jueves, 22 de abril de 2010

La sopa del Rey

La casa está casi perdida en el medio del enorme terreno que la circunda. Deberíamos decir las casas, aunque estamos justificados, ya que desde tan lejos como estamos, se ve una única construcción enorme en el medio de una porción de tierra de unas cuantas hectáreas, donde conviven varios paisajes geográficos. Al traspasar los metros, metros y metros de rejas que vuelven cuadrado este pedazo de mundo, luego de unas horas, al acercarnos podemos apreciar las construcciones. Ahora, podemos decir que las casas están casi perdidas en el campo y muy juntas como para que la paz reine sobre los verdes pastos.
Frontalmente, hacia la visión de quien se acerca a las casas, se destaca una construcción picuda, amplia y bastante vieja. A su costado hay otra construcción más nueva, quizás un poco larga de más y sin gracia, más pequeña que la casa picuda, de forma tal que estando al costado de ésta, no logra ser del mismo tamaño que dicho costado de la primer casa con techos en pico.
Pero esto no es todo, ya que al acercarnos más, se puede descubrir que más al fondo del interminable costado de la casa picuda, hay una tercera construcción, similar a la primera –quizás un poco más majestuosa, aunque más pequeña-, pegada al costado de esta construcción, de manera tal, que sólo se puede salir de esta tercera casa pasando por el terreno de la primera. O arriesgándose al enrome y tenebroso bosque, que da directo con los fondos de dicha vivienda. Es muy complicado de explicar sin dibujarlo, sin embargo, no nos detendremos mucho en esto, ya que la historia comenzó muy lejos de aquí, en las Islas Orcadas.


En una costa, cerca de algunos escombros dejados por recientes cataclismos naturales consecutivos, se levanta una rústica y bella casa de dos pisos, construida con troncos de color marrón claro.
Dentro de ella, vemos a una chica que perfectamente confundimos por ahora con una muchacha común y corriente: nada en la joven parece destacar o delatar algo que no muestren sus facciones y vestimenta, posibles de hallar en cientos de personas además de ella. La chica, sin embargo, adolece de un mal muy común en las chicas comunes y corrientes del resto del mundo: está tirada en la cama con una depresión con textura mucosa, digamos que ya no está tirada, si no colgando como un moco en la cama.
Su madre entra en el cuarto. Es una mujer joven bastante bonita, rubia y de pelo largo y le avisa que tiene una sorpresa o regalo para ella. La emoción de la madre no parece trasmitirse a la hija, que sin cambiar de facciones, descree de lo maravilloso que pueda llegar a ser lo que su madre anuncia con tanta emoción.
La madre se va y sin embargo, cuando la “sorpresa” ingresa al cuarto, la muchacha cambia de textura moco a textura goma, parece rebotar de alegría, mientras sus ojos se agigantan de brillo, las comisuras de sus labios vencen a la gravedad con violencia, sus mejillas se ruborizan.
Es él. No se veían hace años. Pero sin embargo es él. Igual o mejor que siempre. El pelo castaño claro, su porte de persona también común, hijo de Pérez. Sus lentes de aumento cayéndosele por la nariz como a todo intelectual. Y su misma forma de hablarle con cariño, sin poder evitarlo pese a cualquier presión social. La misma manera de dejar escapar su voz amariconada de niño bludo de papá y mamá cerca de sus oídos, de su cara. Y ahora la diferencia: la intención de aunque después, aunque lejos del lugar donde todo se generó, ahora sí, pasaría.
La depresión huyó. El verde del moco, del musgo, se incineró al calor de los leños en los que se cocía una extraña sopa.


