martes, 6 de julio de 2010

descarga directa: re-edición digital de "microcuentos para poner en el sobre de votación si le da asco poner caca" de j. "Pollito" Manco con bonus tra


Vio que en un momento uno se queda sin ideas, falto de inspiración y sobrepasar eso tiene dos alternativas: 1) robar clásicos de la literatura y hacerse el borgiano o el posmoderno “reinterpretándolos” a la luz del retrofascisocialismo anarcocatólico 2) hacer la versión occidental de una película nipona o 3) hacerle pequeños cambios a algo que ya publicó, agregarle unos temas nuevos y venderlo como si fuera el último y nuevo disco.
Es por eso que yo no hice ninguna de las tres, ya que no estoy falto de inspiración, si no de tiempo.
En esta ocasión les vengo a presentar una oferta difícil de perder para la dama y el caballero que viajan en éste medio de trasporte: “Los m.c.p.p.e.e.s.d.v.s.l.d.a.p.c.” o “microcuentos para poner en el sobre de votación si le da asco poner caca”, un éxito editorial de J. “Pollito” Manco, que vendió cerca de quince copias, durante el período de campañas electorales del uruguay en 2009.
La información necesaria y crítica exhaustiva del texto están presentes en el mismo volumen, por lo cual no lo analizaremos ahora. Sólo tres comentarios: 1) todo lo que s e dice en el texto sobre situaciones estresantes para los personajes (Benedetti, elecciones, fútbol, trabajo, liceo) y para el autor (Benedetti, elecciones, fútbol, trabajo, liceo) siguen vigentes, aunque el autor haya modificado ciertas perspectivas sobre lo expresado en el texto en momentos de bronca asesina y lo que igual no tiene porqué aclarar porque no tiene porque hacerse responsable de las opiniones de sus narradores como propias a menos que piense que la literatura es belén francese 4) la re edición para las elecciones municipales llevaban mucha plata en fotocopia y entonces no salió, sin embargo acá tienen la posibilidad de descargar el texto e imprimirlo y usarlo para cualkiera de las elecciones del resto de su vida, ya que siempre serán la misma mierda. O sea, la re- edición cibernética está desactualizada con respecto a los tiempos, pero igual puede servir en un futuro. Este texto igual había colgado en bló vomitando1.blogspot.com, así que no sé pa qué lo pongo acá.





http://www.4shared.com/file/223301687/e5c6e3a4/Microcuentos_por_Jorge_Pollito.html


Ah sí, ya sé por qué, porque además de bajarlo pueden copiarse de acá los dibujos de las tapas y contratapas originales a color.
Si no quieren gastar un minuto de conexión en bajarlo y que no les guste, acá les dejo la introducción y dos de los microcuentos que James Cameron me pidió pa ver si le vendía los derechos y filmarlos.
Y pa más adelante, capaz que hago la primera edición digital de la segunda entrega de los microcuentos, que fue pa las elecciones balotágicas.





obra: paloma de la paz musumana


Esta fue la primer tapa de los m.c.p.pe.e.s.d.v.s.l.d.a.p.c., limitada a una sola copia, porque somos como esas ridículas bandas de black Metal por Nazi Colombianas y de pa´sis en que si uno piensa que es ario debería suicidarse (además de que tal invento racila no existe), qu elimitan sus copias a cinco o seis y se hacen que es para mantener su perfil anti-comercial, es porque saben que no los oyen ni la familia de los integrantes.
Esta obra (ya publicada en pefrente), está realizada en técnica mixta de pastel y collage y valuada en seis millones de dólares del narcotráfico.





obra: paloma de la paz


Esta tapa apareció en la mitad del resto de la tirada que no tenían esta tapa y sí las otras que no son ésta.Como apreciarán, esta obra dialoga con el sobrevalorado clásico de Pablo Pijasso. su técnica e sun exquisito estilo "a l'apuré" en lápices de colores importados de bielorrusia y su intención ideológica es demstrar la tole-rancia del autor al incluir las dos manifestaciones de la paz en al frontera de gasa y alcohol: la musulmana y la lo que sea que es esta otra.





obra: Monstruo que apareció en la puerta de mi cuarto número 5.


