lunes, 13 de diciembre de 2010

Adán y Eva


Adán conduce su cuatro por cuatro ferozmente, levanta y desplaza un torbellino de polvo en pocos segundos, cubriendo el horizonte y el sol muriente, dejando que sólo se aprecie la prestancia del cromado negro con llamas dibujadas en pico. Detrás de él frenan a su orden los cuatro forzudos que lo acompañan. Bajan de sus respectivos vehículos y comienzan a caminar detrás del líder, que con su rostro más recio desenvaina una espada de dos filos y grita hacia adentro de las chozas:
- ¡Salgan inmediatamente malvados! ¡El césped de sus reinos es muy verde, pero pronto lo teñiré con sangre!
Al momento -como si los malos también esperaran la orden de Adán-, una horda de seres deformes y achaparrados, negros, verdes, gigantes, raquíticos y anormales sale de las cabañas profiriendo chillidos, ululando y haciendo cualquier sonido menos un lenguaje articulado, blandiendo metralletas, espadas, hachas y uno que perdió su arma un escarbadientes.
La batalla dura lo suficiente para que Adán libere nuevamente a su pueblo de las fuerzas enemigas, tiñendo -como prometió- el pasto de rojo. Para coronar el día, las chozas son prendidas fuego y de paso se queman los cadáveres del enemigo, guardando las cabezas para llevárselas como ofrenda al Rey, que nuevamente tendrá que recompensar con un gran agasajo la hazaña del héroe. Lo mismo hará nuevamente la princesa Yennifer.


Separada espacial, mas no temporalmente de Adán, Eva, se encuentra llegando a su casa nuevamente, luego de pasear con sus amigas por el Shopping. Ni bien entra al hogar, recuerda que pasó toda la tarde comprando sombreros y ropa, peinándose, etc. pero que la casa estaba sin limpiar. De inmediato, sin cambiar su indumentaria ni la sonrisa de su cara, limpia toda la casa, incluso trayendo hacia los lugares correspondientes algunos muebles que habían quedado fuera de la vivienda -por algún motivo- desde el día anterior. Luego escucha llorar a los niños, por lo cual, rauda, prepara la comida, los alimenta, los cambia y los lleva a dormir. El marido sin embargo se demora. Recuerda que el día anterior había tenido una reunión de apuro con el jefe y no había venido y sin poder evitarlo, llora. Pero ahora recibe un llamado y el sólo demorará unas horas más. ¡Todo en orden! ¡Ha sido un día genial!


Al tiempo que Adán parte a recibir la bendición del Rey, el marido de Eva está por llegar a su casa a reconocer la labor de su mujer con la limpieza y los chicos, no obstante, ninguna de las dos cosas pasará hoy.
La puerta se abrió violentamente y la madre de Adán y Eva les gritó que guardaran los juguetes ya y se fueran a dormir, que al otro día había escuela; lo cual cumplieron sin chistar, para que el padre no viniera a pegarles.




Jorge Manco

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