En la casa picuda, sonaron las trompetas ante las puertas del garage que se abrieron. El Rey y su comitiva entraron con los despojos de la caza, montando sus bicicletas.
- ¡Con la caza de hoy seguramente podremos hacer charque para todo el Invierno y ni bien llegue la Primavera…
Las ocho o nueve personas que conformaban el pueblo de su majestad -aparte de su comitiva-, victorearen, aunque no se sabía muy bien por qué. De esta manera le pusieron un poco de sonido a la tarde que recién comenzaba.
Sin terminar la frase, el Rey entró como una tromba al baño a orinar, mientras seguía su razonamiento:
- … esta Primavera por fin podremos salir de las rejas. Llegaremos hasta Ocho de Octubre y 20 de Febrero y desde allí, conquistaremos cuadra tras cuadra hasta por lo menos llegar a Corrales y luego, con esa gente, conquistaremos las posesiones del Reino enemigo que se extienden desde…
Cuando salió del baño, absorto en sus pensamientos se encontró de pronto con su joven esposa.
- ¡Oh amor! ¡Volvisteis de tu larga travesía!
- Sí… -contestó secamente la muchacha que anteriormente viéramos en las islas Orcadas, como si estuviera pensando algo.
- ¡No sabeís los planes que tengo para la próxima Primavera! El castillo de los Mac Umberos no resistirá el embate de nuestra nueva armada, tenemos pensado reconquistar la cuadra de Propios y…
- Tengo que hablar algo serio con vos…
El Rey nunca había visto a la Reina tan seria en su vida de casados, ni tampoco antes de esto, ya que no la conocía.
En su alcoba real, ella habló, con una seriedad tal que parecía mucho mayor de lo que era, o sea, casi una adolescente.
- Lo volví a ver. Viajó desde Norteamérica sólo para verme…
- O sea que al fin y al cabo estaba ahí… -el Rey sonrió, como no entendiendo- ¡Así que al final lo pudiste encontrar!
- No… Creo… Creo que vos no entendéis…
- ¿Qué no entiendo qué? –el Rey en seguida entendió y su semblante se transformó- ¡Oh sí! ¡Entiendo!
No dijo más nada, soltó un poco las manos de su mujer y se quedó mirando la colcha violeta en silencio.
- Pero os juro que no va a volver a pasar… Fue sólo un desliz… algo como… pendiente…
- Como una asignatura pendiente. –dijo el Rey con algo de sorna.- ¿Disfrutasteis la clase por lo menos?
Ella comenzó a llorar.
- ¡Perdón! ¡Perdón! –dijo el Rey arrepentido, tomándole las manos con fuerza nuevamente.
Luego de llorar como una magdalena, mientras el Rey le prometía todo el olvido y la redención de que un humano fuese capaz, de golpe, como feliz y volviendo de una mala pesadilla le contó:
- Y sabéis que es lo mejor: me enseñó la receta de una sopa riquísima… ¡Fue lo mejor de todo!
- De todas maneras no sé quién es, ni de quién me habláis, nunca lo supe…
- Pero me enseño a hacer sopa…
- ¡Mh! –dijo el Rey animándose- ¡Sopa! Sí dejó algo relacionado con comida, sea lo que sea, es bueno.
Mientras se abrazaban les comenzó a llegar el olor de la sopa desde el suelo, al lado de una ventana.


Esa noche ocurrió lo nunca previsto, sobre lo cual más adelante el Rey disertará citando como fuente a un conocido filósofo de orientación deconstructivista; más específicamente a Derrida, quien decía que sólo lo imprevisible es lo que ocurre, lo demás es planificado; aunque eso no lo vamos a contar más adelante.
Mientras el Rey y sus vasallos se disponían a cenar apaciblemente las recién alineadas vituallas de carne de apereá, sin motivación aparente alguna, los vecinos de la casa del costado trasero irrumpieron a todo ruido de cristales y maderas quebrándose.
Eran cerca de diez asesinos, vestidos casi todos con pasamontañas y ropas negras, algunas de ellas similares a los tradicionales atuendos de los ninjas. Habían entrado descolgándose con cuerdas por las las ventanas, de seguro impulsándose desde la azotea vecina.
- ¿¡Cómo os atrevéis!? – gritó con su último aliento el fiel vasallo del Rey, mientras un shuriken se clavaba en su pecho, en el momento que saltaba para proteger al monarca.
El Rey no tuvo tiempo para reaccionar. Los dos enanos de la corte lo arrastraron fuera de la sala luchando con el coraje que lo tentaba a quedarse a salvar la situación, mientras los invasores comenzaban a desenfundar sus pistolas automáticas para tener ventaja, viendo que los defensores del lugar también eran diestros en las artes marciales y al ver volar el primer shuriken tomaron katanas, bó, nunchakus y sais para darles lucha.
Los dos enanos, no obstante ello, no tuvieron demasiado éxito al intentar retener al monarca en su alcoba, al lado de su preocupada esposa.
Este, derribándolos, se fue hasta su ropero y sacó su escopeta F.A.P. y similar a un oso, salió pesada y enfurecidamente hacia el comedor.
- Nadie se quedará con mi apereá. –fue lo único que se le oyó decir.
Los suyos habían dado pelea y si bien sólo dos de sus servidores sobrevivían se habían llevado a cinco de los invasores. Los otros cinco intrusos, sin poder apretar el gatillo, fueron ultimados con velocidad por el Rey, cuya puntería y eficacia para esconderse detrás de las escaleras a la hora en que las pistolas hacían su contraataque, eran dignas de un joven mercenario chechén.
El silencio se hizo, finalmente. Los cuerpos se enfriaron y los cañones dejaron de humear, mientras los enanos bajaban a auxiliar a los sobrevivientes heridos. El rey, caminó entre los fiambres y la salsa de tomate y con recia mirada, clavó su tenedor en una rodaja de apereá.


