domingo, 31 de enero de 2010

El Viaje Hacia el Bar.

Queridos lectorcillos:
He aquí una narración que os regocijará y os hará aprender, a través de las peripecias de nuestros queridos aniguitos Bernardo y Damián.
Aquí tenéis el primer capítulo, para leer y deleitaros (luego de hacer los deberes y ayudar a mamá con las tareas hogareñas) y próximamente habrá más. ¡Así que divertíos! ¡Ya tenésis otra lectura además de La Biblia!




I
Preparaciones para el viaje


- Leche. –contestó en un lapsus, cuando le preguntaron dónde vivía.
Eso ya había pasado hace unos tres años, cuando su padre murió y él tuvo que ir a enterrarlo a su pueblo natal. El arduo viaje por las carreteras, montado en un triciclo, tirando de un ataúd atado con una cuerda, traíale malos recuerdos. No sólo por el calor sofocante, la falta de estaciones donde tomar agua o hacer las necesidades, el progresivo aumento del olor del cadáver y ese tipo de cosas, si no también -y sobre todo- por las caras. Cada vez que se cruzaba con un grupo de viejos (desdentados con las barbas canas amarillas de tabaco, tomando bebidas de colores en vasos) era lo mismo: “¿De dónde eres forastero?” y después las caras de extrañeza, o de desaprobación, muchas veces risas estrepitosas y ofensivas. La más hiriente de todo fue en una taberna, donde ya no se contuvieron y se mataron de la risa cuando él pidioles su bebida favorita.
No pudo evitarlo. De saberlo hubieralo hecho. Pero no sabía. Era adictivo. La consumía todos los días y después de unas horas de abstinencia no podía evitar sufrir su falta. Comenzaba a temblar, creía verla por todos lados, sudaba frío, pasaba por la angustia, luego una leve ira y finalmente -luego de un período de depresión- un estado de desesperación que lo llevaba a matar si fuese necesario, con tal de conseguirla.
Tres años después, todo seguía igual en su pueblo. Al levantarse sentía el olor de la leche hervida con avena con que lo esperaban su madre y sus ochenta y dos hermanas. El padre, de estar vivo, ya se hubiese ido al campo a ordeñar hace varias horas.
Luego, salir a la calle y ver indefectiblemente a toda la gente alrededor de ella. Comerciantes transportándola en bidones, niños corriendo tomándola o llevándola en bolsitas transparentes. La plaza del pueblo y su fuente rebosando del líquido blanco -donde a veces se ahogaba un pájaro-, mientras insistíase desde el municipio en que allí era de mala calidad, sólo decorativa y no para beber. En las ventanas, humeaba coagulada y procesada desde los pasteles de queso enfriándose y desde los boliches, se oía el ruido de cristal golpeándose, mientras los parroquianos apuraban un fondo blanco y quedaban con todo el bigote como si fueran Papá Noel.
Al doblar la esquina para ir a comprar más botellas vacías para guardar leche, se encontró con Damián. Miráronse a los ojos, conscientes de la conspiración. Cuando sintieron que nadie oíalos, Bernardo sacó de debajo de su gabardina una bolsa de leche y abriéndola con los dientes empezó a tomar del pico, luego se la pasó a Damián.
- Conseguí el mapa.
Necesitaban aparentar dureza, sin embargo, tenían muchas ganas de saltar y reír tomados de las manos.
- ¿Y crees qué?
- Sí –contesto Damián, sin dudas-, tenías razón. Eso que viste en la carretera existe. Se llama alcohol. El tipo que me trae las balas hasta la frontera me lo dijo, me lo aseguró.
Damián torció el gesto virilmente y tomó un largo trago de leche.
- No es blanco. Ni sirve para manteca, ni nata, ni nada. Es de colores. –agregó.
Los ojos de Bernardo mostraron sobreexcitación.
- Entonces, en la carretera…
- No. -Lo cortó Damián- Es aún mejor. Nuestro pueblo es blanco, las nenas saltan en vestidos de tules y todos somos felices y sonreímos en Navidad, porque vivimos en torno a la leche… puaj…
Los dos hicieron una mueca de asco y luego bebieron leche.
- Pero existe un pueblo, un pueblo maravilloso, donde todo es al revés. La gente vive del y para el alcohol… las mujeres cantan canciones obscenas en los bares y los hombres se agarran a puñetazos porque sí todo el tiempo y en Navidad, la gente se mata a tiros porque toman tanto alcohol que no saben ni donde están parados y todos viven gritando y con mal olor…
Bernardo pudo imaginarse un mundo así: levantarse y sentir el olor del alcohol hervido con avena y ver a su madre con el rimel corrido y sus hermanas con medias de red, como en las tabernas y salir a la calle y ver gentes con frascos y bolsas de todos colores adentro y pasteles de alcohol enfriándose en las ventanas y gente que chocaba copas con alcohol y al hacer fondo blanco, quedaba con extrañísimos bigotes rojizos, verdes y de todos los hermosos colores del arco iris.
- Entonces… ¿Hacemos lo planeado? – preguntó ansioso Bernardo.
Antes de contestarle y mirando hacia todos los costados, Damián con un gesto, hizo que ambos corriéranse aún más debajo de la oscuridad de un muro y sacó una cajilla de celofán de dentro de una solapa. Luego, con ansias, sacó de dentro de ella un tubo blanco y encendiolo por un extremo. Este extremo comenzó a humear, mientras por el otro (el que estaba en la boca de Damián), este último aspiraba el humo blanco azulado.
- El humo parece leche. –iba a decir Bernardo, pero no se atrevió.
- Sí. –contestó Damián- Hoy. Hoy mismo. Debemos comenzar el viaje antes de que el calor apriete.
Bernardo comenzó a imaginar su viaje. En su mente ya estaba preparando la ropa de la huída, un vaquero, camisa, chaleco y el sombrero de ala ancha. Salir sin nada más que lo puesto y algo de dinero. Botas con leche para el camino… estaba ansioso. Ni bien pensolo lo largó, no sabía bien por qué, ni para qué.
- ¿Me das una bala?
Damián, con cara de satisfacción sonrió y sacó nuevamente la cajilla de su solapa oculta.
Estiró el brazo y presentole el conjunto de tubitos, haciendo sobresalir uno ante la cara de Bernardo.
Bernardo tomó uno de los tubitos y púsoselo al revés en la boca “¡Del otro lado!”, dijo riendo Damián, luego alcanzole el fuego y ordenole que aspirara.
Mientras el humo comenzaba a flotar frente a la cara de Bernardo, Damián vio apenas una mueca enrojecida y luego comenzó a sentir toser a su amigo.
Damián iba a reírse, pero antes, cortololo una cabeza con ruleros que asomó desde una ventana imprevista:
- ¡Otra vez, mocoso asqueroso! ¡Otra vez con el humo ese! ¡Te denunciaré al sheriff! ¡Yo sabía! –seguía gritando, mientras metía la cabeza por la ventana. Luego volviola a sacarlala , dejarsin gritarde - ¡Los gusanos de la yoka se erizan cuando prendes esas hogueras y la vaca se para media chueca! ¡Esas cosas del diablo!
Damián, menos sorprendido, apagó balala, pero Bernardo tirola, evidenciando aún más que ellos estaban provocando el humo. Damián, rápidamente, comenzó a seguir su camino y sentenció:
- A medianoche en la casa abandonada.
- A media noche en la casa abandonada. –repitió con ansias y un poco de miedo Bernardo, mientras continuaba su camino con la garganta reseca y tosiendo.


Jorge "Pollito" Manco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario