martes, 13 de diciembre de 2011

Dioses y Demonios de alcatena y Mazitelli: Mitología en cuadritos.

VERTENCIA: TODOS LOS ANACRONISMOS DE ESTE ARTÍCULO SE DEBEN A QUE FUE ESCRITO LUEGO DEL LANZAMIENTO DE ESTE COMIC HACE YA COMO 3 AÑOS. LO CUELGO AHOR APORQUE LO ENCONTRÉ POR AHÍ Y ME PARECIÓ BUENO (TAMBIÉN PORQUE NO TENGO OTRAS COSAS PASADAS A PC PARA COLGAR).



Tapa de dioses y Demonios de Alcatena y Mazitelli, editada por Belerofonte.

Una nueva mitología
Si bien el cómic como producción cultural ha sido revalorizado por estudiosos de la literatura, la plástica y la semiótica, así como ha ingresado en la escritura por referencias, como influencia e incluso como materia prima (y ni qué hablar del cine, donde se ha explotado casi toda la Marvel), durante mucho tiempo se lo vio como una manifestación indigna de ser estudiada, tanto por su calidad de producto en serie, como por su supuesta temática trivial. Este estigma aún no ha sido del todo superado, no obstante esto, desde sus inicios, pese a quién le pese, el cómic (al igual que las novelas rosa, del Oeste, la novela policial, o la literatura “pulp”), generó un fenómeno social a su alrededor, que en determinados momentos y sobre todo en las clases media y baja, fue aún mayor que el que pudiera lograr la literatura “canónica”. Y no nos referimos a un fenómeno meramente de consumo, si no, al hecho de que el cómic ha generado imaginarios sociales, así como se constituyó en una mitología en el sentido real del término.
Siguiendo a Umberto Eco y partiendo de la base de la mitologización como “… simbolización inconsciente, como identificación del objeto con una suma de finalidades no siempre racionalizables, como proyección en la imagen de tendencias, aspiraciones y temores, emergidos particularmente en un individuo, en una comunidad, en un período histórico.”, se comprende que en Superman, Batman, Tintin e incluso las nuevas figuras de anti-héroes o héroes de la decepción, como los -ética y a veces políticamente incorrectos- Punisher, Spawn o los íconos del manga, se simboliza una constante necesidad en los imaginarios humanos, de aspirar a algo más allá de las limitaciones mundanas y la vida cotidiana.
De esta manera, dos artistas de una calidad excepcional como son Eduardo Mazitteli y Enrique Alcatena, desarrollaron ya hace unos años, ocho historias de doce páginas cada una, que el grupo editorial Belerofonte recogió en un tomo y presentó en el último Montevideo Cómics.
Este libro -desde la alusión del título-, tiene el hilo conductor de una serie de dioses (y demonios) inventados por la dupla de historietistas, en un mundo también imaginario; aunque tenga muchas referencias gráficas al mundo real y sobre todo al Oriente y la Edad Media. No obstante ello, las historias se centran en el interactuar de dichos dioses con el mundo humano, creando así una compleja y moderna saga, donde la mitología “artificial”adquiere las mismas funciones que las leyendas, tradiciones o religiones de todo el mundo: hablar más que nada del profundo tema del ser humano, desde su concepción de lo natural y sobrenatural, incluso cuando esta distinción no se dé desde las mismas historias.



Grupo editorial piñazoefrente en pleno con Alcatena, en la Feria Ideas + de 2010, donde Quique presentó "Acero Líquido", también publicada por Belerofonte.

Temas de ayer, hoy y siempre

Los temas son variados e invitan a la reflexión por medio del entretenimiento y el deleite en cada globo de diálogo y cada cuadrito, que constituyen una obra de arte de por sí. El amor de “Los amantes” enfrenta al dios de la muerte, al punto de que su tenacidad lo vence por cansancio, anulando el tópico de la muerte triunfante, e incluso el tópico de la muerte “tramposa”, ampliamente difundido -desde el folklore medieval- por Ingmar Bergman en su film “El séptimo Sello”. El ominoso tema de la mujer-bruja aparece en “Los últimos días de Ahntar”, donde la sabiduría sobrenatural vence la ambición y la prepotencia de un mercenario, al tiempo que “La luz del abismo”, nos muestra nuevamente la Hybris de Agnastes en lucha con el dios Rumbragram y explica la creación de un “faro”, apoyando a la perfección las teorías sobre el mito de Mircea Eliade. También peca de Hybris -ante los dioses y la naturaleza humana- el emperador Yathrak, empecinado en borrar el mal de la faz de la tierra, metáfora lograda acerca del fascismo latente en todo idealismo. El mundo de la mitología, también puede perfectamente ser leído como metáforas del mundo humano y del plano social, en “La mujer maldita”, donde –nuevamente- la figura de la hechicera conspira secretamente contra la estaticidad de un rey tiránico.
“El gran farsante” y “El ateo”, parecen apuntar ambos a una lectura simbólica de que las virtudes atribuidas a los dioses, están latentes en todo ser humano, como a la inutilidad de negar aquello que Karl Gustav Jung llamó “la aspiración a la religiosidad” en la psique del hombre.
El broche de oro al libro, lo pone “La apuesta”, ironía filosófica (en varios sentidos de la palabra), donde al estilo de “el ajedrez” de Borges, el dios de la lógica y el azar disputan su supremacía, usando como fichas de su apuesta, dos hombres, que enriedan en la contingencia entre la vigilia y lo onírico, lo lógico y lo irracional, el destino y el libre arbitrio; pero que no quedan tan desnorteados como los propios dioses y el mismo lector.
Y lo más importante, es que cada historia tiene la virtud, de no agotar su capacidad de interpretación ni en una milésima parte de lo dicho.




La imagen de lo fantástico
Si bien no todos los logros de un cómic dependen del guión, tampoco lo hacen con respecto al dibujo. En los cómics logrados, ambos se empalman y retroalimentan como dos códigos en colaboración, que logran un lenguaje específico. El caso de Quique Alcatena es paradigmático y excepcional. Alejado desde el inicio del dibujo simple, esquemático y supeditado al guión de la historieta clásica, cada una de sus ilustraciones sorprende por una dedicación y puntillismo que desborda de imaginación, enteramente en blanco y negro, sin utilización de recursos digitales ni tramas, incluso en las tapas, que por lo general son a pastel o drypen y no por ello pierden calidad. Este dibujo íntegramente a mano, tiene a su vez la peculiaridad de completar a nivel metafórico y simbólico cada guión, excediendo incluso su mensaje inicial, como ha resaltado Mazzitelli, con quien Quique conforma una dupla ya clásica, con una excelente producción a cargo.
Otro punto a destacar de la ilustración, es su ya destacada imaginación desbordante, donde surgen marcos, perspectivas y seres casi inconcebibles, que asombrarían a un surrealista, así como en ciertos momentos, surgen motivos tradicionales insertos en otro contexto, tanto de tradiciones de pueblos primitivos, como de grabados medievales y renacentistas.
Junto al mérito propio del ilustrador, es de destacar, como ya lo hizo Elvio Gandolfo en El País Cultural, con respecto a la edición de “Nuggu y los Cuatro”, por el mismo grupo Belerofonte; lo adecuado del soporte material que dicha editorial brinda al delicado trabajo de Alcatena.
Darle vida a los dioses
Este “Dioses y Demonios”, constituye en sí una nueva mitología que asalta desde los cuadritos del nunca bien ponderado cómic, la cual abarca más que nada el vínculo tardío entre dioses y hombres, sin detallar la cosmogonía del mundo donde se desarrolla, como tampoco su escatología. Quizás, una perfecta oportunidad, para que como ocurrió con Dunsany, Lovecraft o Tolkien, más tarde o más temprano, alguien decida tomar la posta para continuar una mitología que aún puede dar mucho o incluso, sirva de inspiración para seguir creando nuevos “Dioses y Demonios”, en un mundo que aún no ha perdido su pensamiento mágico, pese al neoliberalismo.

jueves, 8 de diciembre de 2011

El día que todo explote



La tentacion de San Antonio de Max Ernst

Lo vas a haber soñado muchísimas veces, como todos los que crecimos cerca de la costa, de la larga bahía, que por kilómetros y kilómetros de ruta, podía mostrarte esas instalaciones de explotación de petróleo. Soñamos con eso desde hace años y lo seguiremos soñando, pero en nuestra estupidez racional, seguiremos pensando que eso (irracional, disparatado) no pasará, que es más importante despotricar por los solventes en el aire, el plomo en las cañerías, la contaminación sonora y los trastornos biológicos que ya nos causó, que nos causa y seguirá causando, como si arregláramos algo sólo con quejarnos.
Desde la lejanía, como una estrella clavada en el horizonte, o un volcán haciendo guiños, los marineros verán por última vez la antorcha gigante, que nos señalaba la vuelta a casa desde niños.
Un limpiacubierta, al levantar su vista desde el trapo en el suelo hacia el balde, divisará algo, mirará la luz, que se hará más potente y luego cegará. El enorme caño de escape, lanzará un penacho de fuego de colores alucinantes, como los del puente del arco iris al ser destruido por fuego. Una llama dos veces más alta que él mismo, luego tres, luego cuatro y luego, expandiéndose hacia los costados, perdiendo el control y reventando la misma antorcha que le dio vida, volviéndola un boquete de fuego en la tierra.
Pero no estará seguro de lo que ve y no podrá comprobarlo. Unos segundos más y algo como un meteorito flamígero caerá sobre su barco, disparado como un cañonazo del Apocalipsis contra la cubierta, haciendo reventar motores y demás, todo lleno de líquidos combustibles, expandiendo fuego y humo por doquier. El agua se hará negra como los cielos y de pronto; fuego hasta sobre el agua.
Nadie estará seguro de lo que será. A todos tomará por sorpresa, tanto estén despiertos, dormidos, en la calle, o lejos de sus hogares del Oeste, trabajando, quizás del otro lado de la bahía. Se verá, sin embargo, en todas partes.
Increíblemente, tú estarás durmiendo. Sentirás un ruido como de algo explotando. La imagen amplificada que los sueños procesan de cualquier estímulo externo, te hará soñar con una bomba puesta dentro de tu ropero o algo así. Y quizás al despertar sobresaltadamente, sin imaginar que la realidad puede ser peor que la pesadilla, minimizarás los hechos y pensarás, que el ruido sólo fue una imagen amplificada de oír a tu abuela descargando una terrible flatulencia en el baño cercano a tu habitación.
Pero con sólo vislumbrar por la ventana con las cortinas a medio correr, verás la cerrazón en el cielo, la humareda ya bajando a ras del suelo.
De forma aterrorizada y a los gritos, clamarás:
-¡Explotó el Ancap! ¡Explotó el Ancap!
Y tu pareja, semidormida y fastidiada, te mirará como quien mira la demencia, se reirá y se dará vuelta para seguir durmiendo, sin comprender la magnitud de lo que acabarás de decir.
Con desesperación, saldrás hasta la puerta y verás que no era mentira lo que creíste. Y en ese mismo momento, una bola de fuego caída del cielo sobre tu casa. Correrás entre los escombros, sabiendo que ya nadie quedó vivo detrás.
La gente correrá por las calles enloquecida, tratando de evitar el fuego que crece y los derrumbes a todo paso. Tropezarás con cadáveres. Llegarás, luego de correr -con un Dios aparte cuidándote las espaldas- por horas, a un lugar lo suficientemente destruido, como para que ya nada más caiga, donde se aglomerarán los sobrevivientes desesperados, pensando en cómo comenzar de nuevo.
Allí, viendo el humo negro que sube, serpenteando desde el mar y contemplando la ruina de todo lo conocido, mientras un frío atroz se mezcla con el ardor del fuego destructor, la gente estúpidamente discutirá tratando de tener razón acerca de las causas. Sí, hasta en ese momento gritarán y discutirán por tener la razón. Unos hablarán de la obstrucción de las cañerías de gas o petróleo, otros de la imprudencia de haber construido un barrio casi tan grande como una ciudad a los pies de un volcán dormido, que finalmente despertó, alertado por algún reloj oscuro y desconocido.
Todos estarán de acuerdo sin embargo, que lo habían soñado, que todos, una o más veces lo habían soñado y que la tragedia estaba avisada y era predecible.
Y tú, recordando la película de Kurosawa, te preguntarás cuántos cuernos te hará crecer la radiación, sin poder ya ir hacia atrás, ni poder hacer nada para modificarlo.