Al día siguiente, luego de enterrar los cadáveres en el jardín, mientras el pueblo que vivía en el sótano se retiraba del funeral, el Rey tomó de la barbilla a su llorosa esposa y le dijo estas palabras:
- Vos sabéis bien que no tenemos pruebas materiales de que hayan sido ellos, así que nada puedo hacer, más que ir fuera de las rejas a comprar armas y estarnos protegidos…
Como ella no contestara, el Rey montó su bicicleta y marchó acompañado del único noble que había sobrevivido. Pero cuando sólo estaba a unas vueltas de pedal de a puerta del garaje, vio con los ojos desmesurados, una figura que se dirigía corriendo hacia su mujer desde los terrenos del costado del fondo.
Era exactamente ella. La misma Reina de su atacante, que pocas veces habían visto, al punto tal de que no la habían visto de hecho ninguna vez. Sin embargo la reconocieron por las descripciones que de ella tenían: mirada tonta, aspecto de hablar pocas oportunidades y reír nerviosamente las más veces y manos pequeñas y flacas, con las que todo el tiempo pasaba dibujando en las paredes de su reino estrellas de cinco puntas, pentágonos y manos pictográficas, aunque su marido la rezongara y tuviera que limpiar y pintar las paredes día a día. Como se decía, era muy parecida a la reina de la casa picuda, menos porque ésta era blanca y aquella tirando a parda, ésta un poco bastante más joven que la otra, una tenía el pelo negro y la otra rubio, una era gorda y la otra flaca, además de que las diferenciaba el ser baja y alta respectivamente. La de aquí era extrovertida y superficial pero sumamente astuta, calculadora y malintencionada y la de allá parecía silenciosa y lo era, no le daba la mente para nada y tenía rabietas infantiles además de una ingenuidad cercana a la de l burro detrás de la zanahoria. Pese a estos parecidos apuntados, se diferenciaban claramente porque una vestía de rígido negro y la otra de rígido multicolor.
Azorado, el Rey intentó dar media vuelta pero ante una mirada de su ladina esposa, mantuvo su posición de espectador pasivo.
- Quería hablar con vos –dijo la mujer del Rey invasor-: sé que anoche fueron atacados, pero no quiero que penséis mal de mi amado esposo, el no los atacó por nada en especial, si no que fue un ataque completamente inmotivado… hasta a mí me sorprendió…
La cara de todos fue un poema, mientras la reina pensaba en cómo sonsacarle más información a la recién legada. El Rey, contrariamente, no tuvo una actitud tan juiciosa:
- ¡Así que confesáis habernos atacado anoche! –vociferó el monarca- ¡Ahora sabréis lo que es bueno! Todos estos años presionándome para que os dejara hacer un acceso directo hacia fuera de las rejas y no tener que pasar por mi casa y luego conseguisteis armas saliendo por el tenebroso bosque, sólo para atacarme inmotivadamente!
Mientras la Reina lo miraba con cara de frustración, la reina del invasor, con la cara desfigurada de miedo y llorando salió corriendo.
- ¡No por favor! ¡No le digan a mi marido que les dije que fue un ataque inmotivado!
El caos cundió entre los diez o doce presentes, mientras los llantos de la otra Reina se sentían desvanecerse en la casa del fondo.
- ¡Ya mismo! ¡Vayamos por las armas! –gruñó el Rey.


La noche se acercaba poco a poco, en un pesado día de calor húmedo. Esperando las horas proclives a las bélicas venganzas. En casi total silencio, el Rey miraba hacia la casa de su atacante, esperando la más mínima señal de lo que fuese para atacar motivadamente.
Estaba empezando a aburrirse de mirar hacia la otra casa sin saber muy bien que esperar, cuando de pronto comenzó a escuchar gritos, gritos de mujer muy agudos. Luego llantos de la misma mujer y grandes gritos. Era la voz del Rey invasor entablando una discusión. En pocos minutos comenzó a sentir ruido de platos rotos.
Finalmente, el enorme ventanal de la casa del vecino se abrió de par en par y el Rey enemigo, ofuscado hasta el rojo total en sus mejillas, salió por ella bramando:
- ¿¡Dónde está mi sopaaaaaa!? ¡Mi sopa! ¡Mi sopa! ¿Dónde está mi sopa?
Mientras en el terreno que linda entre las dos casas el Rey gordo viejo y pelado que la noche anterior atacara l de la casa picuda vociferaba por su sopa, dentro de la cas picuda, el Rey más joven y de cabello largo y algo enmarañando que fuera atacado la noche anterior pensaba. Y comenzaba a entender.
Muy lentamente, se dio vuelta y fue hasta el tazón blanco que casi parecía un huevo enorme con un agujero en su parte superior. Miró en su interior y olió, recordando ya haber olido eso mismo antes, pero sin acordarse cuándo, como si no hubiese podido prestarle atención a ese cuenco que no sabía desde hace cuánto estaba ahí. vio una capa bastante gruesa de algo como una grasa coloreada, grumosa pero al instante se dio cuenta que sólo era una película. Y cómo sospechó, al soplarla se separó o aglutino, dejando al descubierto una spa fría, en la que empezaron a flotar inmediatamente abundantes pelotas de carne picada amontonada como cánceres o fetos abortados.
-¡Ildja! –gritó enfurecido el Rey de cabellos largos y rojos, mientras subía las escaleras enfurecido.
Al terminar de subir las escaleras, abrió la puerta de una patada y se encontró con el impasible semblante de su mujer.
- ¡Ildja! ¿Así que esta es la famosa sopa? ¿Me engañaste con el vecino de al lado, con el mismo que anoche nos pudo haber asesinado?
El Rey inclinó un poco el cuenco con forma de huevo truncado y quedó esperando una respuesta de su esposa, pero esta, sólo miró al cuenco y al Rey alternativamente, con algo de confusión.
Las cosas quisieron que esa pregunta quedara sin responder, ya que el Rey pelado, al sentir el griterío en la casa vecina, no fue tan perezoso o precavido como su vecino y –ya acostumbrado a los ataques inmotivados o algo así-, subía las escaleras asesinando a lo poco que quedaba de reino, súbditos, enanos o lo que fuese que había en las escaleras y el piso inferior.
El Rey de roja cabellera sintió el ruido y como accionado por una respuesta primitiva, saltó hacia el ropero, sacando la bazuka que había comprado cerca de esa tarde y metiéndose granadas en los bolsillos.
-¡Ya podéis luchar por tu puta sopa, mascón de mierda! –gritó el Rey de la casa picuda, abriendo la puerta de su cuarto y saliendo disparado hacia fuera de él, para hacerle frente a lo que fuese que le esperaba.
El otro Rey, quedó suspendido un momento, con su pelada perlada de sudor y su barriga bailando por el súbito frenazo.
- ¿De qué sopa me habláis? –dijo, sorprendido.
- ¡De la que recuperarás sobre mi cadáver! –contestó el otro.
El pelado, sin muchas ganas de discutir antes de agarrarse a las patadas, miró a los cinco soldados que venían cargando un cañón de dos metros junto con él y gritó:
- ¡Chupadme la pija mongólico!
La Reina mientras tanto, había sentido el chistido desde debajo de la ventana. Er ala otra Reina, que con una red la instaba a saltar. Y salvarse. Lo que siguió un segundo después fue la mutua destrucción (o autodestrucción) de ambos monarcas, en una bola de humo y fuego.


El mediodía irradiaba sol sobre la casa picuda. En el comedor, ambas Reinas, viudas, almorzaban la sopa del mismo cuenco, llevándose enormes pelotas de carne a la boca y sonriendo. Desde la casa larga y sin gracia del costado delantero del terreno de la cas picuda, salió el muchacho de pelo castaño claro y lentes.
Sentándose a la mesa con las Reinas, avisó:
- Tengo una receta estupenda de niños envueltos…

1 comentario:

  1. eieiieieieiieiei mencanta que opines y que des tu opinión, igual que hago yo en mis publicaciones, pero siempre desde el respeto jamás te confundas porque este blog tenga este nombre ok! solo aclarar eso. me ha gustao mucho que comentaras lo de los rude boy , no tenia ni idea, tmp me he informado, jajajajja! rihanna kerra explotar su lado jamaicano.. enfin!

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