leer los labios y encima es blanca... Me dan unas ganas de cogerte por el culo hasta sacarte mierda con la cual hacer brownies para todos los pendejos desnutridos del barrio y dejarte tirada boca arriba en una volketa que no puedo más chupaverga de mierda! ¡Vení para casa que te doy un kilo de plasticina y cagás a todos los personajes de selkirk y después te meto un brazo en el culo y hacemos el show de Chirolita y Chasman!
Halagada pero deseando hacerse la difícil para prolongar el cortejo, la chica contestó:
-¡Dale! ¿A ver? Mirá que te aguanto a vos y a todos tus amigos si querés... Pero ¿Estás seguro que la tenés grande? Por qué con las tetas que tengo si me la metés para hacerte una rusa y se te pierde te la corto y me la guardo para metérsela en el culo a tu hermana cuando me la tortilleo. Mirá que yo no soy como tu novia: a mi me la metés hasta la garganta y me meas adentro así me hago gárgaras para la tos o fuiste...
El barrio entero se enorgullecía de que la niña que habían visto crecer hubiera aprendido tan bien las normas de virtud y dignidad difundidas a la sociedad gracias a Tinelli, la cumbia villera y los filósofos existencialistas y esperaban ansiosos ver el final de tan tierno idilio; más Juanín el adolescente atribulado, harto de fingir dejó la pipa de pasta base sin fumar en el cordón de la esquina y se dirigió a su casa. Abrió la puerta y encontró a sus padres mirando la nueva tele de citoplasma mientras su hermana a escasos metros se hacía dar por un chorro del barrio y tratando de llamar la atención de sus progenitores les dijo:
-¡Mamá! ¡Papá! ¡Los quiero! Me siento feliz de que me comprendan, aunque sé que a veces me rezongan y debería cuestionarme sabiamente -aunque ustedes no lo hagan y predicando con el ejemplo- si no seré yo realmente quien me equivoco y no sea que ustedes no me comprendan o me repriman. He pensado muchas veces que quizás bajo la excusa de que me dan todo, no saben que hicieron mal para que yo sea así y de que ya no saben que hacer conmigo, en realidad encubren la responsabilidad de vosotros mismos y de la sociedad entera de que todo esté programado para que cuando somos jóvenes se vean como errores de adolescente aquello para lo que ustedes mismos nos educan, incluso aquello que ustedes predican con el ejemplo y que es completamente contrario a lo que dicen frente a nosotros... Pero no quiero irme en vanas palabras y me gustaría que supiesen que estoy completamente dispuesto a que nos sentemos a dialogar en un ambiente de tranquilidad, sinceridad y comprensión para solucionar este problema todos juntos y quiero que sepan que los respeto y los aprecio, comprendiendo las limitaciones de tener una educación distinta a la mía y también los prejuicios propios derivados de ésta, de sus edades y su clase social. Quiero, decía, dialogar esperando que ustedes hagan lo mismo conmigo, sin necias posturas para intentar tener razón basándose en prejuicios derivados del etarismo y de la posición de poder jerárquico que nuestra sociedad predica que los padres deben tener con respecto a sus hijos, aunque no cumplan con muchas de las obligaciones que deberían y ésta sólo emerja arbitraria y violentamente cuando deben reprimirnos por los efectos de vuestra falta de solvencia como progenitores...
La quinta vez que Juanín repitió este correcto discurso (sin intentar levantar la voz sobre el volumen de la tele para hacerse oír), su padre le dijo: “¡Recién llegué de trabajar y ya estás jodiendo guacho de mierda! ¡Dejame mirar la tele! ¡No tengo derecho de disfrutar de las cosas que compro con mi plata!” pero esto fue porque no había escuchado bien a Juanín y no se había percatado de lo que este decía. La vigesimosexta vez que Juanín repitió el discurso, sus padres si lo escucharon porque justo estaban cambiando de canal y enfurecidos, contestaron en forma congrua con el atrevido planteo de su vástago:
-¡Querido hijo! ¡Haznos el favor de no insistir en las ideas anteriormente planteadas ya que nos estás respetando y esto nos hará estar tranquilos y en armonía como familia!
Juanín, replicó:
-Pero... Padres, les pido por favor me escuchen, si no es demasiado pedirles...
-¡Dejate de hablarnos bien o nos vas a hacer poner tranquilos!
-Pero... Sólo os pido que considereréis la posibilidad...
-¡Juanín! ¿Dónde aprendiste a hablar con esa cortesía? ¿Acaso alguna vez nosotros te respetamos? Sí seguís así nos vas a hacer tener una reacción coherente y razonable... ¡mirá que nos estamos tranquilizando! ¡No nos hagas hablarte con tranquilidad y buenos modos!
Pero Juanín no pudo reprimir sus impulsos y continuó hablándoles bien, por más que intentara putearlos todos. Por lo cual, sus padres que eran más sabios que él, decidieron tomarse las cosas con ira y estupidez y no seguir hablándole bien y sentenciaron:
-¡Chupapija de mierda! ¡ojalá te hubiéramos abortado por el culo! ¡La chupaverga de tu madre me dijo que de última servías pa cobrar la asignación cuando tenía la plata para pagarle a Doña Pocha y que te deshiciera con agujas de coser hijo de puta! Te vamos a meter del forro de la pija en un taller de expresiones plásticas si seguís hablándonos bien y respetándonos! ¡No nos hagas hablarte bien!
Pero Juanín siguió sin poder evitarlo y con lágrimas en los ojos les dijo que los quería y respetaba. Esto fue la gota que derramó el vaso (en realidad lo que se derrama es el líquido que contiene el vaso, lo que puede en todo caso tirar el vaso es la gravedad y no una gota que rebase su capacidad contenedora de líquido) y hasta su hermana, sin terminar de dejar eyacularse en la cara intervino en la reyerta, siendo secundada por su amante de turno.
-¡Basta! ¡Estoy en calma! ¡Estás todo el tiempo siendo cortés y haciendo las cosas bien y papá y mamá no hacen nada! ¡Yo te voy a tratar bien!
Juanín, que no había visto a su hermana en todo el día le dijo:
-Hola ¿Como andás?
El ocasional amante de su hermana que no lo toleró intervino diciendo calmadamente:
-¡No puedo concebirlo! ¡Es demasiado respeto! Te ve que estás con tu macho y adelante de tus padres te dice “hola” en vez de “Andá a la concha de tu madre”. ¡Este postpúber no está drogado, no anduvo fumando pasta base! ¿No se dan cuenta?
-¡Esto ya me tiene calmado y razonable! -argumentó su padre, mientras su madre afirmaba con la cabeza- ¡Tu hermana nunca nos hizo esto! Le va mal en el liceo, nos roba plata para drogarse y ya se hizo cinco abortos! No vamos a sacrificarla para que vos estés sib fumar pasta base y haciendo cosas productivas por tu vida todo el día.¡Vamos ya a internar a Juanín en un manicomio!
Y así fue que Juanín pasó encerrado varios años disfrutando de tranquilidad, paseos al aire libre, apreciación de obras de arte, compañerismo y charlas filosóficas con un montón de personas razonables como él, hasta que un grupo de especialistas estatales dictaminaron que ya había perdido muchos años de su vida; los suficientes como para no poder reinsertarse dignamente en la sociedad que lo había excluido o si quiera realizarse como persona y lo dejaron salir; cuando la única alternativa que le quedaba, era apenas sobrevivir en la miseria material y espiritual, trabajando de supranumerario en una multinacional, como todos los demás.
Juanín, feliz, al ver como le agradeció a sus padres, vecinos, compañeros y allegados diciéndoles:
-¡¡¡¡LA CONCHA NEGRA DE SU MADRE MANGA DE HIJOS DE UN VAGÓN DE PUTAS!!!

Jorge "Pollito" Manco y Piero Di Lorenzi

Salomón y Los Ángeles De Charly(García)



Salomón Williamsong Pérez tenía solamente un billete de doscientos pesos hasta su próximo lujoso cobro revertido, cuando a fin de mes le remuneraran su trabajo como dictador de clases de reciclaje de la Intendencia en Liceos públicos de la capital. Su problema era grande como una lenteja (vista desde la perspectiva de un habitante de un cuantum el cual es un cuerpo subatómico más pequeño aún que los electrones, protones y neutrones) o tan grande como la serpiente del Doctor Lao fuera del agua.
Salomón se dirigió al supermercado “La Clave” cito en Bulevar Batlle y Ordoñez (Propios) y Pantaleón (de) Artigas a comprar un salame “Doña Coca” que asaz era el más barato. No deberíamos distraernos con tales minucias que no hacen al asunto de nuestra narración verídica pero, vale explicar al público lector que dicho salame no debe ser comprado por nadie, ya que es elaborado justamente con “Doña Coca”, obligando a los compradores a practicar el canibalismo involuntario. Por eso recomendamos comprar “Productos Porcinos Propios” y no ajenos. Sin embargo, Salomón Williamsong Pérez, quería comprar Doña Coca, para lograr conquistar una chica que prefiera a un tipo con cerebro a uno con físico, como en la propaganda de dicha marca. Luego de comprar el antes citado salame, se dirigió a la caja, con temor a gastar todo su dinero pero por suerte, solamente le cobraron 22 pesos con 64 centésimos. Calculó que un billete de 200 pesos mide exactamente el doble que uno de cien, osea unos 16 centímetros de largo por 7,3 de ancho, por lo cual fraccionó el billete arrancándole un trozo de aproximadamente un 8,8300221avo del billete e intentó pagarle con él a la amable cajera. Sin embargo, en dicho establecimiento no comprendían este tipo de transacciones económicas de tipo escandinavo en momentos de crisis, por lo cual amenazáronlo con llamar a las fuerzas de la ley y el orden si no abonaba los correspondientes 22,64 pesos con billetes íntegros y no fraccionados o en caso contrario devolvía el salame. Salomón insistió en querer adquirir el embutido, diciéndole a la cajera:
-¡Pero no! ¡Pero no Nancy, sólo tengo doscientos pesos y veinticinco niños de un año y catorce meses que alimentar y me quedan doscientos pesos hasta el próximo cobro revertido, cuando a fin de mes me remunerarán mi trabajo como dictador de clases de reciclaje de la Intendencia en Liceos públicos de la capital!
Pero Los Dioses no accedieron
Salomón, temiendo perder su entrada al cielo, se retiró, no sin antes pergeñar por varios días como lograría comprar el salame Doña Coca con el cual sobrevivir hasta el próximo cobro revertido, cuando a fin de mes le remuneraran su trabajo como dictador de clases de reciclaje de la Intendencia en Liceos públicos de la capital.
Indignado con la vida, hasta pensó pedir un préstamo en Créditos Indirectos o sacar la Tarjeta D con la cual se sentiría bien uruguasho, sin embargo, en un momento de iluminación divina gracias a su amistad con Mariana Pereira de la Iglesia De Los Santos De Los Últimos Días, se dio cuenta de como pagar el salame con la gracia de Dios y José Smith.
Dirigióse nuevamente al supermercado “La Clave”, cito en Bulevar Batlle y Ordoñez (Propios) y Pantaleón (de) Artigas a comprar un salame “Doña Coca” que asaz era el más barato. No deberíamos distraernos con tales minucias que no hacen al asunto de nuestra narración verídica pero, vale explicar al público lector que dicho salame no debe ser comprado por nadie, ya que es elaborado justamente con “Doña Coca”, obligando a los compradores a practicar el canibalismo inconsciente. Por eso recomendamos comprar “Productos Porcinos Propios” y no ajenos. Sin embargo, Salomón Williamsong Pérez, quería comprar Doña Coca, para lograr conquistar una chica que prefiera a un tipo con cerebro a uno con físico, como en la propaganda de dicha marca. Luego de comprar el antes citado salame, se dirigió a la caja (y aquí, los autores dijeron “jie jie jie” y aparte se percataron que como aún no había pagado el producto, no lo había comprado nada y de que esto era muy divertido, cómo me río) con temor a gastar todo su dinero pero sólo le cobraron 22 pesos con 41 centésimos.
Cuando la cajera se disponía a abrir la boca la cual utilizaba como caja registradora y embutir así las monedas y billetes que Salomón habría de pagarle de ser una persona decente y no un personaje de películas de Almodóvar, en vez de recibir los óbolos escuchó algo así:
Bienaventurado el varón que no anduvo en camino de malos,
ni anduvo en consejo de impíos,
ni se sentó en silla de escarnecedores
sino que en la Ley de Yaveh está su deleite, etc.”

-Peeero por suerte qué divertido, cómo nos reímos, JIE JIE Jie, Oh Oh, pero los salmos no oh oh ¡Teje! ¡Teje! -continuó diciéndole la cajera cuando hubo acabado de recitar el Salmo I y también cuando sin parar Salomón andaba ya por el Salmo 37 en la parte que dice:

Confía en Jehová y haz el bien;
y habitarás la tierra y te apacentarás de la verdad.
Deléitate asimismo en Jehová,
y él te concederá las peticiones de tu corazón.”

pensando que, agradecida, la cajera le dejaría llevar el salame Doña Coca, luego de tan crecido pago como él le ofrendaba, sin embargo, la cajera, harta; sentencióle:
-Si no abona el salame “Doña Coca” como corresponde e insiuste en say hey johnny boy the batlle call, divited we stand united we fall, llamaremos a la pollicía para que le disparen con metralletas, además de que los dispatros serán emitidos en orden alfabético y de equivocarse y darle primero en la “o” que en la “p”, no sólo los disparos o y p deberán realizarse de vuelta, si no que se deberán enmendar empezando con el alfabeto íntegro de vuelta hasta llegar a la “o” y la “p” de nuevo, para recién después continuar con la “q” y si en esa recapitulación, por ej. se equivocaran y dispararan antes en la “m” que en la “n”, también tendrían que enmendarlo volviendo a la “a”, etc. ¿Se entiende? ¿No? . - aunque en realidad lo que le dijo fue: “¡Vo nieri dejate de encajar y pagame o te cago a palos vo chupapija, que me vení a encajar un cacho de billete y después salgos de eso vo, cara de mono, no te haga el bobo, vo sos puto, tas loco tarado de mierda! ¡Arrancá pa las ocho horas o te llamo al Jonny que te rompalorto”
Salomón no sabía como reaccionar, pues ya no sabía como hacerles entender que tenían que entender eso que él pensaba que ella debía entender, pero que por más que no lo quisieran entender, él tenía la buena Fe de entender, aquello que ellos no querían entender, que a pesar de no entender, deberían entender por qué él entendía que ellos debían entender, y no entendía como ellos no entendían que lo que él trataba de entender era el por queéno querían entender el porque no podían entender, aunque lo quisiesen entender y no lo lograsen entender (¿Se entiende? ¿No?).
Luego de esta última decepción y sin adquirir aún su salame Doña Cocka, Salomón decidió abandonar a Dios y la iglesia LuterAna e influenciado por el pensamiento y obras de los anarquistas expropiadores, sin entender un coño de ellos; perpetrar una serie de asaltos a bancos de plaza de la capital para conseguir el dinero con el cual abonar los salames Doña djksadnjsahdnjsa.
Muy luego (cuando estaba encaminándose hacia su primer violento atraco), advirtió que faltábale un arma con el cual perpetrar dichos crímenes contra el Sagrado Capital y la Propiedad Privada, por lo cual decidió que asaltaría dichos vancoz amenazando a Público Y Personal con piojos psicológicos si no le daban todo el dinero y las ajkdsajkdsaj.1
(Aquí los autores nos damos cuenta de que hubiera sido más práctico hasaltar la fábrica de chacinados Doña Cocka pero no importa cierra par-entesis punto y aparte.
Dirigióse pues Asia el banco de semen cito en Avenida Italia y Carlos María Ramírez y dijo:
-¡ Dadme todo el dinero y las jollas o pronunciaré la palabra piojos y psicologicamente la cabeza se les inundará de piojos psicológicos al oír esa palabra, o sea la palabra piojos!
Terminada la primera vez que Salomón dijo la palabra piojos, ya todos en el banco se revolcaban en los suelos llenos de piojos psicológicos, rascándoselos enérgicamente, menos un guardia de seguridad que escuchaba en su MP89 el Opus nueve en RE mayor de los guachiturroz, el cual, para felíz final de esta historia, comenzó a dispararle a Salomón con una metralleta que en vez de balas utilizaba salame Doña Coca.
1Piojos psicológicos: dícese de aquellos que sin una existencia física comienzan a picar en la cabeza de aquellos que escuchan o leen la palabra piojo y de los que se comieron el miembro del conde de Lautreamont.

Jorge "Pollito" Manco y Piero Di Lorenzi