Esta tapa apareció en la mitad del resto de la tirada que no tenían esta tapa y sí las otras que no son ésta.Como sabrán los putos que han visitado mi pájina de Deviantart, éste dibujo eprtenece auna serie de cientos de monstruos que vi en la puerta de mi carto entre lso cuatro y cinco años de edad y que estoy bosuqejnado en paples gla´se como ayuda memoria, para luego, plasmarlos (ya qu enos on personajes conectados por ninguna historia argumental), en una coleccióndefiguritas con álbum inlcuído, que editará el Cromy club Pernigotti. Ud. se preguntará: ¿Quién querrá juntar cientos de figuritas de monstruos que J. "Pollito" Manco vio en la puerta de su caurto cuando era chico porque ya estaba rematadamente loco? y yo le contestaré: "¿Y quién quiere tener cientos de figuritas de unos tipos peludos y mongoloides con las remeras de su tribu que salen en la tele corriendo una pelota por plata?"





Obra: Rossina y el mar.
Ésta fue la contratapa de toda la edición. Boviamente, con claras alusiones a Alfonsina Storni y su vínculo con la cultura emo, aunque su autor, J. "Pollito" Manco lo niegue, en esta soberbia obra, vemos a la chanchita rossina a punto de suicidarse por inmersión en el mar, en un cuadro mural de dimensiones exiguas similares a las de una hoja A4. La técnica es con cualquier cosa que estuviera a la mano del autor.


Algunos textos de los "M.c.p.p.e.e.s.d.v.s.l.d.a.p.c."


Praeludium


Como el lector apreciará por el título del humilde volumen que tiene en sus manos, éste es un compendio de microcuentos. La denominación no me conforma demasiado, ya que el “microcuento”, si bien tiene una larga tradición en las más diversas culturas y épocas, no fue si no hasta entrado el siglo XX (y a raíz de las publicaciones de personajes tan poco admirados por mí, como Augusto Monterroso Et. Al.), que comenzó a llamarse de dicha manera. Yo no sabría explicar que distingue esas cosas a medio camino entre el cuento sin gracia y la poesía en prosa que hace Altessor, de las Iluminaciones de Rimbaud o de algunos textos tradicionales de la India y Persia (que me simpatizan más) por citar algunos ejemplos; pero el punto, es que me gusta el término porque me hace pensar en los macrocosmos microscópicos y porque por lo general, las cosas chiquitas me inspiran ternura. Obviamente, también es más aceptable “microcuentos” que “cuentos chiquitos” para los literatos pedorros como yo. Por último, dicha denominación fue tenida en cuenta por un tema de practicidad, ya que también “microcuento” es más identificable que “cuento chiquito” para el lector promedio, que por lo menos habrá tenido en su celular la invitación a ese desaguisado concurso de Ancel, en el que más o menos te daban la fórmula para hacerlos, cosa que te ganaras una recarga y no sé lo qué.
Como también notará el lector, estos microcuentos, tienen una finalidad práctica y no son un mero bien intelectual deslindado de la realidad, fruto de una concepción elitista del arte. Al contrario de lo que podría hacer con un papel elite, Ud. no se va a limpiar el culo con mis microcuentos (o quizás sí), si no, que de no gustarle los mismos, lo cual es lo más probable, puede utilizarlos… ¿Qué le estoy explicando, paciente lector? Como habrá notado entusiasmado en la tapa de esta publicación, me he preocupado de que miles de personas como yo, ya no suframos ante la alternativa de qué mierda meter dentro del sobre de votación (amarillo si es normal, el amarillo dentro del celeste si es observado, tanto por identidad como en forma simple (lo sé porque la democracia afianzadora de la libertad individual me obligó a trabajar en una mesa de recepción de votos amenazándome con retenerme el lujoso sueldo por un mes)), si somos lo suficientemente estúpidos, egoístas, irresponsables, antipatriotas e inmaduros para no querer poner la listita de alguno de los futuros dictadorzuelos respaldados por el consenso popular que conforman la larga lista de presidentes que seguirá haciendo flotar en aguas servidas a nuestro amado estado-tapón (frase excesivamente larga y barroca). En esa situación, uno no sabe si poner el voto en blanco, embebiendo una lista en aguajane o si meter (por lo general es lo que más tienta) un papel higiénico lleno de caca, en lo posible diarrea fresca. Los inconvenientes de dicha opción son fácilmente presumibles por todos. Es muy difícil trasladar la caca desde la casa hasta el circuito, más sin que se note el olor, a menos que uno disponga de una heladerita quirúrgica o algo así. Igual de dificultoso es cagar dentro del cuarto oscuro sin que se note, amén que por la ausencia de luz, uno se puede limpiar mal el ojete y la broma hacia los encargados del escrutinio nos costaría que el único calzoncillo que tenemos quedara manchado y oloroso, teniendo que ir en seguida a lavar y cambiarnos el puto calzoncillo por un repasador con un alfiler en el costado.
Es así, que como mejor sucedáneo de la mierda, decidí entregar en un acto de responsabilidad civil única, estos microcuentos a la población para ponerlos en el sobre de votación, para simular caca, ya que son una mierda. A mí, me gustan mucho, ya que tienen la concisión de una trompada en las bolas (voy a decir que la literatura debería ser toda así, para sonar vanguardista y manifiestero) y la intensidad veloz y condensada de una eyaculación de 12 cm. cúbicos, fruto de el inmediatismo de la posmodernidad y todas esas pavadas reaccionarias que repiten sin cesar todos desde hace treinta años. Sin embargo, ya los he preparado hasta con troquel para recortarlos y que Ud. pueda meterlos en el sobre de votación de a uno, cuando hay más de uno por pag. (dos microcuentos en un solo sobre anulan el no-voto y van para el que gane) y si no quiere perder su ejemplar, fotocópielos y déjese de joder. O si no, directamente haga caca dentro del sobre y arrégleselas, o meta una baldosa o figurita de hi-5… O vote un candidato cualquiera no más, que la mierda va estar dentro del sobre igual, en forma de lista.
Sólo puedo agregar para terminar este prólogo, que como dijo el poeta:
“April is the most cruel month”
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Puntual


No tenía idea de cómo llegar. Menos a tiempo. No tenía dinero para un boleto de ómnibus, ni quedaba a quien ya no le hubiese pedido plata prestada para eso en los últimos días. Si iba caminando llegaría tarde, además estaba resfriado y no me convenía el esfuerzo que debía hacer, ni el frío que iba a agarrar.
Desesperado, pensé en salir en bicicleta y hacerme el que me atropellaba un ómnibus, para que me llevara puesto hasta el centro o para que cuando viniera una ambulancia, me llevaran hasta cerca de donde tenía que ir y ahí tirarme por la ventana, pero me di cuenta que de seguro me lastimaría en la farsa y eso no me convencía tampoco. Hacer autostop podía demorarme mucho también, ya que quizás no me cruzara con nadie que fuera exactamente a donde yo necesitaba por mucho rato. (La posibilidad diametralmente opuesta, o sea, que sí me cruzara con alguien que fuera en la dirección que yo debía hacerlo y que ese encuentro fuera inmediato, también era viable, pero no sé por qué, en momentos así me pongo pesimista.)
Entonces, me decidí a tomar la biblia telefónica. Llamé a una agencia de secuestros y me ofrecí a algún secuestrador desocupado. Mi idea era hacerme secuestrar de manera tal, que proporcionándole al raptor el teléfono del lugar a donde iba, arreglara para entregarme allí a cambio de un rescate y de esa manera, poder llegar en hora.
Hecho el llamado, salí a caminar por la calle, temiendo que -incluso así- el trámite se demorara y llegara tarde. Sin embargo, a los dos minutos de caminata, un tipo paró casi atropellándome al lado mío, me subió a su Mercedes a las piñas y me amordazó, por lo que se ve que ni pensaba que el secuestro lo había encargado yo mismo y no otra persona.
Entonces, yo intenté darle el teléfono y dirección del lugar donde iba, pero el tipo estaba nerviosísimo y no me daba corte y conducía como loco por la ruta, alejándose cada vez más de donde yo tenía que ir, como si no se diera cuenta de que luego de secuestrar a una persona hay que pedir un rescate.
El tipo conducía, conducía y conducía, se daba vuelta y me pegaba, gritaba y nunca se dignaba a sacarme la mordaza, ni a hacer una llamada telefónica para pedir un rescate por mí, como si no le interesara cobrar.
Ya habían pasado seis horas o más y yo no sabía ya por dónde estábamos, cuando se terminó la nafta. El tipo, fuera de si, me reventó a palos y se bajó del auto diciéndome que no me moviera de ahí. Yo esperé con miedo, pero amaneció el día siguiente y yo seguía allí y el tipo no sé dónde.
Entonces, casi arrastrándome, salí del auto como pude, con las manos atadas y amordazado. Comencé a atravesar el desierto donde me había dejado, pensando en qué dirección quedaba el lugar al que debía haber ido ya el día anterior y además, si llegaría en hora.


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Permutabilidad del cuadro


Ni bien Augusto se recuperó de su adicción a las drogas y regresó a su casa, fui a visitarlo. Como lo sospeché, se había transformado y llevaba una x colgando del cuello. Pero lo peor, fue que en la pared, arriba del marco de la puerta, vi colgando un cuadro de Maradona, pero después se había transformado en uno del Che y después en uno de la virgencita.

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